El presidente Javier Milei ha resuelto embestir nuevamente contra la prensa en un comportamiento que por lo repetitivo ya se vuelve ridículo e hipócrita. En el marco de su viaje a Los Ángeles para exhibir su tesis sobre la muerte de Maquiavelo junto a la moral como política, el mandatario escribió una serie de conceptos alarmantes.
Afirmó que los periodistas acusamos censura ante cualquier crítica; comete un error de diagnóstico. Nadie se queja de las críticas razonables o democráticas; el problema es la violencia verbal.
Cuando yo critico al presidente lo más grave que le digo es que tiene ocurrencias, pero jamás se me ocurriría llamarlo basura inmunda o ensobrado. La convivencia democrática exige formas que el presidente ha decidido abandonar.
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Las supuestas consecuencias frente al mito de la torre de marfil
Milei sostiene que reclamar el derecho a decir lo que uno quiera sin consecuencias es un privilegio de casta. Habría que preguntarle a qué consecuencias se refiere exactamente cuando uno ejerce el derecho constitucional de pensar o escribir.
Además, habla de una torre de marfil en la que habríamos vivido durante años. Le recuerdo al presidente que de esa supuesta torre salieron las investigaciones sobre la ruta del dinero K o los cuadernos de Centeno.
Periodistas como Jorge Lanata o Diego Cabot no viven en el aislamiento sino en el riesgo de investigar la corrupción. De hecho Milei es presidente como consecuencia de lo que esos periodistas difundieron sobre la casta que él hoy dice combatir.
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Medios captados ante el magnetismo de las internas oficiales
El presidente denuncia que el sistema de medios no es libre, que muchos se sostienen al servicio de un interés político. Curiosamente parece estar proyectando su propio caso, ya que es muy visible la cantidad de programas o personas que trabajan exclusivamente al servicio de su figura.
Mientras tanto, el desorden interno del gobierno asoma en gestos como el de la vicepresidenta Victoria Villarruel. Ella, hoy desterrada en una suerte de Santa Elena política, le deseó una "cascada de éxitos" a un usuario de la red social X, que le pidió un saludo por su cumpleaños.
La palabra cascada me remite a Moby Dick de Herman Melville donde el agua que cae ejerce un magnetismo brutal sobre las personas.
En este gobierno, mientras algunos buscan esa mística del éxito, otros como Andrés Malamud especulan sobre por qué el presidente no echa a ciertos funcionarios para dejar de cavar en el pozo.
MEG/ff