martes 28 de junio de 2022
OPINIóN 1962, otro verano caliente

La Conferencia de Punta del Este que precipitó la caída de Frondizi

La expulsión de Cuba de la OEA, decidida en la VIII cumbre de cancilleres americanos en el balneario de la costa uruguaya a fines de enero del 62, marcó los rumbos de la política latinoamericana de los años 60. El presidente argentino buscó defender una posición alternativa al alineamiento irrestricto. Pero no tuvo éxito.

30-01-2022 04:48

La VIII Conferencia Consultiva de Cancilleres de la OEA dio comienzo el 22 de enero de 1962 en el balneario uruguayo de Punta del Este. El objetivo de la reunión era tratar la expulsión de Cuba del sistema interamericano y la ruptura de relaciones diplomáticas de los países latinoamericanos con el gobierno de Fidel Castro, que cumplía su tercer año y se había consolidado en el poder tras el fracaso de la invasión en Bahía de Cochinos, en abril del 61. Como en ocasiones anteriores, sería la negativa argentina a secundar la posición estadounidense el desencadenante de movimientos definitorios en la política nacional, la renuncia forzada de altos funcionarios y, finalmente, la caída del gobierno de Arturo Frondizi. Integraban la nutrida delegación argentina, acompañando al canciller Miguel Ángel Cárcano, el subsecretario Oscar Camilión y los embajadores Gabriel del Mazo, Enrique Rivarola, Emilio Donato del Carril, Gastón Prat Gay, Gustavo Figueroa, Carlos Ortiz de Rozas y Hugo Gobbi. En defensa de la posición cubana, interviene solitario su presidente, Osvaldo Dorticós. La posición de los Estados Unidos es representada por el secretario de Estado de la Administración Kennedy, Dean Rusk, favorable a una fórmula común con los países sudamericanos. Pero al igual que en otras ocasiones, la delegación de Washington se compone de un ala moderada, proclive a un compromiso, y otra más dura, que iba detrás de la ruptura lisa y llana. 

Forzado. A juicio de la delegación oficial argentina, se estaban sentando las bases de un mecanismo de intervención colectiva que forzaba el alcance de los acuerdos de seguridad hemisférica. Frente a la experiencia del caso cubano, la estrategia del Departamento de Estado apuntaba a modificar el concepto clásico de agresión extra-continental, previsto por el TIAR, a fin de sancionar la sola existencia de un gobierno de orientación marxista como un “acto de agresión” pasible de sanciones y respuestas por parte del sistema interamericano. La postura dominante entre los jefes militares argentinos acompañaba esta interpretación para enfrentar lo que consideraban “la cabeza de puente comunista establecida en Cuba” y criticaban “la táctica de contradicciones metódicas, deseosas de eludir las definiciones inmediatas y de jugar una última partida dilatoria” que endilgaban a varias cancillerías americanas, entre ellas la del propio gobierno argentino. 

El canciller Cárcano sigue las instrucciones que le envía Frondizi (ver recuadro) y fija la posición oficial en Punta del Este el 25 de enero, pronunciando un alegato sobre la democracia, la libertad y la exaltación de los valores americanistas, al mismo tiempo que con fuerte contenido anticomunista. Condena al régimen cubano aunque defiende los principios de autodeterminación y no intervención. 

Cárcano hace hincapié en la necesidad de preservar la unidad del sistema interamericano y transita en su discurso un andarivel de equidistancia respecto de la confrontación planteada. Señala por un lado que “Argentina considera que un Estado comunista es incompatible con los principios y fundamentos del sistema americano”. Pero apunta, por otro lado, que “los países no deben imponer a otros su sola voluntad; entre nosotros no pueden enfrentarse posiciones irreductibles...”, en implícita alusión a la postura de los EE.UU. Redactor de ese discurso junto al diplomático José María Ruda, Camilión reconocerá en sus Memorias que hubo en esa Conferencia “un desesperado esfuerzo por la búsqueda de una solución de compromiso, que cayó de manera total sobre la Argentina, y específicamente sobre mi persona, dado que fui el encargado de negociarla. (...) Ahí es donde se jugó la suerte del gobierno de Frondizi”. 

Argentina condenó al régimen cubano pero defendió el principio de la autodeterminación y no intervención

De la Octava Reunión de Consulta surgen nueve resoluciones, aprobadas el 31 de enero de 1962. La número VI: “Expulsión del actual gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano”, en la que la Argentina se abstiene, junto con Brasil, México, Chile, Bolivia y Ecuador, es la que concentra la mayor atención y controversia. 

Las dos primeras resoluciones de Punta del Este, aprobadas con la sola oposición de Cuba, inscriben la lucha hemisférica contra la acción de gobiernos, agentes o propaganda comunista en el marco del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, y aconsejan “mantener toda la vigilancia necesaria con el propósito de prevenir cualquier acto de agresión, subversión u otros peligros para la paz y seguridad... resultantes de la continuada intervención de los poderes chino-soviéticos en este hemisferio”; disponen la creación, dentro de la OEA, de un “comité consultivo especial de seguridad contra la acción subversiva del comunismo internacional” y serán invocadas en dicho marco por los acuerdos de asistencia militar que se firmarán luego entre los Estados Unidos y la Argentina.

Reacción. La intensa presión militar y la reacción negativa que produjo entre los altos mandos de las Fuerzas Armadas la posición del gobierno argentino no pudieron ser contrarrestadas por las explicaciones brindadas por el ministro Cárcano. En la misma noche del 31 de enero en que se aprobaban las resoluciones en Punta del Este, los secretarios de Guerra, Marina y Aeronáutica, general Rosendo Fraga, almirante Gastón Clement y brigadier Jorge Rojas Silveira –integrantes del gabinete de Frondizi pero actuando como emisarios de sus respectivas fuerzas, más legalista y contemporizador en el caso de Fraga– entregan sendos memorandos al presidente en los que le exigen “primero, la revisión total de la política internacional... segundo, en un plazo breve, la ruptura de relaciones diplomáticas con el régimen cubano... tercero, la renuncia del ministro de Relaciones Exteriores, doctor Miguel Ángel Cárcano, y de todos los funcionarios que integraron la representación argentina que concurrió a Punta del Este...”. 

Desde los principales diarios, La Prensa, La Nación, La Razón y el Correo de la Tarde, arreciaban las críticas y se hacían eco de los más duros ataques así como del malestar castrense. La Nación editorializa el 2/2 que había resultado “deplorable que la delegación argentina no hubiera sabido comprender su deber y responsabilidad”. Solo Clarín se pronunciaba en favor de la posición del presidente en un editorial del mismo viernes 2 , “El derecho es nuestro escudo contra la fuerza”, firmado por Roberto Noble a página completa, que señala: “El derecho ha librado una dura, una hermosa, una incruenta batalla en Punta del Este (...) de la mano con nuestros principios, con nuestras tradiciones, con nuestra historia (...) hemos alcanzado lo substancial (...) hemos salvado de una ruptura el sistema americano que está presente en la organización, de cuyo seno ha sido excluido el país infeccionado”. 

Frondizi aprovecha, durante esos días febriles, varios actos públicos para intentar una contraofensiva política, aunque más no fuera de carácter testimonial. En un mensaje transmitido a todo el país desde Paraná, el sábado 3 de febrero, con motivo de la iniciación de las obras del túnel subfluvial, defiende con vehemencia la actuación diplomática argentina en Punta del Este. 

Clarín reproduce al día siguiente en su tapa, a toda página, las definiciones centrales con estos títulos: “Frondizi: Argentina defendió el derecho americano en Punta del Este”. “No presidiré jamás un gobierno títere”. “No se puede emplear cualquier expediente para violar la ley internacional, que es la única coraza que nos protege”. “Yo denuncio ante el pueblo: los políticos que no confían en él buscan la quiebra democrática”. “Agitan el fantasma de una supuesta claudicación ante el comunismo, para implantar una dictadura”. “Si peligra la dignidad de la República, moriré en la defensa de esa dignidad”. Y un recuadro más que destaca otra frase del discurso presidencial: “Hay sectores internacionales que conspiran contra el desarrollo económico latinoamericano; son los mismos que combatieron a Roosevelt y se burlan de la concepción idealista del presidente norteamericano Kennedy”. 

Los diarios opositores pedían la renuncia de Frondizi con títulos de catástrofe

La denuncia de una conspiración es explícita: “Estos agentes del caos –dice Frondizi– responden a un comando unificado. Aquí, algunos órganos de opinión argentinos acusan a nuestro gobierno de ser instrumento de la diplomacia brasileña; en Brasil, algunos diarios dicen que su gobierno marcha a la zaga de la diplomacia argentina; en EE.UU. cierta prensa acusa de apaciguamiento a Kennedy (...) No es el pueblo norteamericano el motor de esta conspiración internacional contra el desarrollo y la soberanía de América Latina. Los arquitectos de esta conspiración mundial son ciertos intereses agresivos; los mismos que combatieron a Roosevelt; los que se burlan de la concepción idealista y auténticamente democrática del joven presidente de EE.UU.; los monopolios que denunció Eisenhower. Estos sectores reaccionarios conspiran con sus agentes directos o indirectos en América Latina para alentar la insurrección contra los gobiernos nacionales que luchan por la libertad y la independencia”. 

Ruptura. Finalmente, Frondizi cede a las presiones y acepta la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba en un escueto comunicado, el jueves 8 de febrero. Dos días después, al inaugurar obras públicas patagónicas en Bahía Blanca, el presidente vuelve a denunciar la campaña en su contra, dice que “el comunismo no circula por los oleoductos ni se mezcla con el humo de las fábricas; circula, en cambio, por las rutas del atraso y de la miseria” y acusa de “aliados inconscientes del comunismo” a “los círculos reaccionarios y los intereses que combaten a los gobiernos progresistas del Occidente, que quieren ayudarnos, sin vasallajes inadmisibles que no admitiríamos jamás, para acelerar nuestro desarrollo; esos mismos intereses extranjeros que prefieren enfrentar a una dictadura comunista en el hemisferio con otras dictaduras anticomunistas”. Advierte, al mismo tiempo, que “la quiebra de la legalidad democrática en cualquiera de nuestros países significaría un paso más hacia la disgregación y el colapso de la unidad de América para resistir al comunismo”.

Por esos días, mientras partían los diplomáticos que representaban a Cuba en la Argentina, llegaba a Buenos Aires el nuevo embajador de Estados Unidos, Robert McClintock, quien se mostraría cauteloso respecto de la crisis institucional en ciernes. Las circunstancias adversas para el gobierno de Frondizi se hacían irremontables. Se produce un último cambio de gabinete: Cárcano renuncia y lo sucede por apenas unos días Roberto Etchepareborda. En sus editoriales y comentarios, los principales diarios opositores piden la renuncia del primer mandatario con títulos catastrófe: “Hay que salvar a la Nación” (La Prensa, 25/3), “Crisis en alarmante agravación” (La Prensa, 27/3). El triunfo de partidos y candidatos que respondían al peronismo en las elecciones legislativas y provinciales del 18 de marzo precipita la caída del gobierno. En la mañana del 29 de marzo fuerzas militares condujeron detenido a Frondizi a la isla Martín García.

El principio de no intervención

S.S.G./F.B. 

El presidente argentino parecía dispuesto a librar esa batalla diplomática a fondo en la OEA. Como lo recuerda Albino Gómez, que trabajaba cerca del presidente en esos fragorosos días del verano del 62, Frondizi envió a Cárcano instrucciones precisas escritas, en una carta reservada, que dejaban entrever lo difícil de la pulseada: “A pesar de que no he recibido aún el proyecto de discurso que V.E. deberá pronunciar en la reunión de Punta del Este, deseo adelantarle que el mismo debe responder a las ideas políticas fundamentales acerca de las cuales conversamos momentos antes de su partida al Uruguay y, sobre todo, ajustarse a los proyectos de resolución que obran en su poder, todo lo cual constituye el preciso e inalterable cuerpo de instrucciones con que cuenta la delegación argentina. 

“Como se lo dije verbalmente y se lo reitero ahora por escrito, deberemos ser absolutamente claros y precisos. A pesar de la Guerra Fría y los intereses egoístas que se esconden detrás de ella, a pesar de las reiteradas tentativas de penetración que realiza el comunismo internacional, nos cabe a nosotros, los argentinos, dejar claramente establecido que lo que se está discutiendo en América no es la suerte de un caudillo extremista que se expresa a favor de un orden político que nada tiene que ver con la realidad de nuestros pueblos, sino el futuro de un grupo de naciones subdesarrolladas que han decidido libremente acceder a niveles más altos de desenvolvimiento económico y social. Si esa soberana decisión no es respetada, si se la pretende ocultar o distorsionar con el juego ideológico de los extremismos, entonces sí que el mal será difícil de conjurar: un continente entero se convulsionará política y socialmente. La Argentina está absolutamente segura de que ese es el único enfoque válido del problema y al que deberá volverse irremediablemente si se comete ahora algún error. Nosotros lo sabemos por experiencia propia, por la experiencia entrañable de nuestro pueblo, al que no confundieron ni las provocaciones de la extrema izquierda ni las aventuras de la extrema derecha (...) 

“Por ello queremos salvar la unidad del sistema interamericano, por ello nos abstendremos de votar sanciones que pueden vulnerar el principio de no intervención y que irritarán más las condiciones políticas actuales y que se prestarán a la continuación más agresiva de las actividades de los extremistas de izquierda y de derecha”.

 

*Periodistas e historiadores. Colaboró con informes Vittorio Hugo Pettri