OPINIóN
DE LA PROVOCACIÓN AL ABUSO DE PODER

Cuando violentar las formas abre la puerta al autoritarismo

Tras una jornada de furia en redes con más de 300 ataques a la prensa y un disparatado pedido de castigo legal de Luis Caputo, el presidente evidencia un creciente descontrol. La disputa por la interpretación de los datos y el peligro de un método que la historia enseña cómo termina.

Javier Milei
Javier Milei | CEDOC

El presidente Javier Milei suele pedirle a su tropa que no se deje "psicopatear". Sin embargo, basta repasar su actividad pública para advertir que es él quien se encuentra profundamente psicopateado e incapaz de desengancharse de la más mínima crítica, dato o comentario que no le resulte conveniente.

Estamos en un momento donde la noción misma de "dato" atraviesa una profunda discusión. En el marco de un verdadero terremoto económico, los indicadores en la Argentina suelen ser ambiguos y confusos: depende de la perspectiva, el sector productivo o la región geográfica, hay quienes señalan que la pasan pésimo y otros que aseguran estar en su mejor momento. La actividad, el consumo y los niveles de mora están sujetos al debate público propio de una sociedad apasionada y libre.

El problema radica en que este Gobierno sencillamente no tolera el debate. Ayer asistimos a una jornada donde el jefe de Estado descargó una catarata de insultos —más de 300 mensajes y reposteos— contra el periodismo y diversos medios de comunicación. Calificativos como "mierdas humanas", "soretes" o "imbéciles" dirigidos a profesionales de La Nación, Clarín, Perfil, Infobae, TN o C5N no son exabruptos aislados: representan una violencia verbal sistematizada.

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Se empieza violentando las formas y se termina violentando los derechos. La historia no siempre se repite, pero rima.

Esta escalada alcanzó un nivel institucional insólito cuando el ministro de Economía, Luis Caputo —un hombre a quien conozco y que solía parecer civilizado—, sugirió que «no es razonable que alguien escriba cosas sin sustento y no tenga consecuencias», impulsando la idea de sancionar o judicializar la opinión periodística. El propio Presidente respaldó el disparate asegurando que «la Justicia debería actuar».

Paralelamente, el cineasta oficial Santiago Oría llegó a postular que "las formas son el lenguaje de los mediocres", una premisa absurda que justifica el agravio constante como método y que, según trascendió, se imparte formalmente en cursos de comunicación gubernamental.

Los riesgos del proceso autoritario. Ataque sistemático al periodismo: Búsqueda deliberada de deslegitimar la labor de la prensa profesional señalando nombres propios. Intento de criminalización del disenso: Desconocimiento directo de la Constitución Nacional, que consagra la libertad de expresión sin censura previa. Inestabilidad emocional desde el poder: Cuadros de histeria y pérdida de control que transmiten nerviosismo ante temas opacos como el caso Fernando Cerimedo o el submundo digital de la gestión.

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No estamos ante una mera discusión sobre modales o educación. Como ha demostrado la historia política contemporánea, los procesos de radicalización autocrática que empiezan persiguiendo verbalmente al que piensa distinto, invariablemente terminan mal. Se empieza violentando las formas y se acaba violentando los derechos.

Es posible que a ciertos sectores del poder económico o empresarial este clima les resulte intrascendente, habituados como están a operar en geografías con democracias débiles. Pero para la salud institucional del país, este nivel de enajenación e intolerancia estatal representa un antecedente sumamente peligroso.

MEG