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OPINIóN / Economía
viernes 14 junio, 2019

¿Podemos hablar de desinflación?

El 2019 cerrará con una inflación entre puntas levemente menor o igual a 40%. El gobierno podrá decir que será menor que la de 2018, pero no servirá de mucho.

por Gabriel Caamaño Gomez

La inflación es uno de los factores que afecta el consumo. Foto: NA

El último dato del Índice de Precios al Consumidor Nacional (IPCN) difundido por el INDEC, correspondiente a mayo pasado, fue de 3,1% mensual, lo que confirma la tendencia a la baja que se había comenzado a registrar el mes previo, luego del nuevo pico de marzo. Que había sido antecedido por el pico de septiembre. El acumulado del año ya es de 19,2%.

De esta manera la tasa interanual de mayo (acumulado en últimos doce meses) alcanzó a 57,4%, máximo desde la convertibilidad para esa serie que probablemente se sostenga, pues es de esperar, si no hay nuevos eventos en el mercado de cambios, que la tasa de inflación mensual continúe bajando lentamente, convergiendo lentamente al nivel mensual de 2% que caracterizó buena parte de los últimos años.

Sí esa expectativa, razonablemente optimista, se cumple. El año cerrará con una inflación entre puntas levemente menor o igual a 40%. El gobierno podrá decir que será menor que la de 2018, pero no servirá de mucho. Seguirá siendo demasiado alta desde todo punto de vista, incluso desde el pasado inflacionario reciente.

La inflación de mayo tuvo una leve desaceleración: fue del 3,1%

En ese contexto, surgen tres cuestiones. Primero, porque desacelera la inflación. Segundo, porque en principio el consenso no espera que perfore de forma significativa y en corto plazo el nivel de 2% mensual. Tercero, sí podemos hablar de desinflación sin ponernos bordó.

Respecto de lo primero, además de la dureza monetaria que fue una constante desde octubre del año pasado, pero que ciertamente se fue profundizando con el correr de los meses y cuyo impacto no es inmediato, la clave pasa por el lado de la mayor estabilidad cambiaria, un proceso de traslado a precios de buena parte del ajuste previo del TCN que se va agotando en el caso de los transables con el correr de los meses, el relanzamiento de precios cuidados y el fin de los ajustes tarifarios, al menos, por un tiempo.

También jugaron a favor efectos coyunturales, como ser la baja de los precios de la carne, que en los meses previos había subido significativamente como resultado de cuestiones climáticas que afectaron la oferta. La normalización de la oferta y la contracción de la demanda, en buena parte por sustitución con otras especies, dio pie a esta corrección.

Respecto de la mayor estabilidad cambiaria, vale la pena considerar que después del ajuste de más de 11% que experimento el TCN de referencia del BCRA entre untas de marzo, dicho guarismo se redujo a 1,5% y 2% mensual, respectivamente.

Para el BCRA, puede haber "efecto Pichetto" en la inflación

El impacto de la estabilidad cambiaria, de precios cuidados y las cuestiones coyunturales (carne bovina) se hicieron especialmente visibles en caso de los alimentos. Los precios del rubro variaron 2,4% mensual y se ubicaron bien por debajo del promedio por segundo mes consecutivo. Algo que no veíamos hace aproximadamente un año. Ese dato también es importante desde el punto de vista del impacto sobre las variables sociales del proceso inflacionario.

Respecto de lo segundo, el último REM (mayo) arrojó una perspectiva de inflación para 2019 de 40,3%, lo que indica que la mediana de la expectativa de inflación mensual de dicho relevamiento no se ubica por debajo de 2% durante lo que queda el año.

¿Por qué, con toda la dureza monetaria que está mostrando el BCRA? Parte de la respuesta va por el lado de la alta inercia inflacionaria y por la perdida de eficiencia de la política monetaria a la hora de realinear expectativas en un contexto de alta incertidumbre y un gobierno golpeado post crisis en términos de credibilidad e imagen.

Por otro lado, también tenemos el proceso de recomposición de los ingresos reales que se inicia con la paritarias, al menos en forma parcial, y que promete mantener calientes los precios de los no transables durante buena parte de los próximos meses.

En consecuencia, aun descontando que la estabilidad cambiaria llegó para quedarse, es difícil esperar que la tasa mensual perfore rápidamente y de forma significativa el 2% mensual. Al menos, no en el escenario base. Tal vez sí en uno optimista. Si además sumamos que no pueden descartarse nuevos shocks, sobre todo de cara a las primarias de agosto y la primera ronda de octubre, entonces empieza a quedar más claro porque el consenso apunta a eso.

En tercer lugar.

¿Podemos ya hablar de desinflación sin ponernos bordo?

Creo que no. Sería un exceso.

Inflación: de la canchereada al fracaso

Es cierto, la inflación bajó los últimos dos meses. Pero los registros siguen siendo muy elevados, aun comparando con períodos recientes, ese proceso todavía es heterogéneo y en parte está explicado por factores que no son sostenibles en el mediano plazo (congelamiento tarifas y precios cuidados)

En todo caso si podemos decir que la inflación esta convergiendo, en la medida que la crisis por balanza de pagos de 2018 y los últimos eventos que afectaron el mercado de cambios van quedando detrás, a niveles que están más en línea con los registros que caracterizaron buena parte de la última década. Y en eso están enfocados buena parte de los esfuerzos del BCRA, cuestión que los últimos cambios introducidos en el régimen monetario fueron evidenciando aún más.

Ese parece ser el desafío posible para lo que queda de 2019. Reducir la volatilidad de las variables nominales, de forma que las expectativas y la inflación vayan progresivamente retornando a niveles que, si bien siguen siendo muy elevados, no implican que el proceso haya subido en magnitud respecto del pasado reciente. En tanto, que quedará para 2020 intentar un proceso desinflacionario sustentable.


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