La mesa de los argentinos está viviendo una transformación silenciosa pero profunda. En las últimas dos décadas, el consumo de carne de cerdo fue ganando cada vez más terreno dentro del consumo general de carnes y pasó de apenas 5 kilos a más de 20 kilos per cápita anuales. Este gran avance demuestra una renovación en nuestros hábitos cotidianos. La carne de cerdo entró a los hogares, primero, por la parrilla y después, por el menor precio en relación a la carne vacuna (que hoy se encuentra en una relación de 3 a 1). Pero hoy se consolida por su calidad nutricional, su versatilidad y la amplia variedad de cortes frescos, que son los mismos que conocemos para los vacunos.
Un estudio realizado por el INTI Carnes analizó la calidad nutricional de cinco cortes frescos de la carne porcina: cuadrada, nalga, bola de lomo, paleta y bondiola. Los resultados científicos arrojados derriban de forma definitiva algunos mitos como que la carne de cerdo es grasosa. Por ejemplo, la cuadrada es un corte predominantemente magro con 2,3 gramos total por cada 100 gramos de carne fresca, muy similar a la pechuga de pollo sin piel que tiene 1,4 gramos.
Por otra parte, estos cortes ofrecen un aporte proteico excepcional de alto valor biológico; la cuadrada aporta 21,9 gramos de proteínas y la nalga 20,2 gramos, siendo ideales para reparar tejidos y mantener la masa muscular activa en todas las etapas de la vida.
A nivel cardiovascular, el cerdo es un aliado de salud indiscutible. El estudio demostró que en sus grasas predominantes son los ácidos grasos insaturados y poliinsaturados, destacándose el ácido oleico (el mismo compuesto saludable del aceite de oliva), que es clave para regular el colesterol. Además, el Índice Aterogénico que mide científicamente el impacto de los alimentos en las arterias arrojó valores sumamente bajos (de entre 0,29 y 0,37), lo que ratifica su excelente calidad lipídica y su idoneidad para dietas de prevención cardiovascular.
La riqueza de este alimento estratégico se completa con un abanico de minerales esenciales como el zinc (vital para el sistema inmunitario), el magnesio, el selenio y un alto contenido de hierro de fácil absorción. Asimismo, aporta de forma natural entre 3,5 y 5 gramos de creatina por kilo de carne fresca, lo que favorece el rendimiento muscular y la recuperación física de los deportistas de manera directa, sin requerir ningún tipo de suplementación artificial.
Nuestro gran desafío cultural es, fundamentalmente, de percepción. La meta de nuestro sector es que cuando en la Argentina se hable de “carne”, el cerdo ocupe un lugar natural y sea reconocido de inmediato como un sinónimo de calidad y nutrición. No se trata de imponer una tendencia pasajera, sino de redescubrir un alimento noble que hoy cuenta con el sólido respaldo de la ciencia para integrarse plenamente en el bienestar y la mesa cotidiana de cada hogar.
Comer sano, rico y variado es hoy una realidad al alcance de todos gracias al desarrollo tecnológico e innovación constante de un sector productivo nacional en pleno crecimiento.
* Director ejecutivo de la Federación Porcina Argentina.