miércoles 01 de febrero de 2023
OPINIóN Modas

Coherencia de la incoherencia

26-11-2022 05:08

Grandes obras de arte del mundo estaban en la mira. No por su belleza, sino para ser violentadas, en señal de protesta.

La salsa de tomate fue el “arma” arrojada contra Los Girasoles de Van Gogh por dos jóvenes –activistas climáticos– en la National Gallery de Londres. Ya antes, otros militantes de la agrupación “Just Stop Oil” habían atacado otra pintura de Van Gogh (Pescadores en primavera) y, anteriormente fue La carreta de heno de John Constable.

 Les Meules (Las piedras de molino) de Monet también fue agredida hace poco con puré de papas, en el Museo Barberini de Potsdam, Alemania. Esa vez, los ambientalistas eran del grupo “Lezte Generation”.

La próxima embestida, ¿será con una lata de sopa Campbell, en Nueva York, como tributo a Andy Warhol y como variación del menú ideado por la rebeldía ambientalista?

Ante la indignación mundial, los jóvenes británicos preguntaron qué valía más: una obra de arte o nuestro planeta. ¿Cuál es la lógica de este interrogante? ¿Por qué elegir uno en detrimento del otro? ¿No podemos cuidar de ambos?

Usar una forma de agresión para impedir otra forma de agresión, ¿no es de una incoherencia absoluta?

Estamos viviendo a diario incoherencias que parecen coherentes. Viajando en colectivo, me puse a observar a los pasajeros. Los jóvenes, casi todos, lucen tatuajes en brazos, manos, piernas, cuellos y hasta en las caras. Muchos mayores, también. Conté sólo dos personas no tatuadas esa vez. Conmigo, tres. Y con piercing, un montón.

Y pensé: seguramente, entre todos estos exhibicionistas del tatoo y del piercing habrá unos cuantos ambientalistas. Ahora, con esa moda tribal ¿no atentan contra su propia naturaleza? El tatuaje se hace con agujas, inyectando tintas en la dermis. Duele. Puede haber sangrado porque se rasgan nervios  y la larga molestia posterior es inevitable. Si no cicatrizan bien, se infectan. Con el piercing, lo mismo. Son implantes en base a perforaciones debajo de la piel que se cierran con adornos metálicos. Los hay en orejas, labios, lengua, nariz, cejas;  en el ombligo y otros sitios. Como el tatuaje, es doloroso y riesgoso. Pero nada lo detiene, al contrario, está proliferando. Al volverse tan común, casi ya no llama la atención. Forma parte del paisaje urbano… Capaz que esas mismas personas que se hacen los piercings y/o tatuajes, tienen miedo o se desmayan si se les saca sangre para un análisis o si tienen que ir al dentista. Coherencia de la incoherencia.

No hay que hacerle daño al planeta, pero a uno mismo y a su cuerpo, ¿sí?  Reconozco que algunos tatuajes son lindos, artísticos. Pero la incoherencia está. ¿A qué responde? ¿Para distinguirse del otro, ser alguien, levantar su autoestima?

Me acuerdo de una boutade de Borges cuando se formaban largas filas en la Librería La Ciudad (de la Galería del Este) en los años 60, para que él les firmara sus libros. Borges decía: “En el futuro van a valer mucho más los libros no firmados por mí, que los firmados”.

Esto viene a  cuento porque los no tatuados parecemos hoy una minoría (como los libros sin firmar de Borges). Hay una moda que ya es masiva. Tanto, que a mí me resulta difícil diferenciar a un tatuado/a de otro/a, casi todos están llenos de “ilustraciones”, “tapados”, “decorados” con esos dibujos que cosifican más. Eso sí: los delincuentes son identificados por sus tatuajes.

Las incoherencias presentadas como coherentes están en lo micro y en lo macro, en todos los ámbitos: el de los políticos, en sus discursos y acciones; de los dispuestos a matar a un hincha de fútbol rival, olvidándose que se trata de un juego; de los que están en el poder y hablan como si estuviesen en la oposición; de los dictadores que pregonan la democracia; de las guerras que se hacen en nombre de la paz.

A los jóvenes ambientalistas que defienden el Planeta Tierra (algo muy loable), pero que atacan las obras de arte –tesoro de la humanidad– les diría una sola cosa: “No pretendas apagar con fuego un incendio” (Proverbio chino).

 

*Escritora y columnista. Autora de Estrellas voladoras.

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