29 oct 2020
OPINIóN |Columna
viernes 25 septiembre, 2020

Transmisibilidad e inmunidad del SARS-CoV-2

El diagnóstico es un arte que depende del conocimiento de la patología, en la medida que este conocimiento sea positivo, preciso y completo, solo entonces nuestro diagnóstico podrá ser efectivamente positivo, preciso y completo.

Coronavirus Foto: Rottonara / Pixabay
viernes 25 septiembre, 2020

En el probablemente primer tratado académico sobre Filosofía de la Medicina, Eliseo Bartlett (1844) [1] aseveraba que resulta inseguro tanto como “no filosófico” intentar inferir o deducir positivamente e independientemente de la efectiva experimentación, los elementos observables en un organismo a partir de las características observables en otro. Ciertas analogías podrán indicarnos hacia dónde podremos dirigir nuestra investigación, pero nada más que ello.

Parafraseando a Rousseau, Bartlett sostenía una fuerte noción naturalista de que toda ciencia está en hechos o fenómenos de la naturaleza y su interrelación, y no en la mente de quien descubre estos hechos o los interpreta. En el mismo sentido señalaba que el diagnóstico es un arte que depende del conocimiento de la patología, en la medida que este conocimiento sea positivo, preciso y completo, solo entonces nuestro diagnóstico podrá ser efectivamente positivo, preciso y completo.

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Es evidente que estas precisiones no han perdido vigencia, éstas también concuerdan en un todo con nuestras recomendaciones anticipadas por este mismo medio en marzo y abril pasado. A la luz de los acontecimientos y observando un hipotético diario del viernes del SARS-CoV-2, (ya que aún nos encontramos distantes de poder discernir el contenido de un eventual diario del lunes) es posible identificar diferentes errores cometidos tempranamente:

  • Subestimación de la llegada del virus y subestimación de sus reales características patogénicas.
  • No aislamiento temprano y efectivo de todos los pasajeros entrantes ni su efectiva trazabilidad.
  • Tardanza, escasez y restricción semiótica de la pruebas diagnósticas (solo ante la presencia de ciertos síntomas), lo cual favoreció una difusión masiva a través de portadores asintomáticos (esto debido a la falsa creencia de que solo contagiarían quienes manifestaran alta carga viral y síntomas como fiebre, congestión, etc.).
  • Insistencia médica en la no utilización temprana de barreras físicas por parte de los ciudadanos de a pie (barbijos y otros), su adopción tardía e incorrecta en muchos otros (tapabocas, bufandas) etc.
  • No creación de equipos masivos de trazabilidad personalizada, desaprovechando miles de empleados públicos sin tareas efectivas asignadas.
  • No impulso y coordinación científica estatal, al desarrollo de pruebas más extensivas de tratamientos con probables evidencias terapéuticas observadas para los diferentes estadíos patocrónicos del SARS-CoV-2 (plasma de convalecientes, nebulizaciones de ibuprofeno sódico, uso de corticoesteroides  e ivermectina).

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Sobre esta cuestión resulta evidente que en muchos casos debería haberse transformado en mandatoria, extensiva y supervisada, la publicitada y muy mal nombrada noción de “terapia de uso compasivo” basada en el art 37 de la Declaración de Helsinki:

Cuando en la atención de un paciente las intervenciones probadas no existen u otras intervenciones conocidas han resultado ineficaces, el médico, después de pedir consejo de experto, con el consentimiento informado del paciente o de un representante legal autorizado, puede permitirse usar intervenciones no comprobadas, si, a su juicio, ello da alguna esperanza de salvar la vida, restituir la salud o aliviar el sufrimiento. Tales intervenciones deben ser investigadas posteriormente a fin de evaluar su seguridad y eficacia. En todos los casos, esa información nueva debe ser registrada y, cuando sea oportuno, puesta a disposición del público.” 

Con información relevante en este figurado diario del viernes, podemos constatar entonces un conjunto importante de evidencias que deberán enriquecer nuestro conocimiento y comportamiento generalizado:

  • El CDC de Estados Unidos ha presentado evidencia sobre niños en Centros Educativos en Utah con edades de entre 8 meses y 10 años que con muy leve o ninguna manifestación semiótica, contagiaron efectivamente la enfermedad a trabajadores, padres y otros niños.
  • Es evidente que una gran mayoría de niños transcurren la infección de modo asintomático o con síntomas leves, pero se han documentado casos del Síndrome Multisistémico Inflamatorio Pediátrico (MISC-C)  vinculado con SARS-CoV-2. Investigadores del Karolinska Institute contrastando  resultados con la enfermedad de  Kawasaki descubrieron en este (MISC-C)  una menor presencia de una citoquina denominada Interleukina 17ª.
  • Investigadores de la Universidad de Oxford lograron identificar en 191 casos las características específicas de los procesos de transmisión y contagio. En un 41 % de casos la transmisión ocurrió antes de que fuera observada ninguna manifestación clínica en el transmisor (pre o asintomático) y en un 35% ocurrió en el mismo día  o al día siguiente de que aparecieran síntomas en el transmisor. Esto demuestra definitivamente la importancia epidemiológica de testeos masivos de sintomáticos y asintomáticos,  trazabilidad de contactos y uso de barreras y distanciamiento físico preventivo (no necesariamente cuarentena y encierro generalizado).

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Esta identificación de características de excreción viral y transmisibilidad resultan esenciales a la continuidad de esfuerzos, especialmente si nos concentramos en las cuestiones críticas centrales respecto a la duración de inmunidades, correlación  entre cantidad de anticuerpos e inmunidad protectiva,  y las eventuales reinfecciones.

Un estudio (meta-análisis) muy reciente del Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), ha reunido diferentes evidencias significativas sobre estas cuestiones:

  • La revisión de 133.266  pruebas de laboratorio de casos confirmados  identificaron 243 hisopados positivos 45 días después del primer episodio de SARS-CoV-2, encontrándose  54 casos con evidencia de reinfección (segundo PCR positivo con valores de Ct <30 o información contextual sobre reaparición de síntomas.
  • Anticuerpos IgG específicos al SARS-CoV-2 fueron detectados al final de un periodo de seguimiento (hasta 94 días), y más de un 90% de infectados desarrollaron una respuesta inmunológica neutralizante.
  • Esta inmunidad no puede considerarse definitiva ni extensiva (inmunidad de rebaño) ya que un conjunto variado de reinfecciones han sido apropiadamente documentadas. Según el (ECDC) las circunstancias de estas reinfecciones han sido diferentes y diversas; en algunos casos por ejemplo no se detectaron anticuerpos presentes al momento de reinfección, pero se desarrollaron anticuerpos luego del segundo episodio.

La maratón de potenciales vacunas en la que nos encontramos insertos y su posible éxito dependerá en definitiva –además de los múltiples riesgos asociados con el acortamiento de plazos en los ensayos clínicos– del modo en que se comporte nuestro sistema inmunológico frente al virus y sus eventuales mutaciones.

 

[1] Bartlett Elisha “Essay on the Philosophy of Medical Science” (1844), Forgotten Books Ltd. London 2018.

 

* Dr. Econ, MBA y Bsc.- Profesor e Investigador Economía de la Salud. 


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