jueves 07 de julio de 2022
OPINIóN Estados Unidos

El miedo a una sociedad marrón y negra

El reciente ataque de un supremacista blanco revela los temores de sectores de la población blanca que creen en una conspiración que quiere instalar votantes “de color” para transformar al país. Es la famosa teoría del “Gran Reemplazo”.

22-05-2022 02:40

En uno de esos lugares comunes que terminaron siendo más inoxidables que sus orígenes (en este caso la canción “Sinceramente tuyo”), el compositor español Joan Manuel Serrat decía que “nunca es triste la verdad / lo que no tiene es remedio”. Y, muchos años antes, aquí en Argentina, Juan Domingo Perón nos aseguraba que “la única verdad es la realidad”. (La frase, claro, se remonta hasta Aristóteles, pero queda mucho más lindo atribuirla al general).

Viendo los titulares de los diarios y los análisis de los expertos en los últimos días, es bastante seguro afirmar que los estadounidenses están necesitando una buena dosis de Serrat y de Perón. Porque es evidente que muchos de ellos no pueden procesar la verdad, en particular esa que dice que, en algunas décadas, los blancos ya no serán la mayoría étnica en el país.

Uno de esos intolerantes a la verdad copó los noticieros norteamericanos el 14 de mayo último. Ese día, Payton Gendron, un joven de apenas 18 años, mató a diez personas y lastimó a otras tres en un supermercado de una cadena regional (Tops Friendly Markets) en Buffalo, la segunda ciudad más grande del estado de Nueva York.

De las trece víctimas, once eran personas de raza negra.

Y no fue una casualidad: antes de ponerse un chaleco antibalas y un casco militar, tomar su rifle Bushmaster XM-15 modificado (que llevaba grabada la palabra “nigger”, el peor insulto, por ser altísimamente despectivo, para un afroamericano en Estados Unidos) y activar la cámara que montó en su cabeza para transmitir en vivo por la plataforma online Twitch, Payton escribió un manifiesto de tono supremacista blanco donde desgranó algunos argumentos de la teoría del Great Replacement (El gran reemplazo o La gran sustitución), según la cual los blancos están pasando a ser una minoría étnica no a causa de los vaivenes de la demografia y las tasas de natalidad, sino como consecuencia de un diabólico plan del Partido Demócrata y la izquierda.

Malestar 

Payton, está claro, no es el único extremista que abraza estas teorías. Pero, al mismo tiempo, es una punta de iceberg de un extendido malestar entre un segmento demasiado grande de los blancos estadounidenses.

Acostumbrados a siglos de privilegios, que en parte continúan hasta hoy, los blancos se están enfrentado a los fríos números de las estadísticas.

Ya en un reporte del 2018, el Brookings Institution, uno de los más respetados “think tanks” de la ciudad de Washington, comentaba los entonces datos recientes del censo nacional y apuntaba que lo que hacían esos números era “confirmar la importancia de las minorías raciales como el principal motor demográfico del crecimiento futuro de la nación, contrarrestando una población blanca que envejece, crece lentamente y pronto disminuirá”.

Para explicarlo más claro, agregaba que aquellas estadísticas proyectaban que el país pasará a ser de “minoría blanca” en el 2045. Hacia ese año, precisaba el análisis, “los blancos constituirán el 49,7 por ciento de la población en contraste con el 24,6 por ciento de los hispanos, el 13,1 por ciento de los negros, el 7,9 por ciento de los asiáticos” y un 3,8 por ciento de “poblaciones multirraciales”.

Entrevistada por PERFIL a fines de abril, la filósofa turca estadounidense Seyla Benhabib lo resumía en una sentencia colorida: el gran país del norte, describió, “va a ser lentamente una sociedad negra y marrón en veinte años más o menos”.

En 2021 los blancos, sin contar los hispanos que se consideran como tales, eran 76,3%

En las últimas estimaciones disponibles en su website, la Oficina del Censo de Estados Unidos reporta que, a julio del 2021, los blancos -en general- representaban el 76,3 por ciento de una población de casi 332 millones de personas. Tomando a los blancos de manera más “exclusiva”, restando a los hispanos que se consideran de esa raza, el porcentaje bajaba al 60,1 por ciento.

Luego seguían los hispanos, la minoría de crecimiento más dinámico en el país, con el 18,5 por ciento, los afroamericanos, con un 13,4 por ciento y, más lejos, los asiáticos, con el 5,9 por ciento de la población.

Contrastes

En el medio de esta cambiante mezcla, ciertos blancos toman las cosas de la mejor manera, incluso abrazando e impulsando la diversidad étnica. Algunos apoyan activamente a las minorías, al menos en la superficie, mientras se aferran a sus últimos privilegios, mientras que otros refunfuñan de manera inofensiva frente al televisor mirando Fox News. Y, en los bordes, están los Peytons de este mundo, que hacen de manera espectacular lo mismo que algunos de sus antepasados hacían -con otras herramientas, como las sogas- en el pasado: linchar negros.

Por ejemplo, el martes último, al visitar el lugar de la masacre, en Buffalo, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, condenó el hecho de manera muy firme, llegando a afirmar que el supremacismo blanco es “un veneno corriendo por nuestro cuerpo político” y señalando al joven Gendron como “parte de una minoría de odiadores”.

Biden es, justamente, uno de esos “blanquitos buenos”: no va a revolucionar la economía del país para que los afroamericanos puedan de una vez por todas dar un paso adelante y dejar atrás siglos de miseria que los marcan hasta ahora, pero el 13 de mayo (un día antes de la matanza de Buffalo) puso de vocera de la Casa Blanca a Karine Jean-Pierre, que no solamente es negra sino también inmigrante y lesbiana.

El nombramiento de Jean-Pierre -nacida en Fort-de-France, la capital de Martinica y quien, hay que decirlo, es más urticante y peleadora que su predecesora, la también “blanquita” (y pelirroja) Jan Psaki- resultó ser, justo a tiempo, un interesante test para la sociedad estadounidense y el crecimiento en su seno de la teoría del Gran reemplazo.

Al comentar su designación, el New York Post, un diario de derechas pero en general simpático, recordó a sus lectores que la nueva portavoz de Biden “tiene un historial frecuente” de señalar cosas como “racistas”.

“El Post analizó los tweets de Jean-Pierre entre los años 2015 y 2020 y encontró 57 casos asombrosos en los que acusó a personas, políticas, ideas o palabras de ser ‘racistas’, indicó el reporte del tabloide neoyorquino.

En particular, continuó el informe, la vocera -que viene de trabajar en la organización progresista (como llaman en Estados Unidos a la izquierda moderada) MoveOn y en la campaña electoral de la fórmula Biden-Kamala Harris- se ensañó con Donald Trump durante su estadía en la Casa Blanca (enero 2017/enero 2021).

“Si camina como un racista, habla como un racista y actúa como un racista, es un racista. Y tenemos un presidente racista en la Casa Blanca que realmente promueve su racismo como un pavo real”, citó el Post recordando una aparición de Jean-Pierre del 2028 en un programa de MSNBC, la cadena “anti-Fox”.

Fox

Más complicada fue la reacción de la cadena fundada por Rupert Murdoch. Allí trabaja quien es posiblemente la estrella más brillante de la derecha norteamericana (no en el extremo explícito de los supremacistas blancos, pero lo suficientemente recalcitrante para tocarse los codos con ellos), el presentador Tucker Carlson.

“Jean-Pierre es nuestra primera secretaria de prensa LGBTQ de la Casa Blanca y eso es todo lo que necesita saber”, dijo Carlson a los seguidores de su programa. Pero abundó opinando que “por eso consiguió el trabajo, ella está en el grupo correcto para la administración Biden, que piensa exclusivamente en términos de grupos y nunca en términos de individuos, porque los individuos son desordenados e inconvenientes”.

“El grupo es lo único que importa”, aseveró el “poster boy” de esta derecha estadounidense que hace palidecer al Tea Party y es rechazado por la vieja guardia de, por ejemplo, los Bush y los McCain.

La organización judía estadounidense Anti-Defamation League (ADL), que se declaró “horrorizada” por la matanza de Buffalo (en sus escritos, Gendron también escupió ideas antisemitas), ya viene siguiendo desde hace tiempo a Carlson, en particular, y a la teoría del Great Replacement en general.

Así es que en su website se puede consultar un reporte donde traen a caso unos comentarios del anfitrión del programa “Tucker Carlson Tonight” de abril del 2021, cuando aseguró que los demócratas estaban importando “inmigrantes del tercer mundo” para ganar elecciones en Estados Unidos.

“Sé que la izquierda y todos los pequeños cancerberos de Twitter se ponen literalmente histéricos si usas el término ‘reemplazo’, si sugieres que el Partido Demócrata está tratando de reemplazar al electorado actual (los votantes que ahora votan) con gente nueva, más votantes obedientes del Tercer Mundo, pero se ponen histéricos porque eso es lo que está pasando, en realidad”, dijo Carlson. “Digámoslo. Es verdad”, subrayó.

Afroamericanos

Volviendo a estos días, y en un intento por parecer más sofisticado, Carlson quiso poner a la nueva vocera de la Casa Blanca en medio de un dilema. Jean-Pierre, ironizó, “es perfecta para el puesto”. La encargada de la prensa de Biden -continuó- “no solamente es miembro de la comunidad LGBTQ, sino que también es producto de una escuela privada y una universidad de la Ivy League”, en referencia a la Columbia University.

Incluso con esa educación de lujo, disparó el presentador de Fox News, siempre en tono de burla, la portavoz “está furiosa con Estados Unidos a pesar de sus amplios privilegios y enfurecida por sus sistemas racistas de opresión”.

Jean-Pierre, obviamente, es una mujer de privilegios. Pero no representa en absoluto a la mayoría de la población negra de Estados Unidos. Y es ahí donde los números le caen encima a Tucker y compañía.

En estos mismos días, un informe del Financial Times reveló que “billones de dólares” pasan de largo en Wall Street cuando se trata de invertir en fondos con managers de raza negra o de otras minorías.

“La gente está acostumbrada a pensar en las minorías como expertos en música o atletismo, pero no como administradores de fondos mutuos o banqueros de inversión”, le dijo al diario económico el empresario John Rogers, que es negro y fundador de la firma de capitales Ariel Investments, la primera propiedad de afroamericanos en Estados Unidos.

Financial Times citó además un estudio del 2021 de la Knight Foundation que mostró que, “si bien más del 6 por ciento de los administradores de fondos de Estados Unidos en todas las clases de activos ahora son propiedad de minorías, reciben solamente el 0,7 por ciento de los dólares” de este tipo de inversiones.

Otro estudio económico, citado en este caso por el canal CNBC, relevó que la riqueza media de los afroamericanos “es menos del 15 por ciento de la de las familias blancas en Estados Unidos”. Según la Encuesta de Finanzas del Consumidor del 2019 preparada por la Reserva Federal, las familias blancas tenían en ese momento una riqueza media de 188.200 dólares, contra los apenas 24.100 de las familias negras.

Amenaza

La transformación demográfica en Estados Unidos hacia una sociedad más negra y marrón, dijo Benhabib en su charla con PERFIL, es “extremadamente amenazante para la élite” del país norteamericano. Es, describió la filósofa, “extremadamente amenazante no sólo para la élite sino que es extremadamente amenazante también para ciertos segmentos de la población que han perdido su fe económica, de seguridad y política en el sistema”.

En todo caso, parecería ser que la mayoría étnica estadounidense tiene algo de “razón” cuando advierte que el país -que ciertamente era de “piel roja” antes de la llegada de los colonos europeos- se está haciendo cada vez más “colorido” y menos blancos.

Y claro que también hay muchísimos blancos desclasados que sufren tanto como los afroamericanos pobres. Pero ¿cómo se justifica la violencia demente de los Paytons Gendron y el discurso abusivo de los Tuckers Carlson en un país donde la riqueza de los negros es una migaja que representa el 15 por ciento de la que gozan los blancos? ¿En un país donde una familia afroamericana promedio “vale” 24.100 dólares y la de sus compatriotas blancos anda por los 188.200?

*Ex corresponsal en Washington y en Israel. Escribe freelance sobre temas de Estados Unidos, Medio Oriente y tendencias.