miércoles 28 de julio de 2021
OPINIóN Análisis
21-01-2021 16:23

Joe Biden y un nuevo rumbo para Estados Unidos

Qué podemos esperar de su política económica y comercial y cómo impactará su gobierno, en términos políticos, en las relaciones con América Latina y con Argentina.

21-01-2021 16:23

En su discurso de asunción, Joe Biden anunció que reparará sus alianzas y se comprometerá, una vez más, con el mundo. En otras palabras, priorizará el regreso al multilateralismo, empezando con el Acuerdo de París (ya firmó un decreto para su reincorporación) y revirtiendo la salida de EE.UU de la OMS. Nos preguntamos qué podemos esperar de su política económica y comercial y cómo impactará su gobierno, en términos políticos, en las relaciones con América Latina y con Argentina.

 

Política económica y comercial de EE.UU.

En materia económica, el gobierno de Biden emprenderá una política monetaria laxa y de estímulo fiscal, un plan tradicional para una economía estadounidense que aún no logra cerrar la brecha de producto y se mantiene con un desempleo del 6,3%. Janet Yellen al frente de la Secretaría del Tesoro es una garantía de esa política. La ex Presidenta del Banco de la Reserva Federal, y alumna del influyente economista James Tobin, ha estado ya en medio de la crisis de Lehman Brothers y fue de las pocas que se animó a apretar el acelerador cuando muchos pedían prudencia y no se equivocó. Ben Bernanke siguió en parte el manual de la economista en el período que convivió con el mandato de Donald Trump.

No se puede descartar un recrudecimiento de la guerra de monedas que vivió el mundo en la última crisis financiera, el DXY cayó 7% durante el año anterior. No obstante, el saldo es positivo en el corto plazo, el ciclo financiero global relajado evita problemas de liquidez.

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A esa ‘fiesta’ de liquidez Argentina no está invitada. Las dudas sobre la solvencia del Tesoro evitan que pueda aprovechar el momentum. Al mismo tiempo, las restricciones en el mercado de cambios desalientan también el ingreso de capitales. Nuestro país tiene un péndulo en materia de integración financiera casi inconsciente; no es discutido el tema en el país pero oscila entre la apertura completa de la cuenta financiera a unas restricciones no comunes en estos tiempos. Si bien nos blinda de posibles cambios bruscos en la dirección de este ciclo financiero global, esta vez parece que tendrá un carácter permanente que el país podría aprovechar. En criollo, en el mundo sobran dólares, en Argentina faltan.

El estímulo fiscal que apunta, en parte, a lidiar con el problema de la solvencia, y a recuperar rápido la actividad y el empleo será clave para el inicio del mandato del nuevo Presidente. Enfocado en su política doméstica, posiblemente reactive el comercio internacional. Claro que sobre este punto hay dudas.

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Estados Unidos y China en nuestra región

El foco de Estados Unidos en la región seguirá puesto, casi exclusivamente, en dos temas: Venezuela (tanto Trump como Biden ven a Maduro como un dictador, aunque quizás la nueva administración busque bajar el tono de la confrontación a nivel discursivo) y la lucha contra el narcotráfico.

A estas dos grandes preocupaciones en la región, es posible que el gobierno de Biden sume una nueva: Brasil y su posición en temas de medio ambiente y cambio climático. Bolsonaro fue, sin lugar a dudas, uno de los más desfavorecidos con el triunfo de Biden. No sólo por la convergencia en el modo de liderazgo y la afinidad política que Bolsonaro tenía con Trump sino también por la importancia que la agenda verde tendrá en la política exterior de Biden. La cuestión del Amazonas podrá ser un punto alto de tensión entre ambos. 

Con respecto a Argentina, la relación bilateral con Estados Unidos no atravesará grandes cambios de timón con la nueva administración. Históricamente, por la distancia geográfica y la poca densidad en los temas de agenda, nuestro país no ocupa un lugar prioritario en la política exterior estadounidense.

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Ahora bien, nuestra región continuará siendo un espacio donde se despliegue la competencia estratégica entre Estados Unidos y China. Biden expresó que no cederá contra los países que manipulen sus monedas, un dardo a Beijing que se prepara para continuar con la guerra comercial pero quizás de una manera más institucionalizada. P. Navarro y Trump ya no estarán para hacer culpable a China de todos sus males. La política estadounidense de contención hacia China continuará, pero la administración Biden probablemente dejará de lado el discurso encendido y la retórica belicista características de Trump, para concentrarse en las realidades de poder, buscando obligar a China a ceñirse a las normas del orden liberal internacional y sus instituciones.

En esta relación de fuerzas, Xi Jinping demostró que puede adoptar sanciones duras: por citar un ejemplo, la duplicación de aranceles a Australia por la importación de vinos como respuesta por no dejar a Huawei desarrollar el 5G en el país de Oceanía. Esa conducta del gigante asiático, entre otras, muestra un cambio en las relaciones de poder a favor del Este y habrá que ver qué consecuencias tendrá en nuestra región.

Joe Biden y su tiempo

Hoy en día, China lidera el crecimiento global, ya exentos de la pandemia. Empezaron a repuntar sus exportaciones e importaciones y es una de las causas de la mejora del ciclo de commodities. Para Argentina, en su conjunto, que suba el precio de los granos es pura ganancia, una especie de lotería, pero sucede que en medio de la incertidumbre con la que convive el país y los conflictos distributivos, puede ser que tampoco aquí seamos los más beneficiados. Las contradicciones aparecen, ‘cuidar la mesa de los argentinos’ y ‘exportar más’ en el corto plazo no son compatibles. Lo segundo permite lo primero y no es una relación viceversa.

La iniciativa de On Belt One Road desplegada por Xi Jinping para expandir lo que históricamente fue la Ruta de la Sede, pretende ampliar las inversiones chinas, principalmente en materia de infraestructura, a otras partes del mundo, desde Asia central hasta Rusia y Europa. Así, la iniciativa de la Franja y la Ruta -que incluye autopistas, redes de comunicación, plantas de energía, entre otras- se ha convertido en el núcleo duro de la estrategia de política exterior china. Con este audaz proyecto en plena expansión, la competencia de poder con EE.UU. seguirá y Argentina será un mero espectador de un mundo tensionado.

 

La posición de Argentina

¿Qué opciones tiene entonces Argentina en medio de este duelo de titanes? Para empezar, recordemos que los países pequeños -no en términos geográficos sino de poder y recursos- viven más fuertemente la asimetría global. Esto significa que tienen un margen de autonomía y de maniobra mucho menor que las grandes potencias, y para ello suelen asociarse con otros países periféricos y recurrir a foros y organismos internacionales que les sirvan de plataforma para desplegar su política exterior.

En los hechos, Argentina necesita de las dos partes y no puede darse el lujo de prescindir de alguna: por un lado, China le trae inversiones, financiamiento y es uno de los principales compradores de cereales, y por el otro, Estados Unidos continúa siendo el principal inversor externo de la Argentina y una pieza fundamental en el Directorio del FMI. Sobre esto último, si bien A. Fernández apela a que Kristalina Gueorguieva recuerde sus días de pobreza en Hungría a pesar de que ella es búlgara (sic), el acuerdo se cocina en Estados Unidos y los gestos de amistad con el Kremlin o con Xi Jinping pueden no caer bien en el directorio del organismo. En los hechos, dudamos que el FMI apoye condiciones laxas en un programa con Argentina que busca extender plazos y diferir pagos.

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Por último, cabe recordar que en octubre del año pasado, el Congreso Nacional aprobó un acuerdo por el cual Argentina ingresó al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), que fomenta el desarrollo económico de países mediante financiamiento en proyectos de energía, transporte y telecomunicaciones. Es un nuevo competidor para el BID -donde, recordemos, Argentina fue uno de los pocos países de la región (junto con México, Chile, Perú y Trinidad y Tobago) que se abstuvo en la votación de su nuevo Presidente, Mauricio Claver Carone, el candidato de Trump, por ser un puesto históricamente ocupado por un latino.

En pocas palabras, el desafío para la Argentina es lograr equilibrar relaciones beneficiosas con ambas potencias, sin perder de vista sus interesas nacionales y evitando, en lo posible, sufrir daños colaterales de una disputa entre titanes. Será de gran ayuda diversificarse, a través de nuevos socios comerciales, para disminuir la dependencia frente al hegemón actual -EE.UU.- y al creciente -China-.

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Es un mundo donde parece que hay que apostar pero Argentina juega sin cartas, necesita los dólares, el acuerdo con el FMI, las inversiones chinas, renovaciones de swap y vacunas rusas. Es un mundo tensionado pero al que le podríamos sacar provecho. Es una pena que las tensiones a nivel local estén deteriorando estas posibilidades. Debemos encauzar una política exterior menos ideologizada en términos discursivos, menos volátil, y con mayores consensos en los principales temas internacionales que interesan a nuestro país. ¿Podrá Argentina aprovechar la oportunidad? Solo depende de nosotros.

 

* Victoria Labari. Magister en Estudios Internacionales (UTDT). / Guido Lorenzo. Economista. Director LCG Consultora. @guido_lorenzo