24 nov 2020
OPINIóN |El desafío
viernes 16 octubre, 2020

La democracia y los datos son un matrimonio difícil

Preservar y fortalecer las condiciones democráticas requiere dar un nuevo giro a la teoría política y reavivar sus instituciones.

Aristóteles. Su frase sobre realidad y verdad es aplicable a posturas de vedete. Foto: cedoc
viernes 16 octubre, 2020

Hoy está presente en el debate global el peligro de la erosión en las condiciones democráticas de gobierno. Pandemia, avances tecnológicos, limitación en la movilidad, Big Data, son algunos de los temas que han arrojado al centro de la calle los conceptos de democracia y dictadura.

Uno de los supuestos que consideramos naturales es que la democracia es una creación original de los griegos. Pericles (495 AC-429 AC) es considerado el primer gran político democrático. Su Discurso Fúnebre fue difundido por Tucídides y allí afirma que “… disfrutamos de un régimen político que no imita las leyes de los vecinos; más que imitadores de otros, en efecto, nosotros mismos servimos de modelo para algunos. En cuanto al nombre, puesto que la administración se ejerce en favor de la mayoría, y no de unos pocos, a este régimen se lo ha llamado democracia.”

Preservar y fortalecer las condiciones democráticas requiere dar un nuevo giro a la teoría política y reavivar sus instituciones

Este sistema político original de la cultura helénica es resaltado como tal por Aristóteles en su clásico libro La Política. Sin embargo, gracias al acceso a nuevas fuentes históricas podemos reconocer otras formas democráticas que afloraron en diversas partes del mundo. Estas organizaciones políticas en torno a consejos y asambleas existieron sin que esos pueblos hubiesen oído hablar de Pericles, Tucídides o Aristóteles.

Ciudades-estado en la Mesopotamia  como Mari - anteriores al desarrollo de la cultura helénica-; pequeñas “repúblicas” en las estribaciones del Himalaya, actualmente India;  los hurones en América del Norte; los habitantes de Tlaxcala en el actual México, son algunos de los numerosos pueblos que podrían ser incluidos dentro de los gobiernos democráticos.

La pregunta que surge es cuáles fueron las condiciones que favorecieron estos desarrollos.

Una primera respuesta  la da David Stasavage en su reciente libro The Decline and Rise of Democracy. A Global History from Antiquity to Today (El declive y el auge de la democracia. Una historia global desde la antigüedad hasta el presente).

Para el autor,  la democracia no pareciera ser un fenómeno particular de una sola cultura. Hace a la condición humana tanto como las autocracias.

En tiempos de Big Data, segmentación de mercados  y apps de rastreo de coronavirus, el riesgo del procesamiento de estos datos es habilitar el surgimiento de tendencias parcial o decididamente autoritarias

Relaciona las formas autócráticas con el desarrollo de una agricultura intensiva, que necesitó de personas para administrar los suelos. Esa gestión de tierras impulsó la creación de una burocracia que permitió luego cobrar impuestos. El Antiguo Egipto, China bajo Yu El Grande y el imperio incaico fueron civilizaciones  que desarrollaron técnicas agrícolas sofisticadas en base a una organización social estratificada, con una sólida burocracia. A su vez, para organizar el sistema impositivo se valieron de algún tipo de registro: jeroglíficos, caracteres o quipus, que permitieron una sistematización de datos.

En contraposición, Stasavage ubica el florecimiento democrático en los pueblos cuyos mandatarios necesitaban estar cerca de sus gobernados.  Las democracias coexistieron con un bajo desarrollo agrícola y poco conocimiento de las condiciones del suelo. Había menos datos para registrar, menos funcionarios, los gobernantes eran más débiles y necesitaban del apoyo de su población.

Este libro nos abre la puerta a inquietudes actuales. La sofisticación en el registro de datos y su utilización por un Estado están junto al origen de regímenes autoritarios, no de los democráticos. En tiempos de Big Data, segmentación de mercados  y apps de rastreo de coronavirus, el riesgo del procesamiento de estos datos es habilitar el surgimiento de tendencias parcial o decididamente autoritarias.   

Preservar y fortalecer las condiciones democráticas requiere dar un nuevo giro a la teoría política y reavivar sus instituciones. Estamos corriendo detrás de los sucesos. Si no apuramos el paso, la distancia será cada vez mayor. Y quizás estaremos fuera de competencia antes que nos demos cuenta. 


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