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OPINIóN
viernes 20 marzo, 2020

Ama tu ritmo, la era de la integración (segunda parte)

Los números (con "el peso y la medida", según Platón, pitagórico hasta la médula) cobran una connotación trascendente, sagrada, Universal.

Números Foto: GERD ALTMANN / PIXABAY
viernes 20 marzo, 2020

“Ama tu ritmo y ritma tus acciones bajo tu ley, así como tus versos; eres un universo de universos y tu alma una fuente de canciones. La celeste unidad que presupones hará brotar en ti mundos diversos, y al resonar tus números dispersos pitagoriza en tus constelaciones.” (Rubén Darío)

Dedicado a Jaime Bohigas, profesor de geometría, actor, peregrino, comunicador magistral.

El águila y el cóndor, la era de la integración

Las cualidades del Alma

En tiempos ya muy lejanos, habitaron en la tierra los gimnosofistas. Según se sabe (o cuenta la leyenda) estos eremitas (o ermitaños) muy pobres eran oriundos de la India, y en tiempos faraónicos arribaron a Egipto, a las márgenes del Nilo y fueron los primeros geómetras de la región.  

¿Gimnosofistas? ¿Geómetras? Pues claro: medían la tierra. Trabajan en el suelo desnudo con los “aritmos” (los números) para descubrir las cualidades del Alma. ¡Ya ven que la cosa se pone buena!

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Con el paso de los siglos, sus descendientes egipcios usaban la geometría para devolver las áreas de la tierra a sus legítimos propietarios. Cubierta por el limo del las crecidas, las cuales tapaban todo el terreno en épocas de bajamar, la tierra necesitaba del ejercicio del geómetra para retornar esa metáfora del Caos Primigenio al Cosmos, al Orden. Por tanto, recreaban el acto primero de la Creación. Este conocimiento se propagó después a la Grecia Antigua a través de Pitágoras, que más que una persona se piensa ahora que fue una escuela entera de conocimiento (mucho antes de los pitagóricos), el “Ágora de Pita”, Dios védico –indio- Padre de los Cielos. De Grecia a Roma, y de Roma a nosotros.

Los números (con “el peso y la medida”, según Platón, pitagórico hasta la médula) cobran así, una connotación trascendente, sagrada, Universal. Puesto en palabras más contemporáneas, una connotación Poética…

A saber: los “números Idea” pitagóricos. La dimensión metafórica de los aritmos. El número como símbolo (cualitativo) y no ya meramente como signo (cuantitativo).

Pero bueno, vamos a ver: ¿Por dónde arranca la cosa?

La poesía de los números

Lo primero fue el Kaos. Ojo, a no confundir con el Caos que nosotros entendemos por desorden. El Kaos griego no es desorden. El Kaos griego es el punto. La Nada que lo es Todo. El reino de las posibilidades infinitas. Un Orden que no se distingue porque no tiene partes. Porque no tiene límites. Y no solo es ilimitado en lo grande; no hay límites definidos de ningún orden, ni grandes ni pequeños. 

Y de pronto, aparece el 1. La mónada.

El 1 es el número divino de la Unidad Primigenia. El Orden, o sea el Cosmos. El Todo. La manifestación del Caos. De lo ilimitado a los fragmentos limitados. El 1 se representa en la Geometría Sagrada (los antiguos la llamaban Natural) como un círculo. ¡Pero Ojo de nuevo! Si uno quiere, puede trastocar el círculo por el punto. El círculo como la suma de todas las posibilidades, y el punto como la primera manifestación. Recuerden que el Cosmos Es la manifestación del Kaos. Su desdoblamiento.

Y luego, vaya a saber uno cómo, ocurre la primera y más grande revolución de la historia del Cosmos. Aparece el 2.

El 2 es el símbolo de los opuestos, el de la elección, el de la separación, el del conflicto, el de la dualidad, el del Otro. Dice La Biblia: “Lo primero fue el verbo”. O sea, la palabra, el Logos. En realidad, el término original (en el griego clásico) acepta dos traducciones: verbo (palabra) y radio (relación). O sea que lo primero fue la relación. ¡La relación! Por eso a no confundir Razón con “pensamiento” (como lo entendemos ahora), pues tiene aún más relación con el concepto de Relación (aquello que está “mediando”), muy por encima del mero pensamiento.

Decíamos que aparece la relación, entonces, entre el 1 -la Unidad primigenia- y el 1 pequeño, cuantificable (que no es el mismo que el 1 primigenio) con el 2. Ésta es la primera escisión en dos partes de esa Unidad. Ya ven, además, la relación entre Uno y uno. Se le acuña a Hermes Trimegisto haber dicho: “Como arriba, lo de abajo; para mayor gloria de la Gran Unidad”. Tri-megisto (tres veces grande). Hoy sabemos que el buen Hermes, al igual que Pitágoras, son ideas, escuelas, y no personas de la vida real. Y con este corolario, vamos al siguiente número sagrado.

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De sopetón, aparece el 3.

El 3 es la tríada, el tercer elemento genera una relación y, por tanto, un equilibrio entre los dos anteriores. Es la solución de conflicto, el Cupido de los enamorados, el espíritu santo del Padre y el Hijo, el chanchito pequeño y astuto del legendario cuento para niños, la cenicienta con sus dos feas hermanastras; aquel elemento que recupera el balance perdido con la aparición de la dualidad. El 3 recupera la Unidad, pero una Unidad distinta a la del número 1. Ha hecho un recorrido. Y ese recorrido que desemboca en un nuevo equilibrio, tiene un ritmo. La palabra “ritmo” también viene de “aritmos”. Y no es que fueran los números o los ritmos. Para los geómetras ambas cosas eran lo Mismo. Para un músico debería serla también. Los maestros de Cretona y otras ciudades pitagóricas eran, entre muchas otras cosas, sanadores. ¿Y cómo sanaban? Exponían a los enfermos a un orden (cosmos) numérico para que -por mimesis (término que luego inmortaliza Platón)- éstos regresaran al equilibrio. Ese orden numérico no era otra cosa que la música. La música, por tanto, es geometría en el tiempo capaz de dictar emociones. ¿Y cuál es el objetivo último de la música? El silencio, “la música de las esferas”. Es que este tema se desdobla en un fractal de refrescantes revelaciones... El silencio es la combinación de todas las armonías que producen los cuerpos celestes del universo. Como siempre están allí, “Silencio” es el nombre que le hemos puesto.

Aclaración al lector entusiasta: Por motivos de extensión editorial concedida, hasta aquí llegamos por hoy. En breve publicaremos la tercera parte de esta saga. Algo así como un “Pitágoras. La venganza final”.


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