El 13 de octubre los psicólogos celebramos nuestro día recordando que, 52 años atrás, muchos colegas se reunieron para reivindicar el lugar de la psicología. Ese acto inaugural vuelve a tener sentido en momentos en que la inteligencia artificial asume funciones de acompañamiento emocional. Muchas son las personas que recurren a los chatbots para encontrar calma. Frente a este escenario pienso que es responsabilidad de los psicólogos custodiar lo humano. En la actualidad, los chatbots se usan como consejeros emocionales siempre disponibles. Listos para complacer al usuario, utilizan el lenguaje humano en un tono que parece enlatado. La empatía simulada se sostiene por un diseño antropomorfizado que facilita el engaño. Su complacencia genera satisfacción porque activa los centros de placer del cerebro y, al mismo tiempo, elimina la tensión que toda conversación humana conlleva. Esa misma agradabilidad es la que no ha emitido alertas en los casos de suicidio de adolescentes.
La comunicación, la sociabilización y los afectos son las dimensiones intervenidas por la IA que nos convocan como psicólogos. Sherry Turkle, psicóloga del MIT, dice que “la simulación de emociones no hace que las máquina sean más humanas, pero desafía lo que consideramos que hace a las personas especiales. Nuestra identidad humana es algo que necesitamos reclamar para nosotros mismos”. En este sentido, coincidiendo con el Papa León XIV, pienso que parte de la identidad del psicólogo hoy es velar por mantenernos humanos en épocas de deshumanización.
Se escucha decir que la IA reemplazará al psicólogo clínico pero no se remarca la especificidad de su quehacer. Nuestro rol no es dar respuestas predeterminadas. Tampoco brindar información ni consejos, aunque podamos darlos. No somos complacientes porque no se trata de agradar sino de develar aspectos que permanecen ocultos y son dolorosos. El diálogo compartido los ilumina generando un profundo cambio subjetivo. Nuestro trabajo no es estar disponible las 24 horas porque sabemos que la frustración es parte del desarrollo psíquico saludable. Tampoco es replicable ni sistematizable; es un servicio hecho a la medida de cada paciente. Una sesión terapéutica es ante todo un encuentro entre dos personas que configura una experiencia plena de sentido.
La IA promete suplir una falta constitutiva del ser, ofreciendo un exoesqueleto que completa su esencia deficitaria. Amodei, director ejecutivo de Anthropic, dice que “las enfermedades mentales(…)se pueden tratar de manera efectiva interviniendo tecnológicamente en el sistema, subsanando los errores de la red neuronal”. Somos mucho más que un cerebro.
Personalmente entiendo que donde la IA ve la vulnerabilidad, yo encuentro la fortaleza de ser humano. El malestar psíquico no es un error neuronal sino que puede transformarse en crecimiento personal. Es precisamente en esa falta donde radica la esencia de la humanidad. Permanecer humanos es responsabilidad de todos pero custodiarlo es el desafío que hoy tenemos como psicólogos. Velar por la dimensión afectiva que contempla el amor, el dolor, la compasión, la esperanza y también la pérdida. Ser defensores de la importancia de los lazos de amor, del lenguaje como hacedor de sentido y cultura y de la responsabilidad ética de un sujeto constituido a partir del propio desconocimiento. La psicología ha acompañado muchos movimiento contraculturales. Hoy celebro el día de todos los psicólogos y psicólogas que, en épocas de resonancias transhumanistas, custodiamos lo humano.
*Doctora en Psicología. Psicoanalista. Profesora en la carrera de Psicología de la UCA y coordinadora de la diplomatura en Psicoterapia Psicodinámica (UCA).