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Ciencia en movimiento: el conocimiento que se produce internacionalmente

En un escenario donde el saber se comparte y depende fuertemente de redes globales, ya no hay que temer la fuga de cerebros. Cómo impacta la movilidad científica internacional en los investigadores argentinos.

Graduados universitarios 20250211
Graduados universitarios. | Pixabay

Cada vez más investigadores argentinos realizan doctorados, estancias de investigación o posdoctorados en el exterior. Durante décadas, este fenómeno fue concebido como una herramienta importante para la formación y especialización científica, aunque también podía representar un riesgo de “fuga de cerebros”: la pérdida de profesionales altamente calificados que emigraban en busca de mejores oportunidades laborales y académicas.

Sin embargo, en un escenario global donde la producción de conocimiento depende crecientemente de redes internacionales, esa mirada resulta hoy insuficiente.

La ciencia contemporánea funciona a través de vínculos transnacionales. Universidades, laboratorios y centros de investigación de distintos países colaboran mediante proyectos compartidos, publicaciones conjuntas y redes académicas. En este contexto, la movilidad internacional dejó de ser una excepción para convertirse en una dimensión central del desarrollo científico y tecnológico.

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Diversos estudios sobre internacionalización de la ciencia comenzaron a hablar de “circulación de conocimientos” más que de “fuga de cerebros”. La experiencia internacional permite acceder a infraestructura, financiamiento, bibliografía especializada y contactos profesionales que muchas veces no están disponibles localmente.

Las oportunidades de movilidad y colaboración dependen de fuertes asimetrías económicas, institucionales y geopolíticas"

El problema ya no pasa únicamente por el hecho de que los científicos viajen o trabajen temporalmente en otros países, sino por la capacidad de cada sistema científico para sostener vínculos estables con esos investigadores y aprovechar el conocimiento adquirido.

Sin embargo, la internacionalización de la ciencia está lejos de desarrollarse en condiciones de igualdad. Las oportunidades de movilidad y colaboración dependen de fuertes asimetrías económicas, institucionales y geopolíticas. No todas las disciplinas ni todos los países acceden del mismo modo a las redes globales de producción científica.

En disciplinas experimentales y tecnológicas —como biotecnología, física, ingeniería, energía, minería o ciencias agrarias— la movilidad internacional suele estar asociada al acceso a infraestructura científica de alta complejidad y a centros de investigación de referencia concentrados principalmente en Estados Unidos y Europa.

Por eso, las estancias en el exterior constituyen muchas veces una instancia clave para la formación y el desarrollo de las carreras científicas.

En cambio, en las Ciencias Sociales y Humanidades adquieren mayor relevancia otras formas de cooperación internacional. Junto con los vínculos tradicionales con universidades europeas o norteamericanas, cobran importancia las redes regionales y los circuitos Sur-Sur, organizados alrededor de agendas comunes vinculadas con la desigualdad, el ambiente, la educación, las migraciones y las políticas públicas.

Existe una tensión estructural persistente: la fragilidad de los sistemas científicos de los países del Sur Global"

El análisis de registros curriculares oficiales y plataformas internacionales de publicaciones científicas —realizado en el marco de una investigación doctoral sobre movilidad científica e internacionalización de la educación superior en Argentina—muestra que las formas de inserción internacional de los investigadores argentinos varían significativamente según el área de conocimiento.

También evidencia que muchas de las redes construidas a partir de experiencias de movilidad logran sostenerse durante años mediante proyectos conjuntos, publicaciones compartidas e intercambios institucionales.

Pero detrás de estas dinámicas aparece una tensión estructural persistente: la fragilidad de los sistemas científicos de los países del Sur Global frente a los ciclos económicos y presupuestarios. En muchos casos, las estancias internacionales dejan de responder únicamente a estrategias de intercambio, formación o especialización y pasan a convertirse en mecanismos de continuidad profesional ante escenarios de inestabilidad institucional y reducción del financiamiento científico.

Las dificultades de inserción laboral, el congelamiento de vacantes y la incertidumbre sobre las carreras impactan especialmente sobre las nuevas generaciones de investigadores. Paradójicamente, áreas como las Ciencias Sociales y Humanidades que mostraron un fuerte crecimiento en cantidad de graduados doctorales y producción científica enfrentan luego serios obstáculos para consolidar trayectorias estables.

En este escenario, las redes científicas adquieren un papel central. Tanto los convenios institucionales como las iniciativas impulsadas por los propios becarios e investigadores, permiten sostener investigaciones, acceder a proyectos colaborativos y mantener activa la circulación internacional del conocimiento incluso en contextos adversos.

El principal desafío para las políticas públicas, no consiste en evitar la movilidad de los científicos, sino en construir condiciones institucionales capaces de transformar la circulación internacional del conocimiento en una ventaja estratégica para el país. Esto implica fortalecer los sistemas de promoción científica, mejorar los mecanismos de inserción profesional y consolidar programas de cooperación sostenidos en el tiempo.

La movilidad científica seguirá siendo una característica central de la ciencia contemporánea. El desafío no es frenar ese movimiento, sino construir sistemas científicos lo suficientemente sólidos, previsibles y articulados como para que la circulación internacional del conocimiento se convierta en una oportunidad de fortalecimiento científico y desarrollo local, y no en un camino sin retorno.

*Docente e investigadora de Gestión, Planificación y Evaluación CTI, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Belgrano