OPINIóN
CULTURA

La sociedad pierde oportunidades

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Realidad. La cultura está presente, pero no todos pueden disfrutarla igual. | cedoc

Hay pocas cosas tan maravillosas como una ciudad llena de cultura. Un teatro que enciende sus luces, una sala donde comienza un recital, una biblioteca que recibe lectores, un museo que nos sorprende o un centro cultural que reúne a sus vecinos. Son momentos que nos emocionan, nos hacen pensar, nos encuentran con otros y nos recuerdan que la vida es mucho más que nuestras preocupaciones cotidianas.

La cultura nos hace bien. Nos alegra, nos inspira, nos abraza y nos transforma. Pero también genera trabajo, riqueza, identidad y desarrollo. Y esto último no es solamente una convicción: los números lo demuestran.

Según datos oficiales, las Industrias Creativas de la Ciudad de Buenos Aires generaron en 2025 unos 185.480 puestos de trabajo, equivalentes al 6,2% del empleo privado porteño. En 2024 representaron el 4,4% del valor agregado bruto de la Ciudad. Una actividad extraordinaria que moviliza artistas, técnicos, productores, diseñadores, docentes y miles de trabajadores.

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Sin embargo, detrás de esa vitalidad aparecen señales preocupantes. El empleo todavía se encuentra un 4,4% por debajo de 2019, los salarios reales acumulan una pérdida del 16% en diez años y el 19% de los trabajadores necesita una segunda ocupación.

Tenemos talento, creatividad y una enorme capacidad de producir cultura. Lo que no podemos permitirnos es perder oportunidades para desarrollarlos.

Otro estudio oficial nos muestra una desigualdad dolorosa: mientras el 59% de los sectores de mayores ingresos participa de actividades vinculadas con el cine, el teatro, los museos o las galerías, entre los sectores de menores recursos esa participación alcanza apenas el 17%.

La cultura está presente, pero no todos pueden disfrutarla de la misma manera. Y eso debería interpelarnos.

En este contexto, preocupa especialmente el rumbo de desfinanciamiento y reducción de estructuras culturales impulsado desde el Gobierno nacional. Porque cuando el Estado nacional se retira de sus responsabilidades de promoción y acompañamiento, se debilitan herramientas fundamentales para ampliar oportunidades en todo el país.

No se trata de responsabilizar a una sola política por todas las dificultades del sector. Se trata de comprender que, frente a un escenario complejo, necesitamos más capacidad de promoción cultural, no menos.

Invertir en cultura no es financiar un privilegio. Es apostar al trabajo, a la creatividad, a la convivencia y al futuro. Es permitir que un joven encuentre su vocación, que un artista pueda vivir de su talento, que una familia disfrute de un espectáculo y que cada barrio tenga un lugar donde encontrarse.

Defender la cultura no significa defender solamente a quienes trabajamos en ella. Significa defender una parte esencial de aquello que nos hace felices, libres y capaces de imaginar una sociedad mejor.

Porque cuando la cultura pierde recursos, la sociedad pierde oportunidades. Y cuando la cultura crece, crecen también nuestras posibilidades de encontrarnos, emocionarnos, trabajar y construir un futuro compartido.

La cultura nos cambia la vida. Y vale la pena defender todo lo que nos permite vivirla.

*Gestor cultural.