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El G20 apuesta a una agenda más amplia

La excanciller del presidente Mauricio Macri y su columna de opinión sobre la cumbre de presidentes publicada en el Buenos Aires Time.

Susana Malcorra
Susana Malcorra | Marcelo Escayola

Está a punto de iniciarse el hito más visible del G20 de Argentina: la Cumbre que trae a los líderes que representan el 85% del PBI del mundo. Esto sucede después de un proceso que se iniciara en diciembre del año pasado, cuando Argentina se transformó en anfitriona del Grupo para el año 2018.

Terminada la Cumbre, será Japón quien reciba la responsabilidad que le traspasará nuestro país. Esto significa, entre otras cosas, que el Presidente Macri es miembro de la “Troika” que coordina el G20 en el período 2017-2019, lo que facilita la transición y transferencia de experiencias entre los distintos países sede.  Durante el año 2018, esta Troika estuvo integrada por Alemania y Japón, antecesor y sucesor de Argentina en este movimiento continuo. Esto posibilita que nuestro país tenga un rol privilegiado en la mesa de negociación. Toda una responsabilidad.

El G20 es un mecanismo de consulta y cooperación entre los países industrializados y algunas de las economías emergentes para discutir temas de interés estratégico así como, en algunas ocasiones, dirimir situaciones criticas con extrema urgencia, como fue en la crisis del 2008.  Fue en este foro que se coordinó globalmente las acciones para morigerar el efecto de la crisis. A partir de ese momento, el G20 se elevó políticamente a nivel de Jefes de Estado y Jefes de Gobierno, reemplazando el modelo de coordinación ministerial en temas exclusivamente económico-financieros.

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Los críticos del Grupo afirman que no tiene la representatividad e inclusión de las Naciones Unidas, adonde hay 193 países miembros con voto. Esto es así. Por ello es que, además de los miembros plenos, se invita a países que representan las distintas geografías para ampliar la participación y obtener una visión más granular del mundo. No sólo están los grandes jugadores, como EE.UU., China, Rusia o la Unión Europea, sino que Argentina ha invitado a Chile, los Países Bajos, España, Jamaica, Singapur, Senegal y Ruanda, con el objetivo de incorporar diversidad. En una palabra, no es un Grupo que representa exclusivamente a las economías occidentales industrializadas, sino que tiene una amplia participación en cuanto a porcentaje del PBI mundial, con grados de desarrollo muy diversos.

También hay que resaltar que no es un evento puntual en el que se reúnen los líderes. Es un arduo proceso de trabajo continuo, de discusión y aproximación entre las visiones que tienen los países integrantes y los invitados sobre los temas de agenda que propone el país anfitrión así como el seguimiento de las cuestiones pendientes de anteriores períodos. Si bien es cierto que los acuerdos sellados no generan un compromiso legal, la historia muestra que los mismos han tenido un alto grado de adhesión e implementación por parte de todos los signatarios.

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En su Presidencia, Argentina ha planteado una agenda constructiva, en un momento de fuertes confrontaciones de visiones respecto del mundo.  Se ha definido como ejes de interés: el futuro del trabajo, la infraestructura para el desarrollo y un futuro alimentario sostenible, con la transversalidad de la perspectiva de género. Y, por primera vez, se incluyó la Educación como Grupo de Trabajo. Todas estas cuestiones son de alta prioridad para nuestro país y, al mismo tiempo, de interés compartido entre las economías industrializadas y las emergentes. De lograrse acuerdos mínimos se abren posibilidades de avance con un potencial de alto impacto para los ciudadanos del mundo que están representados en los temas de agenda seleccionados.

El esfuerzo realizado durante este año por el equipo de trabajo argentino ha sido significativo. Hay que reconocer que no sólo se discute sobre políticas económico-financieras, sino que se busca integrar una agenda amplia que habilite un visión más armónica del mundo. Para que esto sea así se han incorporado mesas de trabajo alrededor de decisiones adoptadas en el marco de las Naciones Unidas, como la Agenda 2030 del Desarrollo Sostenible o el Cambio Climático. Esto ha ampliado la temática en discusión pero, en el contexto actual, ha hecho más difícil llegar a convergencias debido al rechazo hacia los Sistemas Multilaterales de algunos países.

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Ha habido 84 reuniones de trabajo durante el año y se han llevado a cabo en distintas ciudades del país para dar un sentido más federal al proceso que representa el G20.

Fruto de este empeño, surgirá la Declaración de Buenos Aires que debe sellar los acuerdos suscriptos por los líderes. Hay que admitir que el éxito final de un acuerdo ambicioso se presenta como esquivo en la realidad actual. No obstante, el haber mostrado a nuestro país con sus atractivos, sus capacidades de organización y de logística, así como el liderar en la búsqueda de convergencias, son un gran logro político y diplomático que debemos destacar.

Este trabajo puede parecer ajeno a las urgencias de los argentinos inmersos en el corto plazo. Me permito disentir. Los temas de agenda elegidos son aquellos que pueden y deben cambiar nuestra realidad así como la realidad del mundo en su totalidad. Ser capaces de reconocer la profunda interdependencia que hay entre lo local y lo global es un pre-requisito para encontrar mejores respuestas a nuestras asignaturas pendientes, resaltando la importancia que conlleva el participar e influir en foros que, como el del G20, fijan tendencia y dan forma a políticas globales que condicionan la construcción de un futuro mejor para todos.

La columna fue publicada originalmente en el Buenos Aires Times