OPINIóN
Un desconocido protagonista de la historia argentina

Martín Balza escribe sobre el Teniente Coronel Felipe Antonio Pereyra de Lucena

Héroe de Cotagaita y Suipacha, mártir de Yuraycoragua, es el primer oficial argentino muerto en combate por los ideales de Mayo.

Teniente Coronel Felipe Antonio Pereyra de Lucena.
Teniente Coronel Felipe Antonio Pereyra de Lucena. | Revista Ciencia Hoy

Héroe de Cotagaita y Suipacha, mártir de Yuraycoragua, es el primer oficial argentino muerto en combate por los ideales de Mayo. Su nombre, Felipe Antonio Pereyra de Lucena, está inmortalizado en la Pirámide de Mayo.

Nació en Buenos Aires el 27 de mayo de 1789. Muy pocas fechas jalonan la corta vida de este héroe de la libertad. En 1806, a los 17 años, recién egresado del Real Convictorio Carolingio, junto con sus compañeros de estudios, intervino en las Invasiones inglesas, a las órdenes de Juan Martín de Pueyrredón. En la jornada del 12 de agosto recibió su bautismo de fuego. En julio de 1807, volvió a evidenciar su capacidad y coraje al dirigir el fuego de una pieza de artillería que apuntaba a la calle hoy Perú, por la que avanzaba la columna del coronel inglés Henry Cadogan. Por su actuación, fue promovido a subteniente del Cuerpo Patricios de la Unión. En octubre de 1809 fue ascendido a teniente del Cuerpo de Artillería Volante con asiento en Córdoba. En agosto de 1810, ya capitán, se hizo cargo como Segundo Jefe. Este ascenso tiene gran mérito, puesto que se efectúa en plena campaña, entre experimentados oficiales de mayor antigüedad.

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Son los sucesos de Cabeza de Tigre y del fusilamiento de Santiago de Liniers, la acción contra la fortaleza de Cotagaita (octubre de 1810),que fracasa, y el triunfo de Suipacha, que logra su toma en noviembre del mismo año. En ellos ya actúa Pereyra de Lucena con el grado de Comandante de Artillería, en posesión definitiva de la Jefatura de esa Arma. Fue directamente Juan José Castelli quien que solicitó su nombramiento a la Primera Junta. Luego de la batalla de Suipacha, cuando la columna expedicionaria acampó en la cercanía del lago Titicaca, en los llanos de Huaqui, el batallón de Artillería Volante, integrante con efectivos de artillería de Cochabamba y otros provenientes de Buenos Aires, de Chuquisaca y Potosí, ocuparon posiciones en los cerros de Yuraycoragua. Nuestro héroe comandaba 200 artilleros y una veintena de cañones. Esa es la fuerza que enfrentó el sorpresivo ataque de las tropas españolas, al mando del general José M. de Goyeneche, cuando éste, rompiendo el pacto de tregua de mayo de 1811, acordado con el general Antonio González Balcarce, dio lugar al hecho conocido en nuestra historia como el desastre de Huaqui, el 20 de junio de 1811.

El combate fue desigual desde su iniciación, la superioridad numérica del enemigo y lo improvisado de su ataque lo favorecían, haciendo vislumbrar la derrota inminente. Hubo en esta acción más de una lamentable defección, y ellas motivaron que todo el peso del ataque recrudeciera contra los artilleros de Yuraycoragua. Solo la épica resistencia de éstos facilitó una retirada, no exenta de honra para el grueso de las tropas.

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Abona aquí Pereyra de Lucena su derecho a la gloria. La herida que recibe es mortal y la mejor condecoración a su voluntad de servir a la insipiente Patria. Viamonte, Balcarce y Castelli hacen llegar a la Primera Junta una síntesis de sus méritos. Es el primer oficial argentino de graduación muerto en acción de guerra por los ideales de Mayo. Tenía apenas 22 años. En una elocuente nota de pésame dirigida a su padre el 3 de agosto de 1811, entre otros conceptos, Cornelio de Saavedra expresa: "Una sola cosa debe enjugar las lágrimas de su familia en la pérdida del mejor de sus hijos, y es que, cualquiera que haya sido la desgracia de los que sienten su temprana muerte, él ha concluido su carrera llena de gloria con un mérito comparable al de muchos años de relevantes servicios”. Pocos días antes, con fecha 31 de julio, había sido acordado por la Junta la inscripción en uno de los paños de la columna del 25 de Mayo, el nombre de Pereyra de Lucena, junto con el militar uruguayo Manuel Artigas, muerto en el combate de San José en la otra banda del Río de la Plata.

Este es el relato que diariamente se complace en repetir, con inalterable emoción al corazón argentino, la única placa que ostenta lo que con familiar ternura llamamos “la pirámide”, mientras allá en el Norte, en una antigua aldehuela boliviana de la época de Virreinato, reposan los restos de este hijo de Buenos Aires que dio su vida por la libertad.

En 1999, El Ejército Argentino impuso su nombre al Grupo de Artillería 5 (GAM 5), sito en la ciudad de Jujuy.