OPINIóN
Salud

Mal de invierno: el trastorno afectivo estacional

El frío fianza lo que el otoño anticipaba: menos energía y deporte, más carbohidratos y mayor tendencia al aislamiento social. Qué hacer.

Frío
Frío | Shutterstock

Tras unos días de intenso frío finalmente llegó el invierno. Y con él también volvieron las divertidas disputas entre el team verano y el team invierno. Sin embargo, desde la psicología es importante señalar que las características del invierno pueden derivar en un trastorno afectivo estacional, una depresión específica relacionadas a los cambios de estación.

El invierno puede afectar la vida cotidiana y la calidad de vida de algunas personas. Los días fríos, el viento y la lluvia pueden impactar en el estado de ánimo y se sabe que este clima retrasa el metabolismo y, por lo tanto, tiende a bajar la energía. Asimismo, la falta de luz solar provoca falta de vitamina D por la escasa exposición al sol.

Es por ello que en invierno se suelen resignar o postergar las cosas que realizaban asiduamente y que generaban placer. Por lo general, las personas dejan de lado las actividades físicas, cambian la dieta nutricional (realizando un incremento de los carbohidratos) y se observa una tendencia al aislamiento social. 

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Existen diferentes tipos de depresiones o estados de melancolía. Una de ellas, es el trastorno afectivo estacional. El trastorno comienza y finaliza aproximadamente en la misma época cada año, es decir, los síntomas comienzan en otoño y continúan durante los meses de invierno y, durante este período, se observa menor energía y cambios en los estados de ánimo.

Los signos y síntomas del trastorno afectivo estacional pueden incluir:

  • Sentirse apático, triste o decaído gran parte del día, casi todos los días.
  • Perder el interés en actividades que solían disfrutar.
  • Tener poca energía y sentirse aletargado.
  • Dormir demasiado.
  • Sentir antojos por consumir carbohidratos, comer en exceso y subir de peso.
  • Tener dificultad para concentrarse.
  • Sentirse desesperanzado, inútil o tener sentimientos de culpa.

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Si bien se desconoce la causa específica del trastorno afectivo estacional, algunos de los posibles factores incluyen los siguientes:

  • El reloj biológico (ritmos circadianos). La reducción de los niveles de luz solar en otoño e invierno puede provocar la alteración del reloj interno del cuerpo y provocar una sensación de depresión.
  • Niveles de serotonina. La reducción de la luz solar puede provocar una caída en los niveles de serotonina y esto, a su vez, puede provocar depresión. La serotonina es una sustancia química cerebral (neurotrasmisor) que afecta el estado de ánimo. 
  • Niveles de melatonina. El cambio de estación puede alterar el equilibrio de los niveles de melatonina del cuerpo, una sustancia que interviene en los patrones de sueño y en el estado de ánimo.

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El tratamiento del trastorno afectivo estacional es fundamental para tener una mejor calidad de vida durante el invierno. Para ello, se recomienda acudir a un especialista, realizar terapia lumínica (fototerapia), psicoterapia y medicamentos, si fuera necesario y exclusivamente bajo indicación y control de un psiquiatra.

A su vez, pueden impulsarse cambios en el estilo de vida que favorezcan a paliar el trastorno, tales como procurar que los ambientes del hogar sean más luminosos, abrir las ventanas, sentarse cerca de las ventanas que reciban más luz, exponerse al sol 20 minutos diarios, salir a pasear a parques cercanos y recordar que incluso en días fríos o nublados, la luz exterior puede ayudar.
También es aconsejable hacer ejercicio con regularidad, ya que la actividad física ayuda a aliviar el estrés y la ansiedad; y descansar bien y mantener patrones de sueño estables.

* Neuropsicóloga (MN 45683 | MP 73453) del Sanatorio San Gabriel