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¿Por qué Milei?

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EXALTADO. Así volvió a representarnos en España. Insultos, ataques y discurso mesiánico. | AFP

De tanto en tanto se repite una misma duda que comienza a circular en medios, redes y círculo rojo, y que se traduciría en algo así como ¿por qué Milei? Sucedió de nuevo esta semana tras una serie de episodios en los que se volvió a ver a un presidente con cierto desequilibrio emocional y estético. Antes, durante y después de su viaje a España.

El ¿por qué Milei? representa la pregunta de cómo se llegó a que la persona que debería encarnar la respetabilidad del argentino medio sea un hombre que anda por el mundo insultando a mandatarios y agrediendo a periodistas y empresarios.

El ¿por qué Milei? es la pregunta de fondo para entender por qué una mayoría lo eligió...

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En España quedaron azorados incluso los simpatizantes de Vox. Aquí ya es normal, pero allá no están acostumbrados a que un líder extranjero agreda a los periodistas locales y llame dictador a un presidente al que los españoles votaron democráticamente.

Felipe González, rival implacable de Pedro Sánchez, dijo que si Milei seguía yendo a España, Sánchez podría ser reelecto. Calificó de “maleducado” al argentino y le reprochó: “¿Cómo se puede ir a un país solo a insultar?”. Alberto Núñez Feijóo, del PP y competidor directo de Sánchez, también se despegó: “No comparto el lenguaje ni las formas del señor Milei”.

Antes del viaje, Milei había dado indicios de recaída en uno de sus ciclos de inestabilidad emocional. Transpirado, con la cara hinchada y pretendiendo imitar la voz de alguien con retraso mental, había dicho que era una “pelotudez de hijos de puta” decir que “dos tercios de los argentinos no llegan a fin de mes”.

Con dificultad para lidiar con las metáforas, Milei interpreta literalmente que, si la gente de verdad no llegara a fin de mes, se moriría. Ya lo había dicho este año, lo repitió antes del viaje y lo volvió a explicar en España: si los días 20 de cada mes las calles no aparecen repletas de cadáveres, eso significa que aquella afirmación es falsa, una “falacia ad populum”.

Si Milei aceptara entrevistas profesionales, se le podría aclarar que cuando el 65% de las personas responde en las encuestas que sus ingresos le alcanzan para “llegar al día 20”, lo que expresan es que a partir de ese día deben recurrir a distintas restricciones para vivir el resto del mes. Como endeudarse o consumir menos comida y medicamentos de los que necesitan.

No es que se mueran (aunque algunos lamentablemente se mueren), es que durante los últimos días del mes dejan de vivir dignamente. Que es una forma metafórica de morir.

El ¿por qué Milei? implica la genuina duda de si un argentino medio mostraría esa falta de empatía con los que más sufren o si actuaría de la misma forma en un país que no es el suyo. ¿O será que Milei es un espejo que incomoda, pero que refleja bien a ese argentino medio?

En un reportaje con Jorge Fontevecchia, la catedrática estadounidense Catherine Liu asoció a Trump y Milei con una “energía carnavalesca” de época. Fieles representantes de sectores enojados con una corrección política que no les sirvió para mejorar su calidad de vida. Su respuesta al ¿por qué Milei? o al ¿por qué Trump? es esta: “Hoy, al consumidor o al trabajador estadounidense sin educación universitaria le cuesta mucho llegar a fin de mes. Se hunde en deudas y encima las élites liberales le dicen que es atrasado, que no está culturalmente en sintonía con las mejores normas. Este divorcio con las preocupaciones de la gente creó condiciones para el ascenso de partidos populistas de extrema derecha. Trump y Milei reflejan una vulgaridad festiva, pero prometen venganza, una especie de enojo populista. No son figuras diseñadas para gobernar, son figuras para la venganza”.

En la oposición, en cambio, existe una mirada conspiranoica que responde a la pregunta de ¿por qué Milei? diciendo que fueron los grandes poderes económicos nacionales e internacionales los que lo hicieron presidente para beneficiarse con sus políticas.

... Y para preguntarnos si podemos aspirar a un espejo que nos haga ver mejores

Pero eso no fue así. Milei nunca fue el candidato de un establishment que siempre lo subestimó. No lo apoyó política ni financieramente (más allá de los aportes mínimos de compromiso o del caso puntual de algunos empresarios). Él hizo campaña a fuerza de repercusión mediática y su éxito se debió a que un tercio de la sociedad lo eligió como espejo roto de su propia rotura. Una “figura para la venganza”, diría Liu.

Es ese 30% que la consultora Latinobarómetro viene registrando de argentinos para los cuales las buenas formas democráticas dejaron de ser una prioridad. Es el núcleo duro que lo apoyó en las PASO y en las generales de 2023 y el que hoy lo sigue respaldando.

Para el establishment, el ¿por qué Milei? se responde con un “porque no hay otro”. Porque elegirían a otro si ese otro fuera un candidato liberal que bregara por un superávit genuino que no ahogue el crecimiento, que creyera en un libremercado que no descuide la industria nacional y que cumpliera con las normas básicas de relacionamiento republicano.

Para la racionalidad media de empresarios e inversores, su mirada mesiánica y anarcocapitalista solo despierta inquietud. La volvió a exponer en un discurso en la Universidad Rey Juan Carlos que pasó casi desapercibido. Repitió que el capitalismo es una creación de Dios, que los Diez Mandamientos son su base doctrinaria y que el mercado, como invención divina, no puede tener fallas. Comparó tácitamente la misión que el “Uno” les encomendó a él y a su hermana con la que les dio a los hermanos Moisés (Karina) y Aarón (Javier) de “liberar al pueblo”. Explicó su anarcocapitalismo ratificando que los impuestos son un robo y que su objetivo es destruir al Estado desde adentro. Reiteró su crítica a la democracia con el ejemplo de cuatro lobos y una gallina que votan qué se come esa noche (“la dictadura de la mayoría”). Y atacó de nuevo al dueño de Aluar, Madanes Quintanilla, horas antes de que su empresa inaugurara el mayor parque eólico del país con una inversión de US$ 740 millones.

El ¿por qué Milei? es la pregunta de fondo que deberíamos responder antes de que termine su mandato.

Para comprender por qué una mayoría se sintió reflejada en alguien como él. Para preguntarnos: ¿podremos aspirar a una representación política que nos haga ver mejor? O para entender por qué la respuesta de una mayoría puede volver a ser “no” y prepararnos para cuatro años más de lo mismo.