OPINIóN
Economía

El default total, una opción concreta: dogmatismo o razonabilidad

La problemática de la deuda está siendo mal analizada: Argentina tiene un problema de liquidez, no de solvencia.

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Dólares | PASJA1000 / PIXABAY.

La problemática de la deuda está siendo mal analizada: Argentina tiene un problema de liquidez, no de solvencia. El ratio de 90% de deuda a PBI al 31 de diciembre mezcla un tipo de cambio nominal alto con un PBI promedio anual en pesos. Si se corrige el PBI, el ratio baja a 70%, cifra que incluye la tenencia intra-sector público. La deuda neta es de menos del 50% (incluyendo la deuda con el FMI), lo que ubica a la Argentina en una posición ventajosa contra otras economías del mundo, emergentes y desarrolladas. De hecho, el propio Ministro de Economía definió como deuda elegible menos de US$ 90.000 millones, lo que equivale a menos del 20 % del PBI.

La concentración de vencimientos es en sí misma una señal de falta de confianza en el país. El pago de deuda está concentrado en el corto plazo: este año los vencimientos superan el equivalente a 10% del PBI. Conseguir un superávit primario de esa magnitud para hacer frente a los compromisos es absolutamente inviable social, política y económicamente.

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La deuda emitida bajo legislación nacional es la que presenta la mayor urgencia, y de ahí mi posición de que la racionalidad conduciría a una estrategia de negociación que separase por legislación y no por moneda. Del total de servicios de deuda de lo que resta del año, neta de las letras intransferibles y adelantos transitorios, más del 82% corresponde a deuda emitida bajo legislación nacional, otro 11% del total son servicios con organismos internacionales, mientras que solo el restante 7% corresponde a servicios de deuda bajo legislación extranjera.

Las implicancias del incumplimiento de los bonos emitidos bajo legislación extranjera son mucho más severas, y creo que es más razonable que el gobierno recurra al pago con reservas internacionales mientras se avanza con las negociaciones. El incumplimiento de un servicio de estos bonos coloca al país, luego del período de gracia pertinente, en situación de default. El ministro, en sus últimas presentaciones, dio a conocer objetivos de acumulación de reservas bastante inferiores a lo que se espera consistente con el superávit externo, lo que daría la pauta de que su escenario puede también contemplar el uso de reservas para pago de deuda externa.

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Un eventual default gatillaría las cláusulas de cross default y aceleración de pagos, habilitando a los acreedores a exigir el pago de la totalidad de la deuda independientemente de cuándo operen sus vencimientos. Al mismo tiempo, es de esperar la adquisición de estos bonos por parte de fondos buitre, con lo cual las negociaciones comenzarían a transitar por los tribunales de países extranjeros, experiencia que sufriera el país recientemente.

Para lo que resta del año, se debe afrontar el pago de sólo US$ 3.500 millones en servicios de deuda emitida bajo legislación extranjera, US$ 500 millones en este mes. Estos montos son fácilmente financiables utilizando reservas internacionales del Banco Central a raíz del superávit externo que la economía tendría este año (es esperable una leve mejora del saldo externo a raíz del COVID19). Vale aclarar que esta práctica no es deseable ni sostenible en el largo plazo porque al cubrir a un acreedor – los tenedores de bonos – se desprotege a otro acreedor – los tenedores de pesos – que, en caso de bajar su demanda puede traer aparejado una suba del tipo de cambio y de la inflación. La manera sostenible es comprometerse a un sendero de superávit fiscal sostenido en el tiempo.

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Si bien un default puede generar algún ahorro de corto plazo (por el no pago de intereses ni vencimientos), también obliga al sector público a recurrir a la emisión monetaria (o a ajustar el gasto público) como única fuente de financiamiento en esta crisis que acentúa la necesidad fiscal, poniendo un piso a la inflación de los próximos meses.

Los costos de mediano y largo plazo son enormes por el recorte de financiamiento internacional también para el sector privado. Sin éste, es imposible pensar en lograr una expansión de la inversión, que permita lograr finalmente un proceso de crecimiento sostenido que nos saque la tendencia de deterioro secular que enfrenta la economía nacional desde hace décadas.

 

* Economista, socio de Arriazu Macronalistas.