miércoles 30 de noviembre de 2022
OPINIóN Columna de la UB

Qué estrategias nutricionales permiten lograr cambios favorables en la microbiota del deportista

El intestino grueso se encuentra poblado especialmente por bacterias que conviven con otras especies celulares, en una suerte de “bosque biológico”. El mutualismo de estas bacterias con su medio ambiente (intestino humano) adquiere características de simbiosis, y resulta vital y beneficioso para la subsistencia de ambas partes (bacteria-humano).

11-10-2022 11:12

Así como los árboles se comunican entre sí por medio de sus raíces, estas bacterias intestinales tienen la capacidad de enviar señales y modular el comportamiento de órganos y tejidos varios (hígado, corazón, cerebro, tejidos adiposo y óseo, pulmones, riñones y piel), por medio de señalizadores químicos que viajan por nuestro organismo. Así podemos estrechar y acortar las distancias orgánicas, estableciendo una “comunicación” bien específica entre los diferentes sectores anatómico-orgánicos de nuestro cuerpo.

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La supervivencia y salud de este ecosistema están enlazadas con múltiples factores, que van desde un manejo de las situaciones estresantes y el sueño nocturno hasta si nos alimentaron con leche materna o si utilizamos ciertos medicamentos en la actualidad.

El “alimento” de las bacterias intestinales no es más ni menos que lo que ingerimos. Son aquellas moléculas que componen y constituyen los alimentos y que, al llegar a la última porción intestinal, son fermentadas por estas poblaciones bacterianas.

Vale agregar que, desde hace miles de años, el ser humano ha sido capaz de manipular estas bacterias mediante preparaciones culinarias como el chucrut, el kimchi, el kéfir, la kombucha y los yogures. Sin ir muy lejos, muchas bebidas alcohólicas son producto de una fermentación bacteriana específica.

Las chances no sólo se limitan a los alimentos, sino que también existen suplementos o fármacos que permiten la incorporación de cepas o especies bacterianas, con marcada relevancia para nuestra salud y rendimiento físico/mental.

Las consecuencias de la alimentación en estas bacterias

El ingerir comida ultraprocesada o “chatarra” produce modificaciones en la población de bacterias que, entre otras tantas incidencias, terminan por afectar nuestro rendimiento energético, modificando por ejemplo cómo utilizamos o acumulamos la energía ingerida. Diversas investigaciones muestran que alteraciones en el número de estas especies marcan aumentos de hasta 150 kilocalorías para depósitos. Recordemos que aquella energía que no se utiliza probablemente termine por reservarse como grasa en el tejido adiposo o entre los órganos, provocando sobrepeso y obesidad.

Un exceso de bebidas cafeinadas y con agregado de taurina (energizantes) puede inducir la producción de sustancias que han sido asociadas a una menor salud intestinal e incluso con mayores riesgos para el desarrollo de cáncer colorrectal.

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Para ensayar las respuestas que proporcionan estas bacterias sobre el funcionamiento orgánico es que se estudia con poblaciones humanas y animales (principalmente ratones de laboratorios) aquello que ocurre con la administración nutrientes particulares (hidratos, proteínas, grasas, vitaminas y minerales), alimentos, bebidas, suplementos y otros productos alimenticios (aditivos, edulcorantes).

En este sentido, la información es contradictoria y prometedora cuando brinda explicaciones que abarcan la salud y el rendimiento de los deportistas. En lo que respecta a la performance física, alimentos como la leche fermentada o el kéfir de leche han informado la disminución de marcadores de la inflamación, el dolor o el daño producido por ejercitar la musculatura.

Por otro lado, los períodos de ayuno e ingesta, de luz y oscuridad, regulan nuestros ritmos circadianos (los relojes internos de nuestro funcionamiento global). Sustancias como la cafeína (presente en el té, mate y las bebidas energizantes) y la melatonina pueden alterar nuestros ciclos de vigilia y sueño, lo que, en una segunda instancia, puede producir alteraciones en cómo la microbiota intestinal procesa los nutrientes.

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Los suplementos proteicos (muy populares entre las poblaciones deportivas) pueden influir diversamente tanto sobre el rendimiento deportivo como en la salud, alterando el número de bacterias no benéficas o mejorando la absorción de ciertos nutrientes. 

El complejo cuadro se completa cuando se incluye la coadministración de estas bacterias con otras sustancias, suplementos y nutrientes, con la realización y el tipo de ejercicio. Por ello es que aún nos encontramos muy lejos de ser concluyentes en varios aspectos, aunque los indicios sean claros sobre cómo y cuánto influyen las sustancias que ingerimos o cómo nos alimentamos. Mantener una visión holística sobre este asunto es crucial para seguir aprendiendo de las interacciones constantes y modulaciones silentes que ejercemos sobre estos microorganismos.

*Por Federico Cillo, profesor de la Licenciatura en Nutrición de la Universidad de Belgrano.