OPINIóN
Requisito social

Conocer el cerebro para entendernos

“El cerebro hace posible la conducta, pero la experiencia y la propia conducta también modifican el cerebro”, triangula la autora. En este circuito, las experiencias cotidianas, la cultura y la educación nos cambian, pueden incluso modificar la carga biológica que heredamos.

Experiencias que modifican el cerebro 30072026
Experiencias que modifican el cerebro | Pixabay

Quizás lo más sorprendente del cerebro sea que nunca deja de desafiarnos. Cuanto más profundizamos en él, más evidente se vuelve su enorme complejidad. En las últimas décadas hemos comprendido mucho mejor las redes neurales que sustentan funciones como el lenguaje, la memoria, la atención o la toma de decisiones, pero todavía estamos lejos de explicar por completo fenómenos tan fascinantes como la conciencia o la creatividad.

Durante mucho tiempo pensamos que el cerebro explicaba nuestra conducta. Hoy sabemos que la relación es mucho más dinámica: el cerebro hace posible la conducta, pero la experiencia y la propia conducta también modifican el cerebro. Cada aprendizaje, cada conversación y cada interacción con los otros deja una huella que transforma nuestros circuitos neurales y, con ellos, nuestra manera de pensar, sentir y actuar.

Muchas de las decisiones más importantes se toman en entornos diseñados para captar nuestra atención e influir sobre nuestro comportamiento"

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Esto lleva, inevitablemente, a otra pregunta: ¿cuánto de nuestro comportamiento responde al cerebro y cuánto al entorno? Es cierto que toda conducta tiene una base cerebral. Pero reducir el comportamiento al cerebro sería tan incompleto como explicarlo solo por el ambiente.

Hoy sabemos que la vieja dicotomía entre "lo biológico" y "lo ambiental" ya no tiene sentido. Los genes aportan posibilidades; la educación, la cultura, los vínculos y las experiencias influyen sobre cómo esas posibilidades se expresan.

Comprender la conducta humana exige mirar esa interacción, no elegir un único protagonista.

Aprender cosas nuevas -y de calidad-, leer, resolver problemas, dormir bien, hacer actividad física, mantener vínculos sociales, favorecen su comportamiento"

Y entender esa interacción es cada vez más urgente. Hoy, muchas de las decisiones más importantes se toman en entornos diseñados para captar nuestra atención e influir sobre nuestro comportamiento. Las redes sociales, los algoritmos, la inteligencia artificial y la sobreabundancia de información modifican la forma en que buscamos información, recordamos, elegimos e incluso nos relacionamos con los demás.

Hoy sabemos que el cerebro conserva una notable capacidad de adaptación a lo largo de toda la vida, pero no existen fórmulas mágicas"

Comprender cómo funcionan la atención, la memoria, las emociones o los sesgos cognitivos nos ayuda a tomar decisiones más conscientes, a desarrollar pensamiento crítico y a ser menos vulnerables a la desinformación. Pero también se pone en evidencia otra dimensión: entender cómo pensamos permite diseñar mejores políticas públicas, mejores estrategias educativas y mejores tecnologías centradas en las personas. En definitiva, comprender la mente humana ya no es solo un desafío científico; es una necesidad social.

Frente a este panorama, cabe preguntarse si es posible mejorar la forma en que aprendemos, recordamos o tomamos decisiones. Y la respuesta es sí. Hoy sabemos que el cerebro conserva una notable capacidad de adaptación a lo largo de toda la vida. Pero no existen fórmulas mágicas ni "gimnasias cerebrales" que mejoren todas nuestras habilidades de una vez.

Lo que realmente favorece su funcionamiento es una combinación de factores: aprender cosas nuevas, leer, resolver problemas, dormir bien, hacer actividad física, mantener vínculos sociales y contar con oportunidades de aprendizaje de calidad.

En otras palabras, el cerebro cambia cuando lo desafiamos con experiencias significativas y sostenidas en el tiempo, no cuando buscamos soluciones rápidas o milagrosas.

Desde una perspectiva más humanista, vale la pena recordar que el cerebro es el órgano que hace posible el lenguaje, la memoria, la imaginación, la creatividad y la construcción de significado. Nuestro cerebro no es un espejo de la realidad: interpreta, completa información y elabora explicaciones para comprender el mundo.

Conocer cómo funciona no reduce la experiencia humana a neuronas; por el contrario, nos ayuda a comprender mejor la extraordinaria complejidad de lo que somos.

*Directora de la Licenciatura en Ciencias del Comportamiento en el ITBA

MM.