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OPINIóN /
jueves 21 marzo, 2019

Cómo se reconstruye la política después de la antipolítica

¿Cristina sí o Cristina no? ¿Se lanzará Lavagna? ¿Macri o Vidal? ¿Lousteau en la interna? ¿Tinelli candidato? Se supone que la democracia es un sistema diseñado para que la gente decida, pero en la democracia argentina son los políticos los que juegan a ver si se deciden o no.

por Eduardo Reina

Roberto Lavagna Y Miguel Angel Pichetto Foto: Revista noticias
jueves 21 marzo, 2019

Kamala Harris podría convertirse en la próxima presidenta de Estados Unidos. Aunque todavía no es muy conocida fuera de su país, esta senadora de 54 años, abogada, hija de inmigrantes y progresista, fue una de las primeras demócratas en lanzar su precandidatura para las elecciones de 2020. Muchos la ven como la antinomia de la era Trump, y de acuerdo a los sondeos (y a los sitios de apuestas) tiene muchas chances de quedarse con la nominación.

Harris no es la única demócrata que ya está en carrera: hay un total de 13 candidatos, entre ellos el veterano Bernie Sanders, y un joven senador texano, Beto O’Rourke, a quien habrá que prestarle atención. Joe Biden, el ex vice de Obama, todavía no se atreve a lanzarse, aunque hace rato es favorito en los sondeos.

Demócratas hay para todos los gustos, cuando todavía faltan 20 meses para que se celebre la próxima elección. Un escenario, sin dudas, muy distinto del que vivimos en Argentina: a 3 meses para el cierre de las listas, todavía no estamos seguros de quiénes serán los candidatos. Lejos de eso, parece que muchos repetirán el papelón de esperar hasta último momento para no mostrarles las cartas a sus rivales.

¿Cristina sí o Cristina no? ¿Se lanzará Lavagna? ¿Macri o Vidal? ¿Lousteau en la interna? ¿Tinelli candidato? Se supone que la democracia es un sistema diseñado para que la gente decida, pero en la democracia argentina son los políticos los que juegan durante meses a ver si se deciden o no.

La política se maneja hace rato en el plano de los potenciales. En diciembre apareció Lavagna, propulsado por Duhalde, o según él mismo por Berensztein, y los líderes de opinión no tardaron en recoger el guante. Todavía no sabemos si va a ser precandidato, pero ya discutimos si las sandalias con medias son cool o grasa. Rápidamente, Lavagna se ha ubicado en el escenario político, logrando que el presidente Macri le diera entidad y lo pusiera en el podio junto a Cristina. ¿Será porque está eligiendo el candidato por si Cristina no se presenta ? ¿O lo querrá inflar precisamente para tener la tercera posición controlada, algo que por una cuestión generacional y de futuro no lo puede hacer ni con Massa ni Urtubey?

Según la anécdota que escuché en la city, en algún momento gente vinculada con el poder se preguntó: “¿y si tanto ayudamos a instalar a Lavagna y nos gana?”. Alguien respondió “si perdemos es porque hicimos las cosas mal”, y sugirió que quizás habría una diferencia entre que ganara Cristina o que ganara Lavagna. En un caso se podría transitar por la calle sin persecución ni gritos; en el otro, el único camino de salida sería Ezeiza.

Para Lavagna, entretanto, el encuentro de esta semana con Juan Schiaretti ha puesto las cosas en su lugar: “queres jugar con nosotros ponete en la cola; el que gana conduce y el resto acompaña”. Esto no le gustó al ex ministro ni a Duhalde, porque la opinión de Schiaretti pesa enormemente dentro del peronismo Federal  y entre los gobernadores. Mientras tanto, El radicalismo se debate en su eterno debate interno. Como diría un amigo, siguen contando monedas de un peso cuando deberían estar pensando en administrar billetes.

De paso, aparece Tinelli, y se convierte en un asunto de interés nacional saber qué pasa por su cabeza. Nadie sabe cuáles son sus ideas, ni para qué equipo jugaría; lo único que importa es averiguar si se lanza o no. Igual que cuando llegaba mayo y todavía no se sabía si Showmatch iba a empezar o no. En este clima de constante incertidumbre, es muy difícil reconstruir el pacto de confianza entre la sociedad y la política. Y la culpa no es de la gente. Esta vez la culpa es del chancho.

Está claro que la reconstrucción debe empezar desde abajo hacia arriba. En EEUU, si el Partido Demócrata sobrevivió a la antipolítica que parecía haberse instalado con el desembarco de Trump, fue precisamente volviendo a los grassroots, el activismo de base en las pequeñas comunidades. La sociedad y los activistas construyen una agenda, y los partidos políticos proveen la estructura que permite materializarla en candidatos. En Argentina, donde los partidos políticos viven una crisis perpetua, y particularmente pronunciada después de 2001, las cosas ocurren más o menos al revés. Solo apuntan al acto electoral y no son capaces de construir.

La sociedad, en lugar de ser protagonista, es espectadora de la política. Los candidatos se inventan en laboratorio, en oficinas y en sondeos, y después se los lanza a los medios. Como para “ver qué onda”. Y los partidos se arman alrededor de esos candidatos de probeta. La idea, como dice el axioma de la publicidad, es vendernos algo que no necesitamos realmente. La candidatura de Tinelli no estaría fuera de lugar en una política que cada vez se parece más al rating.


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