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Polémica

Un giftshop en el cementerio de La Recoleta

El Gobierno porteño había licitado una antigua bóveda del Cementerio de la Recoleta para vender alimentos y bebidas y ofrecer recorridos turísticos nocturnos. La propuesta abrió un debate sobre los nuevos usos de los espacios funerarios.

Cementerio de la Recoleta
Cementerio de la Recoleta | Wikipedia

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires abrió en agosto una licitación para concesionar durante cinco años una bóveda ubicada dentro del Cementerio de la Recoleta.El espacio tiene 24,54 metros cuadrados, está ubicado en la Sección 17, Tablón 201, sepulturas 1 a 12, cerca del acceso de la calle Junín.

El proyecto contemplaba instalar allí un gift shop, un local de venta de alimentos y bebidas y un espacio de apoyo para los visitantes que participaran de recorridos turísticos nocturnos.La concesión establecía un canon base de $1,6 millones mensuales, además de un porcentaje de los ingresos obtenidos por los recorridos nocturnos. El servicio gastronómico estaba planteado como venta al paso: no se contemplaba la instalación de mesas y sillas ni la preparación de alimentos dentro de la bóveda.La iniciativa formaba parte de una estrategia del Gobierno porteño para ampliar la oferta cultural y turística del cementerio, tomando como referencia experiencias de otras ciudades del mundo.

Pero la propuesta generó una pregunta que excede a esta bóveda en particular: ¿hasta dónde puede llegar la actividad comercial dentro de un cementerio?¿Qué pasa cuando una familia deja de pagar una bóveda?

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Según información proporcionada por el Gobierno de la Ciudad, las bóvedas pueden quedar sujetas a un procedimiento de caducidad cuando existe una deuda prolongada y no aparecen sus titulares.La explicación oficial indica que, ante una deuda de al menos 10 años, se notifica previamente a los familiares o titulares registrados.Si nadie se presenta, se inicia un expediente judicial.Luego se publica un edicto, mediante el cual se da un plazo de 20 días para que puedan presentarse titulares o familiares que tengan algún derecho sobre la bóveda.Si nadie se presenta dentro de ese período, según explicó el Gobierno porteño, el cementerio puede disponer de los restos conforme al procedimiento previsto, incluida la cremación.

En el caso de la bóveda de Recoleta, el Gobierno sostuvo que ninguno de los titulares registrados se presentó a regularizar la situación durante 20 años. Según información oficial difundida posteriormente, los 30 propietarios registrados acumulaban una deuda de más de $22 millones por mantenimiento entre 2007 y 2026, a la que se sumaban más de $15,5 millones por trabajos de reparación realizados por la Ciudad. La Ciudad sostiene que durante el procedimiento envió notificaciones y publicó edictos desde 2025 y que nadie se presentó a cancelar la deuda.

CUANDO UNA BÓVEDA CAMBIA DE DESTINO

Una vez completado el procedimiento administrativo, la Ciudad consideró que la bóveda había quedado restituida a su administración y decidió darle un nuevo uso. Ahí aparece la particularidad del caso: no se trataba simplemente de instalar un café dentro de un cementerio, sino de utilizar una construcción funeraria que había sido destinada originalmente a albergar sepulturas.La propuesta convirtió a esa bóveda en el punto de partida de un debate más amplio: qué sucede cuando un espacio creado para la muerte deja de cumplir esa función y pasa a ser considerado también patrimonio arquitectónico y atractivo turístico.

NO ES UN FENÓMENO EXCLUSIVAMENTE ARGENTINO

Existen experiencias similares en cementerios de ciudades como Viena, Dublín, Berlín y Londres. En Berlín, por ejemplo, existen cafés dentro de predios de cementerios y espacios vinculados históricamente con la actividad funeraria. El fenómeno es presentado como una manera de integrar estos lugares a la vida cotidiana, generar espacios comunitarios y modificar la relación tradicional con la muerte.

En Viena, el Cementerio Central también cuenta con servicios gastronómicos y recibe visitantes que llegan no solamente por motivos funerarios sino también por interés histórico y turístico.Estos modelos plantean una concepción diferente del cementerio: además de lugar de entierro, puede ser patrimonio, espacio verde, lugar de memoria y atractivo cultural.La discusión, entonces, no es solamente si puede venderse un café dentro de un cementerio, sino qué significado tiene hoy un cementerio en una sociedad que intenta hablar de la muerte de una manera menos tabú y menos asociada exclusivamente al miedo y al dolor.

Un antecedente mucho más parecido: el Sassoon Mausoleum

En Brighton, Inglaterra, existe un antecedente particularmente llamativo.El Sassoon Mausoleum fue construido en 1892 como mausoleo de la familia Sassoon. Allí fueron enterrados miembros de la familia, entre ellos Sir Albert Sassoon y su hijo Sir Edward.En 1933, cuando la propiedad fue vendida, los restos fueron retirados y trasladados a otro cementerio de Londres. El antiguo mausoleo perdió entonces su función funeraria.Años después tuvo distintos usos y, en 1949, fue adquirido por una cervecería y convertido en un pub. El edificio continuó funcionando posteriormente como bar y espacio para espectáculos.

Es un antecedente especialmente interesante porque no se trata simplemente de un bar ubicado dentro de un cementerio: la propia construcción había sido utilizada como lugar de enterramiento y posteriormente fue reconvertida en un espacio comercial.

El debate: ¿resignificar o banalizar?

El caso de Recoleta enfrenta dos maneras de entender estos espacios.Por un lado, la mirada que considera que los cementerios históricos deben preservarse y que incorporar gastronomía, comercios o actividades nocturnas puede alterar su carácter de lugares de duelo y memoria.

Por otro, una concepción que entiende que los cementerios históricos también son patrimonio cultural y que abrirlos a nuevos usos puede ayudar a mantenerlos, atraer visitantes y quitarle a la muerte parte del carácter de tabú que todavía conserva en muchas sociedades.La discusión no es nueva en otras partes del mundo. Lo novedoso en Recoleta fue llevar ese debate hasta una construcción que originalmente fue concebida como una bóveda funeraria.

La Justicia frenó el proyecto

El proyecto terminó judicializado después de que uno de los herederos de la familia presentara un recurso de amparo cuestionando el procedimiento mediante el cual la Ciudad había declarado la caducidad de la concesión.La Justicia hizo lugar al planteo y ordenó suspender la licitación y abstenerse de avanzar con la explotación comercial de la bóveda.

Ante la medida judicial, el Gobierno porteño finalmente dio de baja la licitación. Por ahora, el proyecto del gift shop, la venta de alimentos y bebidas y los recorridos asociados a esa bóveda quedó suspendido.

LT