OPINIóN
Los jóvenes y la lectura

La lectura como un puente, por Rodolfo D'Onofrio

El economista, empresario y presidente de River reflexiona sobre cómo podemos mejorar la calidad y pertinencia de la educación.

La llamativa foto que D´Onofrio puso en su perfil de WhatsApp
La llamativa foto que D´Onofrio puso en su perfil de WhatsApp | DyN

Al reflexionar sobre cómo podemos mejorar la calidad y pertinencia de la educación, pilar fundamental del desarrollo nacional, surgen diversos enfoques posibles e incluso complementarios: desde la necesaria inversión en infraestructura y salarios docentes, hasta los cambios en la formación docente y los contenidos curriculares, pasando por la expansión del sistema y la extensión de la jornada completa, por citar sólo algunas áreas estratégicas.

Entre estos aspectos vinculados a la mejora en la calidad educativa sin dudas se destaca también el relacionado con los modos en que la escuela acompaña las transformaciones sociales y culturales propias de la consolidación de la denominada “sociedad de la información”.

Al repensar el vínculo de la educación con la tecnología, que definitivamente se ha instalado en nuestras vidas con efectos positivos tales como la multiplicación de las posibilidades de comunicación y acceso a la información, necesariamente adquieren centralidad los nuevos consumos y prácticas culturales asociadas a estas transformaciones.

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Los jóvenes y la lectura

Asistimos a importantes transformaciones en los hábitos de lectura que si bien alcanzan al conjunto de la sociedad, impactan en los niños y jóvenes en edad escolar, e incluyen cambios significativos tanto en relación a los contenidos como a los dispositivos de lectura.

Según datos del informe “Inequidades en el ejercicio de los derechos de niñas y niños”, publicado este año por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, los problemas en el vínculo con la lectura en los sectores sociales más vulnerables comienzan en el nivel inicial: la carencia de libros infantiles en el espacio del hogar afecta a casi cuatro de cada diez niños/as de entre 0 y 12 años, pero las brechas de desigualdad se amplían hasta llegar a ser seis veces más regresivas para un niño en el estrato “trabajador marginal” que en el medio profesional.

Por otra parte, un estudio realizado a fines de 2016 por el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CESBA) sobre consumos culturales, da cuenta de la creciente importancia de la lectura en formatos digitales: 6 de cada 10 porteños había leído en formato digital al menos una vez durante el lapso de un semestre. Además, mientras 2 de cada 10 porteños sólo lee en formato digital, entre los jóvenes de 18 y 29 años dicha proporción crece significativamente y alcanza a 1 de cada 4 jóvenes.

En lo que respecta específicamente a la educación, los resultados de la evaluación Aprender 2017 muestran que el 18% de los estudiantes secundarios tuvieron un desempeño en Lengua “por debajo del nivel básico”. Esto implica, según la metodología evaluadora, que los estudiantes realizan lecturas literales, evidenciando una limitada capacidad de lecto-comprensión. Entre los alumnos pertenecientes a hogares de nivel socioeconómico bajo, el desempeño “por debajo del nivel básico” alcanza al 31,8%, evidenciando con particular crudeza que los hábitos de lectura están también fuertemente atravesados por el fenómeno de la desigualdad.

Los beneficios de leer

En lo que respecta a la educación, el hecho de leer por placer está vinculado, según la OCDE, con mejores rendimientos académicos, como se desprende de las evaluaciones PISA que realiza dicha organización.

Pero sus ventajas trascienden holgadamente el ámbito educativo. La capacidad de lecto-comprensión tiene un efecto directo sobre el desarrollo de las habilidades cognitivas generales, y como tal está asociada al logro de una mejor calidad de vida a lo largo de toda la trayectoria vital. La lectura desde una edad temprana tiene así múltiples beneficios que inciden incluso en la salud humana: activa la memoria, estimula la creatividad y desarrolla la inteligencia, evitando el envejecimiento neuronal y favoreciendo una mayor longevidad.

A través de ella, prolongamos nuestra existencia. Como solía decir Umberto Eco: “Quien no lee, a los 70 años habrá vivido una sola vida: ¡la propia! Quien lee vive 5000 años […] porque la lectura es una inmortalidad hacia atrás”.

La lectura puede ser también un terreno en donde podemos encontrar puntos en común con otro, incluso siendo ese otro completamente diferente a uno mismo. Ello explica el hecho de que podamos encontrar mucha satisfacción en la obra de Borges, Cortázar, García Márquez o Vargas Llosa sin estar necesariamente de acuerdo con su pensamiento e ideología. La lectura proporciona así una oportunidad privilegiada para fortalecer el lazo social.

Es importante reivindicar por ello el hábito de la lectura como una forma de conocer el mundo, poner en funcionamiento la imaginación, como una forma de recreación que no tenga que ver únicamente con la tecnología; quizás leer pueda hasta contribuir a diseñar soluciones innovadoras para determinados problemas que tenemos como sociedad.

Construir el futuro educativo a través del fomento a la lectura

Hace más de doscientos años, la extensión de la escuela primaria y la alfabetización fueron dos pasos fundamentales para la conformación e institucionalización del Estado Nación.

Hoy, cuando el analfabetismo ya no representa un problema significativo, y alcanzamos una situación de cuasi universalización de la educación primaria y media, el desafío central es, sin dudas, mejorar la calidad educativa.

En este marco, es fundamental echar luz sobre la importancia de fortalecer la lecto-comprensión a través del fomento y la promoción de la lectura. No sólo como una estrategia para fortalecer los procesos de aprendizaje, sino también para construir un puente hacia el futuro, garantizando una real igualdad de oportunidades para el desarrollo de las habilidades cognitivas elementales para el pleno desarrollo personal y profesional.

Afortunadamente, Argentina tuvo a lo largo de historia, y continúa teniendo, grandes figuras de la literatura y una prolífica producción literaria. Pero más allá de seguir promoviendo la cultura del libro, si nos proponemos pensar un proyecto educativo nacional de calidad a largo plazo, necesitamos también tener en cuenta los que ya son una realidad entre los “nativos digitales”.

Hoy las posibilidades de acceso a la lectura se ampliaron y diversificaron, y eso es una ventaja que las políticas educativas tienen que necesariamente contemplar a fines de potenciar ese interés.

Tenemos sin dudas mucho por mejorar en cuanto a la calidad de nuestra educación. Tomemos el presente como una oportunidad para aprender y avanzar a través de los imprescindibles consensos básicos que vuelvan a poner a la educación en el centro de las preocupaciones nacionales.

 

(*) Economista, empresario y Presidente de Club Atlético River Plate.