jueves 23 de septiembre de 2021
OPINIóN Psicología
02-09-2020 17:20
02-09-2020 17:20

El aislamiento social comenzó antes del coronavirus

El repliegue del hombre de los acontecimientos humanos por excelencia, determina nuestro estado de ánimo de decaimiento generalizado. Las cuestiones humanas que vamos entregando a la tecnología nos empequeñecen nuestra facultad de receptividad.

02-09-2020 17:20

Una noticia del periódico digital del País de España, sin duda algo provocadora, sugería que los androides, ahora, sueñan con producir arte. El anuncio evidencia que el ser humano está dispuesto a entregar lo esencialmente propio: los sueños, el amor, la paternidad y finalmente el arte en manos de la inteligencia artificial.

Como si hubiésemos perdido como especie, el deseo de cuidar lo propiamente humano. El amor es según Baudelaire, por más que lo nieguen, lo más grande de la vida. Es llamativo el acento puesto por el poeta en la negación. El amor es esa cosa llena de terror inquieto. Fastidioso como asunto porque se escapa a lo calculable. A las leyes del mercado. Va a el encuentro de cualquier operación social, amistosa y monetaria. Se obtiene y se regala por un intercambio no definido. Eso existe. Hagan el amor no la guerra. Decían los jóvenes del Mayo del 68. Para los griegos el arte era necesidad absoluta. Eso ya no es así.

 

Trabajar en el telemundo

Este repliegue del hombre de los acontecimientos humanos por excelencia, determina nuestro estado de ánimo de decaimiento generalizado. Las cuestiones humanas que vamos entregando a la tecnología nos empequeñecen nuestra facultad de receptividad. Las generaciones previas a nosotros, estaban convencidas de que nos dejarían un planeta mejor, en parte incluso por los avances tecnológicos, esa ingenuidad que nos precedió, tal vez, también nos transmitió un deseo de mejorar junto con otros y puede ser un indicador de esa referencia inquebrantada entre el mundo y nosotros mismos.

Hoy predomina el sentimiento de incertidumbre sobre lo que vendrá y eso se encuentra en estrecha relación con el retiro del hombre de todo aquello que lo hace humano. Vivir es estar abierto a alguna forma de inclusión del otro. Lo humano se caracteriza por ser capaz de crear. La donabilidad es un acto sin explicación y su efecto es de cohesión. Es algo muy diferente del “sálvese quien pueda”.

Si como especie estamos dispuestos a dejar nuestras decisiones en manos de un mar sin rumbo, será mucho más difícil superar esta o cualquier otra crisis. A los psicoanalistas igual que a los artistas, nos interesa acompañar la vida, la muerte, las esperanzas y los sufrimientos de la gente. Es un don de trabajo.

 

La lógica del miedo en tiempos de pandemia

El hombre es homólogo del arte. Si renunciamos a dejar ser al arte, renunciamos a nosotros mismos. Renunciamos a la decisión que llevan las palabras y sólo así sería posible que la amenaza de Elon Musk atisbe cierta: la desaparición del lenguaje. El psicoanálisis apuesta a la labor artesanal el uno a uno, donde nada hace serie. Al convocar al paciente a discurrir por lo que se le ocurre, el dispositivo analítico resguarda la función poética del lenguaje y sustrae a la lengua de su faz de comunicación predictiva e instrumental para que así, pueda advenir, un otro pensar.

Apostar por la vida del lenguaje es cuidar lo esencial. Y ese cuidado implica mantener abierta la pregunta por aquello que es esencialmente humano y no delegarlo en sitios web, sino poder pensarlo con otros que conserven y atesoren algunos de esos interrogantes. 

 

* Coordinadores de la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino.