viernes 28 de enero de 2022
OPINIóN Día mundial de la Salud Mental
10-10-2021 07:40
10-10-2021 07:40

La salud mental que subestimamos

La historia de la salud mental es, entre otras cosas, la historia de una subestimación. No hay dudas de la responsabilidad que cabe en términos de una decisión política que nunca llega. Pero, ¿qué pasa con nosotros? ¿Qué tenemos que ver con todo esto?

10-10-2021 07:40

Año tras año, cada 10 de Octubre intercambiamos mensajes que ponderan la importancia de lograr el imprescindible compromiso político y social en pos de movilizar esfuerzos en apoyo a la salud mental de nuestra comunidad.

Frase que suena bien y con la cual nadie puede estar en desacuerdo. Sin embargo, el escenario crítico también se repite: la meta de contar con un sistema de salud mental para todos en nuestro país, parece ser un horizonte que se aleja. En el último año y medio, producto de la pandemia, y en particular, de las medidas de aislamiento prolongadas, se incrementaron los problemas de salud mental, empeoraron los existentes, y sin embargo esto no ha formado parte de las agendas de las autoridades sanitarias.

Problemas psicosociales, como la depresión, ansiedad, conductas suicidas y consumos problemáticos, ya formaban parte de los problemas prevalentes de salud de nuestra comunidad, y se incrementaron en este tiempo. La brecha de atención, es decir, la cantidad de personas que tienen un padecimiento y no tienen la respuesta adecuada, es inaceptablemente amplia.

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¿Por qué estamos como estamos?

Porque la historia de la salud mental es, entre otras cosas, la historia de una subestimación. En un doble sentido: subestimación de los gobiernos, subestimación de cada uno de los integrantes de la comunidad. Dos caras de una misma moneda.

Solemos responsabilizar a los gobiernos al observar un diagnóstico que se repite. Y no hay dudas de la responsabilidad que les cabe en términos de una decisión política que nunca llega. Pero, ¿qué pasa con nosotros? ¿Qué tenemos que ver con todo esto?

La salud, lejos de ser “el silencio de los órganos”, es el ruido del acontecer de la vida, complejo proceso en constante cambio. Pero la salud mental, o los problemas de salud mental suelen ser ruidos que no se oyen, en una hipoacusia selectiva.

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Yo subestimo, vos subestimas, los gobiernos subestiman a la salud mental

Históricamente, los responsables de las carteras de salud de los gobiernos, respondieron poco a los llamados de quienes están a cargo de las áreas de salud mental, de sus instituciones, de sus equipos. ¿Por qué? Por múltiples razones, políticas, económicas, de asignación de prioridades. O quizás, simplemente porque lo que suena es lo que no se quiere escuchar: el dolor psíquico.

Les sucede a los gobiernos, nos sucede a cada uno de nosotros, cuando el sufrimiento mental es el propio. Hay algo que hemos aprendido en relación al cuerpo, que le negamos a nuestras emociones. Sabemos más acerca de un dolor físico, nos es más sencillo identificarlo, acudir a una ayuda profesional para resolverlo. Y al demandar un tratamiento, es más probable que encontremos respuesta y que la aceptemos, cuando se trata del dolor del cuerpo. Ahora, cuando nos encontramos con pensamientos, sentimientos o reacciones que nos producen malestar psíquico o sufrimiento mental, lo naturalizamos, lo negamos, o simplemente lo entendemos como algo que forma parte de nuestro vivir y aceptamos que nos acompañe en nuestra cotidianidad.

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¿Qué podemos hacer para lograr estimar lo subestimado?

Si hablamos de políticas públicas de salud mental, debemos exhortar a los gobiernos a que las ponderen en sus agendas, a que las oficinas de salud mental salgan de los subsuelos, a que se atiendan los llamados que expresan la imperiosa necesidad de una política de Estado en la materia.

Es que la subestimación se evidencia en la no toma de decisiones para responder a estos problemas. Siempre los sistemas de salud “corren detrás” de las situaciones epidemiológicas. Cada vez que se ha incrementado la prevalencia de una enfermedad no transmisible, como cáncer, diabetes, hipertensión, enfermedades respiratorias, en el marco de lo que ha sido en las ultimas décadas la transición epidemiológica, los sistemas de salud comenzaron procesos de adaptación. Los gobiernos respondieron con políticas activas para incrementar la capacidad de respuesta.

Esto no sucedió en lo que respecta a salud mental. Mientras la situación epidemiológica demostraba el incremento en la prevalencia de padecimientos mentales, continuaba y continúa existiendo una escasa cantidad de especialistas en salud mental en las instituciones sanitarias, de camas de internación en hospitales generales, de trabajadores de salud capacitados en salud mental y sobre todo, de estrategias de prevención en la comunidad.

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Pero la subestimación, como señalé, no es sólo de los gobiernos, sino también de cada uno de nosotros.

Negación y proyección son dos mecanismos que nuestro aparato psíquico sabe usar. Invisibilizamos nuestras emociones, sobre todo si nos duelen, y nos adaptamos a sobrellevar esas dolencias como un componente más de nuestra vida cotidiana. Mientras negamos lo que sentimos, en un “aquí no ha pasado nada”, proyectamos muchas veces en otros, el padecimiento distorsionado, sobredimensionado, responsabilizando a quien lo sufre, por padecer. Y juzgamos: las conductas que se salen de la norma son señaladas. Nos cuesta mucho aceptar la “diversidad mental”.

Los comportamientos que emanan de los padecimientos de los otros, son mirados con el traje de la locura. Y locura es igual a lo desconocido y peligroso. Etiquetamos a las personas dentro de estereotipos, a partir de un imaginario social que estigmatiza y que redunda en discriminación. No le damos lugar a nuestros propios padecimientos mentales, no le damos lugar en la sociedad al otro que padece.

Pero algo ha cambiado en este último tiempo. Desde marzo del 2020 a esta parte, la pandemia nos paró frente a un espejo que nos devuelve lo proyectado a modo de indicio respecto a aquello que puede ser “nuestra salud mental”. Lo que hacemos a diario: en casa, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones de pareja, de padres e hijos, de  amigos, en los proyectos, en las frustraciones, en las tristezas, alegrías, en los miedos. Esa es nuestra salud mental, los estados de ánimo, las emociones, el bienestar o el malestar psíquico. Podemos darnos cuenta que todos tenemos momentos de mayor o menor bienestar o malestar.

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Por eso es hora también de cuidarnos, en un sentido amplio, incluyendo cuidar nuestra salud mental: promover aptitudes psicosociales, tener capacidad de identificar nuestras emociones y de intentar cambiarlas o sobrellevarlas, predisposición a buscar ayuda cuando la necesitemos, escuchar, e intentar enfrentar nuestros padecimientos de manera activa, forman parte de las estrategias que debemos protagonizar. Y cuidarnos juntos. Porque no hay salud sin salud mental, pero tampoco hay salud mental sino es promoviendo bienestar emocional colectivo, con los otros.

Sabiendo que en algunos momentos podemos convivir con ese malestar y buscar nuestras propias estrategias para estar mejor, con quienes forman parte de nuestros afectos y redes vinculares. Desnaturalizar nuestros padecimientos y a partir de allí, que podamos, si lo necesitamos, pedir ayuda.

Pero para ello, los sistemas de salud tienen el desafío de disminuir brechas: que al pedir ayuda, alguien nos abra la puerta: que los sistemas de salud den respuestas a quienes padecen.

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Y aquí sin dudas, hay mucho para mejorar: la salud (en sentido amplio) es un derecho, y es el Estado quien debe garantizar que quien necesita un tratamiento, pueda tenerlo, oportuno y de calidad, superando las inequidades que en materia de salud mental, también golpean más  a quienes menos tienen.

Es momento ya de revertir esta situación y forjar el demorado e imprescindible compromiso de los gobiernos en priorizar a la salud mental: y no de manera enunciativa, sino con acciones.

No hay salud sin salud mental. Y la atención de la salud mental debe ser para todos.

 

* Luciano Grasso. Psicólogo. Ex Director Nacional de Salud Mental y Adicciones del Ministerio de Salud de la Nación. Ex Secretario de Salud del Municipio de Tandil. Concejal - Presidente de la Comisión de Salud de Tandil.