sábado 10 de abril del 2021
OPINIóN Columna
24-08-2020 13:54

El peligro de los cupos obligatorios

Es irrefutable que, en muchos ámbitos, a las mujeres y a otros géneros, les cueste más hacerse un lugar en el plano laboral. Negarlo sería una ignorancia, creer que esto siempre responde a una única variable es un reduccionismo.

24-08-2020 13:54

Es irrefutable que, en muchos ámbitos, a las mujeres y a otros géneros, les cueste más hacerse un lugar en el plano laboral. Negarlo sería una ignorancia, creer que esto siempre responde a una única variable es un reduccionismo.

Sea por vocación, por una cuestión de productividad, por machismo y/o discriminación racial, la manera de mejorar las condiciones de inclusión es trabajando operativamente sobre las causas y no capilarmente sobre el resultado.

Si la merma de roles laborales en determinada área respondiera a una cuestión de vocación, no hace falta mucha revisión. Se trata de respetar el interés de cada uno. Y punto.

Pero también, puede haber un factor de productividad detrás de una proporción de trabajadores desbalanceada. Podría darse, por ejemplo, que un varón promedio sea más productivo para un trabajo de fuerza física, o que lo sea por una mera cuestión de predictibilidad, el simple hecho que en él se despeje una variable que en la mujer generalmente no: el embarazo.

La posibilidad de que una mujer fértil se embarace no es remota, sino latente y frecuente. Llegado el caso de consumarse, implicaría un cese prologado de actividades por licencia. Este eventual cese de actividad no es un tema sexista. Es un hecho. Si a una persona, sea del genero que fuera, le pagaran por seleccionar a la persona más eficiente para un determinado cargo que implique una relación de dependencia, es posible que en su decisión elija despejar esa posibilidad. No dije que es “bueno” que lo haga, ni que es “seguro” que lo fuera a hacer, dije que es posible.

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La naturaleza y el fin de las empresas es la productividad, pedirle a una empresa que sea condescendiente con cuestiones sociológicas podría ser comparable a pedirle a un jugador de fútbol que piense en una ecuación de matemáticas mientras está jugando un partido, o,en el peor de los casos, pedirle que se deje perder un partido.

No debemos descuidar tampoco que quién escribe esta nota, como quién la lee, podemos hacerlo gracias a que una mujer pudo embarazarse. Marginar a una mujer por este hecho es injusto, pero la manera de modular su inserción no debe ser compulsiva e indiferente a las consecuencias que genera sino articularse de manera integrativa e inteligente.

Los intentos reactivos por modificar una injusticia sin mediar conciencia, perpetuán la injusticia en modos inversos y hasta pueden incentivar la violencia de maneras novedosas.

Crear un cupo obligatorio es un remedio de inmediata efectividad (demagogos alert) pero cuyos efectos adversos -en el mediano y largo plazo- pueden ir en contra no sólo del factor productivo sino hasta del género al que se está queriendo proteger.

Supongamos el ejemplo de tres hermanos varones que quisieran formar una sociedad entre ellos y se vean impelidos a consumar dicha empresa según sus expectativas debido a unaresolución de cupos obligatoriosque lo impide, que les pidan, por ejemplo, que haya una mitad de integrantes mujeres (¿les suena familiar el caso?). De ellos persistir en el armado de la sociedad, sería difícil que el requisito obligatorio les haga por ello cambiar su intención de ser ellos tres los integrantes titulares. Por lo tanto, podrían proceder a “conseguirse” a tres mujeres para cumplir con el cupo exigido. No sería nada improbable que estos tres hermanos decidieran entonces “salir a buscar” a tres mujeres que sean de su confianza para que “aparezcan” en la sociedad. Siendo esto así, este tipo de mecanismos que promueven los cupos podría propiciar a ubicar, ocasionalmente, a las mujeres en el rol de objeto, lo cual es lo que supuestamente algo que intentan evitar y combatir.

A este proceso se le llama tokenización. Tokenizar a alguien es cuando se lo utiliza para cumplir una formalidad y no por su valor intrínseco.

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El sistema de inserción obligatoria por género se aplica sobre la base de simplificar groseramente un problema complejo que suele partir de una base errónea: todos los trabajadores son iguales y/o siempre que no haya una cantidad importante de genero marginado en determinado rol o categoría es por sexismo y/o racismo.

La lógica de los cupos obligatorios sería absolutamente correcta y necesaria si un trabajador diera lo mismo que otro.

La realidad muestra que no da lo mismo un trabajador que otro. Conseguir el trabajador idóneo para determinada tarea específica, es la fórmula basal de cualquier emprendimiento exitoso. Esta regla corre para todas las posibilidades de género, hay mujeres que por su género, en líneas generales, están más capacitadas que los hombres para ciertas tareas, y viceversa, y con todas las combinaciones de género posibles.

Ahora bien, ¿qué hacemos cuando en la ecuación de selección interviene el machismo o racismo como factor determinante? Convengamos que el proceso de elección aún siendo a través de un concurso nunca abandona del todo la subjetividad del empleador.Casi todo concurso contempla una fase de “entrevista” en donde se ponen en juego estas cuestiones de elección “modulable”.

Una manera que encontraron orquestas es la selección de sus músicos a través de audiciones “ciegas”. Otra es compensar el sistema de licencias para masculinos haciéndolo empatar con los femeninos (u otros géneros).

Constituye un inmenso desafío trabajar sobre un enemigo invisible como el poder de decisión en una mente machista y prejuiciosa. Pero más difícil es asumir las consecuencias de palearlo con una mecánica de obligaciones en lugar de incentivos.

La medida del cupo es inicialmente cómoda para el Estado, pero incómoda para el ciudadano-empleador. Lo único que tiene que hacer el Estado es gastar unos minutos en redactar una resolución, eventualmente circularla para su aprobación,y publicarla.

Implementado así, el costo de cumplir el cupo obligatorio es algo que se le endilga y asume el ciudadano-empleador debiendo sumar -y por lo tanto alterar- a su estrategia de productividad un factor que es indistinto a esto.

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Lo aporético es que, no tanto en el corto, sino en el mediano y largo plazo, el eventual entorpecimiento de calidad y eficiencia de agregar elementos ajenos al foco productivo (o al talento, en caso de los concursos), que inexorablemente conlleva una medida coactiva de selección lo paga no sólo el, la,las o los obligados a ejecutarlo, sino indirectamente también el Estado, ya que ese margen de competitividad no suele ser sordo a la productividad ni al estímulo, lo cual atentaría contra la búsqueda de excelencia, el incentivo a la producción y a una perdida de competitividad a lo que,en líneas generales,estos forzamientos pueden desembocar, junto con el riesgo de tokenizar a los marginados.

En casos en que valga la pena intervenir, la coacción no es la única forma. Una posibilidad es que el costo del cupo lo asumiera el Estado. Si por ejemplo, el Estado creara oportunidades y programas de trabajo para determinados nichos relegados a la oferta laboral como también lo son los travestis, por ejemplo. O bien, le garantice un incentivo al empleador a la hora de emplear a determinada persona relegada por su condición incentivando su inserción laboral.

Tampoco tiene la misma gravedad que un cupo obligatorio se aplique a un concurso, a una iniciativa X, a que se aplique a todas las sociedades afectando a la libertad de asociación contemplada en el Artículo 14 de la Constitución Nacional sin siquiera pasar por la Legislatura.

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Aún dicho todo esto, podría darse el caso que la fórmula de cupos obligatorios sea aplicable para determinados casos puntuales y específicos. Pero la drasticidad de sus consecuencias debería hacer que éstos sean la excepción, debiendo garantizarse mínimamente que se hayan contemplado y agotadolas instancias educativas y de incentivos con anterioridad. Que el cupo obligatorio sea una medida de moda que se aplica de manera intempestiva y a nivel generalizado es algo que debería preocuparnos a todes.

La mayoría de las medidas no son buenas o malas sino que dependen el sustrato de adonde se aplican, el momento en que se llevan a cabo y el objetivo que persiguen.

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