OPINIóN
Análisis

La guerra detrás del etiquetado frontal de alimentos

La gran incógnita es si las marcas podrán sobrevivir a la desaparición de sus personajes o harán esfuerzos por reformular sus productos y así mantener intactos los superpoderes de sus héroes y mantener su imagen saludable.

Etiquetado frontal de alimentos 20211005
Etiquetado frontal de alimentos | Agencia Telam y Twitter

El propósito fundamental de la ley es alertar a los consumidores sobre la cantidad de calorías, grasas y azúcares de un alimento, incluyendo octógonos negros con letras blancas en los productos que contengan exceso de componentes perjudiciales para la salud.

Los productos que acompañen el etiquetado estarán inhibidos de usar en su packaging personajes infantiles, animaciones, dibujos animados, celebridades, deportistas o mascotas. Tampoco podrán utilizar como promoción, elementos interactivos, juegos, entregar o prometer obsequios, premios y regalos, participar de eventos deportivos, teatrales, musicales y culturales.

Los datos indican que la situación es compleja para una población que registra más del 61% de las personas con exceso de peso, según la encuesta 2018 del INDEC sobre Factores de Riesgo. Los valores más altos de la región, de acuerdo con un estudio de la OMS y la OPS del 2019, con 4 de cada 10 niños con obesidad y 7 de cada 10 adultos con tendencia a la misma.

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Por qué molesta tanto el proyecto de etiquetado frontal 

 

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Estas restricciones, pondrían en jaque algunos íconos marcarios que nos acompañan desde la infancia, como el héroe espacial que capitanea alfajores, amables leones que se alimentan de cereales, conejos chocolateros que nos preparan la merienda, el simpático nene con jopo convertido en sinónimo de alfajor y ositos panaderos.

Por otro lado, existe en el imaginario popular la identificación directa de algunos productos con la alimentación sana. El dato sorprendente es que algunos yogures y otros productos a base de leche o saborizantes a base de queso rallado, según la letra chica de sus envases, también se harán acreedores a su octógono negro.

La gran incógnita es si las marcas podrán sobrevivir a la desaparición de sus personajes o harán esfuerzos por reformular sus productos y así mantener intactos los superpoderes de sus héroes y mantener su imagen saludable.

Etiquetado frontal: las 10 cosas que hay que saber sobre la ley

En el sector alimenticio, un fabricante de productos para celíacos sorprendió al indicar que sus envases cuidados y bajo estricto control técnico, también serán rotulados como no saludables y mencionó los problemas comerciales que causará la falta de criterio unificado para el Mercosur, lo cual dificultará la exportación. Asimismo, señaló que el etiquetado apunta contra algún aspecto posiblemente negativo del producto, pero no resalta sus beneficios.

Según las asociaciones de kiosqueros, la cual nuclea a más de 100.000 puntos de venta en todo el país y tiene lazos con entidades similares en la región, nadie compra un alfajor porque lo considera saludable, el consumidor va al kiosco en busca de una gratificación o se puede permitir en términos económicos.

En cuanto al consumidor, existen movimientos de madres y padres que luchan porque los kioscos escolares solo ofrezcan productos saludables. Por su parte la generación Z (1995-2012) muestra predisposición por leer la etiqueta de los productos y cambiar sus hábitos de compra en función de la información que obtiene, pero la realidad es que estudios privados indican que sólo alrededor del 11% de los consumidores lee las etiquetas al momento de elegir un producto y en su mayoría solo busca datos de vencimiento y no de valor nutricional.

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“Si crees que la educación es cara, prueba con la ignorancia”, éste aforismo de Derek C. Bok, rector de la Universidad de Harvard, es perfectamente aplicable a la situación en la cual nos encontramos frente a la conciencia del consumidor sobre la alimentación sana.

Además de la vulneración a derechos humanos esenciales, los problemas de alimentación tienen consecuencias negativas directas sobre la economía pública y privada. Se estima que una persona obesa gasta en salud 25% más que una persona sin sobrepeso.

En este contexto, no debemos olvidar que el consumidor responde a sus necesidades y deseos, si el contenido nutricional de un alimento no forma parte del conjunto de atributos considerado para la compra, no hay chance de que sólo una etiqueta cambie sus hábitos de consumo.

 

* Lic. Norberto Patanó. Lic. en Marketing. Coordinador de la carrera de Marketing en Fundación de Altos Estudios en Ciencias Comerciales.