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OPINIóN / Columna de la UB
martes 8 octubre, 2019

Consumir era el problema… y la solución

De haber conseguido sostener de forma sustentable el consumo, el gobierno hubiera logrado un resultado electoral muy diferente.

Miguel Francisco Gutiérrez (*)

Pesos argentinos. Foto: elluisx / Pixabay.
martes 8 octubre, 2019

La reducción constante del consumo durante los años de gestión de la actual administración, la falta de inversión y las incoherencias de largo plazo en el manejo de la cuenta de capital provocaron una notable crisis de las variables macroeconómicas vinculadas con la inflación, el empleo, el crecimiento y el endeudamiento externo.

En un mundo que se plantea las posibilidades de crecer, producir alta tecnología y planificar los accesos a los trabajos del futuro, en la Argentina, el Gobierno intenta mantener un dólar estable. Podríamos considerar la posibilidad de nuestra incapacidad estructural o la existencia de un complot internacional, pero estas opciones aparecen como explicaciones simples de fenómenos complejos, que tienen su base en la regulación de la actividad económica aplicada por los países con relación al resto del mundo. De hecho, los países exitosos planifican un futuro de largo plazo en el que la competencia se basa en la posibilidad de obtener crecimiento económico sostenido, inclusión social y entornos sustentables.

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Hoy, cuando la comunicación genera posibilidades de accesos que hasta hace unas décadas eran impensados, se producen varios fenómenos. En una sociedad en que la exposición pública de lo privado representa una forma de ascenso social, los consumos son valorados cada vez más. Esta sociedad de la conectividad posibilita la observación de los fenómenos sociales y económicos en tiempo real. Esto incluye los consumos en el mundo, las políticas de regulación de los territorios y también las desigualdades.

De hecho, podríamos advertir que, de haber conseguido sostener de forma sustentable el consumo, el gobierno hubiera logrado un resultado electoral muy diferente. Sea por intención u omisión, el resultado está a la vista. No existió planificación de largo plazo basada en la ampliación de oportunidades de accesos para la mayoría de la sociedad. Esta falta de planificación y pérdida de credibilidad se expresaron en la diferencia electoral entre el 2017 y el 2019.

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El 2020 se vislumbra con incertidumbre, pero con oportunidades. Las posibilidades de revertir el ciclo económico mediante una ampliación del consumo son altas. Estas acciones tendrán como límite la estabilidad del tipo de cambio y la sustentabilidad de las reservas internacionales. Para resolver esta disyuntiva, es posible que la nueva administración recurra a un mayor control de la liquidación de divisas internacionales de exportación (política implementada en los países desarrollados), a un desdoblamiento cambiario producto del diferencial de productividad (para desacoplar el precio internacional de los alimentos) y a una ampliación de las líneas de crédito internacional.

Si bien estas políticas podrán generar un cambio en el corto plazo, será necesario conocer la estrategia de largo plazo para la integración internacional de la Argentina. Esto será posible sólo en la medida que incluya en el consumo a la mayoría de la sociedad y que ofrezca mensajes claros sobre la asignación de incentivos para la inversión.

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La seguridad jurídica que requieren los mercados para invertir se basa en la estabilidad de largo plazo de las estrategias de crecimiento. La Argentina debe volver a pensar su camino, para atreverse a establecer acciones de transformación de alto impacto. Necesitamos nuevos planes, más descentralización, más oportunidades y una nueva política regional que potencie las actividades productivas y tecnológicas. Las oportunidades son muchas si hacemos lo que hay que hacer.

La actual administración estableció un diagnóstico de las problemáticas económicas de una sorprendente simpleza: la falta de creación de riqueza se debía a la ausencia de inversión, que llegaría en la medida que se incremente la desregulación del mercado de cambios y la apertura de capitales. Este diagnóstico y sus posteriores acciones de política pública produjeron una reducción de los ingresos reales y una fuerte contracción del consumo, profundizada por el ajuste de las tarifas de energía. Tal vez la estrategia era simple: el consumo.

(*) Director del Centro de Estudios Económicos e Históricos sobre el Desarrollo de la Universidad de Belgrano.


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