Trump vuelve una y otra vez a poner su mirada en Cuba. De la mano de Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y actualmente su Secretario de Estado, EE.UU. sostiene las sanciones económicas hacia la isla caribeña.
Rubio ha expresado que la meta de la Casa Blanca es “un cambio de régimen en la Isla”. Tras la invasión de EE.UU. a Venezuela y captura de Nicolás Maduro, Cuba perdió gran parte de su fuente de energía. Sin concluir la guerra contra Irán -más allá de las declaraciones de Trump- y tras la operación de EE.UU. en Venezuela, la Casa Blanca ha puesto sus ojos otra vez en la isla. Sin energía, con cortes de luz que a veces duran días, sin aliados claves que se la suministren, Trump espera una explosión social. Por otra parte, el republicano ha decidido sancionar a cualquier país que comercie petróleo con Cuba. Los argumentos esgrimidos por Trump, han sido que la isla caribeña se “ha alineado con actores internacionales peligrosos como Hamas y Hezbollah”. El riesgo de sanciones a países aliados a Cuba, desalentando cualquier intento de ayuda y con el fin de asfixiar al gobierno de Miguel Díaz-Canel, solo tiene un punto fijo en la mira: impactar de lleno en el espíritu la sociedad cubana de la isla.
El termino de “Seguridad Nacional” ha sido una carta esgrimida por EE.UU. necesaria para invocar la “Ley de Poderes de Económicos de Emergencia Internacional” (IEEPA) de 1977. La energía no sólo es clave en la producción, sino que ante su escasez suben los precios de la economía, disparando inflación. Tampoco hay vuelos hacia la isla tras la escasez de petróleo, dañando a otro servicio clave para la economía de la isla como el turismo. El mismo turismo que resulta una fuente de dólares claves para Cuba. Moneda preciada por la economía caribeña desde hace ya años, a pesar de su discurso confrontativo contra EE.UU.. Lo mismo sucedía en Venezuela desde tiempos de Hugo Chávez.
Es importante detenerse en este aspecto. Ya que una cosa es la narrativa política y otra, muy diferente, es la economía. Un manotazo de ahogado y la crisis de la OMC (Organización Mundial del Comercio). Cuba ha elevado una queja a la OMC ante su Consejo General, por las sanciones económicas de Trump hacia la isla. La violación es con respecto al Derecho Internacional. Sin embargo, el articulo XXI del GATT y apartado b) destaca la posibilidad de “adoptar medidas que estimen necesarias para la protección de los intereses esenciales de su seguridad”. ¿Cómo definir “Seguridad”?. Aquí la combinación de términos jurídicos laxos y el poder de la potencia del continente Americano se combinan. No sólo eso, Trump (en el 2019) “congela” el nombramiento de jueces del Órgano de
Apelación (de la OMC) por parte de EE.UU. La parálisis de dicho nombramiento en este organismo, que es la última instancia de resolución de conflictos comerciales en OMC pone en jaque la regulación del comercio internacional.
Las acusaciones por parte de Trump, de que la OMC ha favorecido a otros países como China que ya son desarrollados, han generado tensiones entre los socios comerciales de dicha Organización.
La cláusula de “la nación más favorecida”. Esa norma establece que las ventajas económicas que otorga un país a otro sean sin discriminar. Sin embargo, la guerra comercial desatada entre EE.UU. y China, ha puesto en tensión dicha clausula. Las tarifas mutuas, reciprocas entre la hegemon del continente de América y el gigante asiático han “herido” gravemente a dicha clausula. ¿Puede haber estabilidad política sin estabilidad económica a nivel internacional? O mejor dicho, ante la inestabilidad política internacional ¿cómo afectará un empeoramiento de las reglas del comercio internacional?. Si antes, con reglas más claras y organismos económicos más “susceptibles” de dar respuestas a demandas internacionales, había aún desigualdades económicas entre potencias y países periféricos ¿cómo impactará de lleno la guerra comercial en relaciones asimétricas entre potencias y países más pobres?
Una de las posibles y pocas esperanzas que pueda tener la isla de Cuba, es la de esperar ayuda comercial de China o Rusia. Es decir, potencias económico-militares. Susan Strange, académica de Relaciones Internacionales y del campo de la Economía Política Internacional, desarrolló su concepto de “poder estructural”. Este poder implica “dar forma y determinar las estructuras de la economía política global” “mediante producción, finanzas, seguridad y conocimiento”. EE.UU. posee poder estructural, disputado ahora por potencias cómo China y Rusia.
Pero no hay amigos en política sino aliados. Habrá que ver qué puede dar a cambio o cuál es la ventaja que puede brindar dicha ayuda.