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OPINIóN / Análisis
lunes 12 agosto, 2019

Presidente virtualmente electo

Alberto Fernández tendrá que presentar su equipo económico pronto, corriendo el riesgo de decepcionar expectativas de su votantes para calmar a los mercados.

por Jorge Fontevecchia

Alberto Fernández, el gran ganador. Foto: Prensa Frente de Todos.

Tanto mencionar Cambiemos que sería el único presidente no peronista que terminaría su mandato sin tener que adelantar la entrega del mando, para que ahora el gobierno de Mauricio Macri tenga que ponerse a estudiar aquel final de Alfonsín en 1989 y aprender cómo se hizo para sobrevivir los meses que pasaron entre que el triunfo de Menem en la urnas y momento de poder asumir.

No resistió Alfonsín esperar todos los meses que faltaban para el traspaso de mando pero nadie resiste tener un presidente electo o virtualmente electo que propone otro modelo de país sin pasar automáticamente a ser un pato rengo y perder el control de la economía. No lo va a resistir Macri sin producir cambios y acuerdos con Alberto Fernández. El problema de Alfonsín fue que había adelantado las elecciones, el de Macri que se convirtieron las Paso en virtuales elecciones anticipadas, haciendo a Alberto Fernández presidente virtualmente electo.

Otro ejemplo de la historia fue Néstor Kirchner en 2003, quien tenía que esperar el ballotage con Menem para ser presidente electo pero la diferencia de votos en la primera vuelta indicaba que no había forma de que su competidor le ganara y también fue inmediatamente “presidente virtualmente electo”.

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A Alberto Fernández aún no le cayó la ficha de su condición de presidente electo, en su discurso cuando ayer llamó a redoblar esfuerzos para conseguir más votos en octubre y habló de “dentro de dos meses”, muestra su incomprensión: su problema es dentro dentro de dos días y no dentro de dos meses. Su problema es que, ya a partir de ahora, lo que pase en la economía argentina también será responsabilidad suya.

Comparte la misma premura de agenda de Mauricio Macri quien en no más de dos días deberá lograra un acuerdo con Alberto Fernández y crear alguna forma de co-gobernabilidad junto a una transición ordenada: la irremontable diferencia de 15% no requiere esperar a octubre para saber que no habrá segunda vuelta.

Otro ejemplo de la historia reciente fue cuando Lula ganó en Brasil su primera presidencia en 2003. En un país nada dolarizado, el triunfo de Lula hizo que el dólar pasara de 1,80 reales a casi 4. En Brasil solo había dos meses entre la elección y la asunción, la mitad de los que nos separan del 11 de agosto al 10 de diciembre ahora en Argentina, y fue necesario que Lula designara al presidente del BankBoston de Estados Unidos, Henrique Meirelles, identificado con la política económica tradicional de la derecha y los grandes capitales, como presidente del Banco Central do Brasil para calmar los mercados. Meireles con Lula redujo la inflación a la mitad y bajó la tasa de interés a su nivel más bajo de la historia. Y también con Meireles siendo ministro de economía de Michael Temer antes de asumir Bolsonaro, Brasil aprobó la reforma laboral.

El triunfo de Cristina Kirchner y el papelón de los encuestadores

Quizás Alberto Fernández venga con ideas económicas ortodoxas que sin llegar a ser neoliberales como las definió Guillermo Moreno, sean cercanas a las de Lavagna y el conflicto expresado por su asesor económico Guillermo Nielsen en el reportaje de PERFIL hace algunos domingos cuando dijo que Kicilloff “era un marxista disfrazado de keynesiano sea una buena señal de las diferencias de la perspectiva económica entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

Pero aún si así fuera, no podrá esperar a mostrarlo gobernando porque se lo responsabilizará también de lo que suceda estos meses hasta que asuma. Alberto Fernández tendrá que presentar su equipo económico pronto, corriendo el riesgo decepcionar expectativas de su votantes para calmar a los mercados. Tendrá que invertir parte de su triunfo electoral para poder asumir con una economía que no esté en perores condiciones que las actuales. Paralelamente Macri tampoco podrá esperar hasta entregar el mandato para traspasar el poder. Hoy mismo su poder ya es compartido con Alberto Fernández. En 1989 Alfonsín envió al equivalente de su jefe de Gabinete, Rodolfo Terragno, a La Rioja a negociar con el presidente electo la transición.

Cuanto antes se den cuenta Alberto Fernández y Mauricio Macri de que las cartas ya se echaron y que no hay que espera a octubre ni mucho menos hasta diciembre, será mejor para ellos y para la Argentina.


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