Como Penélope, mientras esperaba la llegada de la nueva película de Christopher E. Nolan, La Odisea (2026), tejía y destejía reels referidos al inminente estreno. Desde que vi varias de sus películas en los últimos años, las espero para filosofar un poco a través de las imágenes y disfrutar la butaca, aunque sean tres horas sin intervalo.
He visto varias comparaciones entre la versión de Nolan y diversas traducciones del supuesto Homero original. No me parece que tenga mucho sentido hacer semejante tarea para esta nota; además, mi memoria no podría.
De mi lejana lectura de la traducción de la Editorial Porrúa de tapa amarilla solo recuerdo cuánto se repetía al inicio de cada capítulo la descripción de cómo se elevaba en el Oriente “la aurora de rosáceos dedos”. (Este simple recuerdo me hizo notar que Nolan solo muestra atardeceres, el Occidente).
Valoré la Odisea cuando leí, también hace mucho, un libro de bolsillo del Fondo de Cultura Económica del que no recuerdo el autor. Entendí que no era un relato sino una construcción colectiva, oral, plasmada en verso, cantada por los raperos de hace 11.000 años (en la película, representados por el bardo contemporáneo Travis Scott).
De todos modos, el arte -a diferencia de la academia- tiene la licencia para recrear una obra ancestral y hablarle de lo mismo -pero de otro modo- al mundo de hoy.
En redes sociales, he visto algún comentador que dice que la Odisea de Nolan es una road-movie y algún otro que dice que es una pelicula sobre un héroe con estrés postraumático. Quiero compartirle lo que yo interpreto que Nolan intenta decir con esta obra de arte que veo emparentada con otras de sus películas.
Mi tesis es que La Odisea de Nolan es un relato con intención moral. Es decir, al describir la vuelta a casa de Odiseo, Nolan postula cómo ha de ser la vuelta a casa del hombre de Occidente. Es más, me parece que su Odiseo (Matt Damon) representa la crisis -y el horizonte de esperanza- de la civilización occidental y judeocristiana.
En mi opinión, Nolan intenta decir que se ha de volver a la raíz de nuestra civilización, se ha de volver a casa, a las leyes que dan fundamento a quienes somos.
Para Nolan, el mundo se ha vuelto un lugar inhóspito (como en Interstellar, 2014). Inhóspito es un lugar difícil de habitar y más específicamente, sin hospitalidad. En todos los puertos donde recalan Odiseo y su gente son expulsados, engañados, exterminados, descartados.
Ellos en algún momento de la historia, también han actuado de ese modo. Hay una escena en la que Nolan apela a la sensibilidad actual, para postular mutatis mutandis la tesis de la dignidad humana: Eumeo (John Leguizamo) descarta por el acantilado a los cachorros “que no sirven” para la caza, al igual que se hacía en Esparta con las personas no aptas para la guerra (una cultura del descarte diría Francisco).
Odiseo impide el descarte de Argos, le reconoce su valor y luego será su fiel amigo el primero que lo reconoce por debajo del disfraz.
En la Odisea de Nolan, el mundo conocido es un lugar donde se ha olvidado la ley de Zeus. Atenea, la diosa de la inteligencia o la sabiduría (Zendaya), siempre está triste o decepcionada y en plena guerra literalmente pierde la cabeza. Nolan repite varias veces en el guionde la película su versión de la ley de Zeus: el huésped y el anfitrión han de tratarse con generosidad y agradecimiento, con respeto, sin engaños, ni manipulaciones. No hacerlo conduce al colapso de la civilización tal como la conocemos.
El Odiseo de Nolan desafía la ley de Zeus, es astuto y lidera el ardid del Caballo de Troya, es fuerte para resistir las tentaciones de las sirenas que le dicen que no debe volver a casa, pero se rinde a las mieles de la evasión de su propia historia en la isla de Calipso (Charlize Theron), olvidando quién es, de dónde viene y hacia dónde va, perdiendo el sentido del trayecto de su vida.
Odiseo es el hombre que se separa de sí mismo y se dispersa pragmáticamente en la guerra contra los monstruos cotidianos. Odiseo como Oppenheimer (2023) -el destructor de mundos- experimenta la hybris, la arrogancia y debilidad que acarrean el desarrollo de una máxima inteligencia y capacidad.
La idea del disfraz sobrevuela la pelicula de forma ambivalente. En este mundo hostil hay diversas formas de perderse y de disfrazarse, aparentar lo que no se es, ocultar lo que se es, olvidarse de quién se es.
Odiseo le pide a Circe (Samantha Morton), quien había convertido a sus hombres en cerdos, que les quite su disfraz. ¿Son hombres disfrazados de cerdos o cerdos disfrazados de hombres? Odiseo vuelve a casa disfrazado de mendigo y es despreciado y maltratado por los pretendientes de Penélope (Ann Hathaway).
Según Nolan, la razón de la ley de Zeus es respetar al otro porque puede ser que el otro sea en verdad, un dios disfrazado. Algo que recuerda el pasaje bíblico de la Carta a los Hebreos: “No se olviden de la hospitalidad; gracias a ella algunos hospedaron, sin saberlo, a ángeles”.
La Odisea de Nolan finaliza con un exilio. Odiseo llega a casa, al lugar donde es quien es, donde es reconocido, pero decide volver a salir, ahora con Penélope. Herido y restaurado emprende otro viaje hacia un nuevo destino, entusiasmado con la idea de explorar un nuevo Occidente, un Occidente aun no conocido.