27 oct 2020
OPINIóN |Lo que dejó la marcha
domingo 18 octubre, 2020

Peronismo take away

Es imposible no sentirse interpelado con el movimiento de las remil corrientes. Pero…

El Presidente Fernández, durante el acto en la sede sindical. Foto: Télam.

… tanta diversidad acaba por dispersar. Los que son la calle, el pueblo trabajador y descamisado, los de Eva, los del General, los de Néstor, los de Cristina, la juventud, los de la justicia social, acaban por imponer de forma totalitaria a los que, por oposición, son la nada: en palabras peronistas, la corpo, la oligarquía, los traidores, los gorilas.

La marcha ratificó lo que cada tanto se olvida: atado desde su nacimiento a la antinomia argentina, el peronismo es el reverso de la sentencia radical “que se rompa pero no se doble”. Camaleónico, doblado en cuantas formas sean necesarias para sobrevivir, engloba a todos los que puede reivindicar. Los que pertenecieron al movimiento pero lo perjudican se guardan con la mugre, con disimulo y bajo la alfombra.

Hay tres marchas para recordar al General y la épica doctrinaria. La previa, con Julio Bárbaro; Guillermo Moreno, camino a convertirse en un león herbívoro, y Eduardo Duhalde, que pide unidad y sensatez, ahora que ya no ve golpes y destituciones. Dicen hacerlo con cuidado: la situación epidemiológica no está para aglomeraciones y los tres son grupo de riesgo (ironías y simbolismos, a un lado).

El 17, millones se conectan a una plataforma para acompañar el recuerdo al 75 aniversario con una marcha virtual organizada por el Gobierno nacional. Durante la tarde, la plataforma de streaming se cae. No hay entradas que devolver (al fin y al cabo, la militancia no se paga) pero sí denuncias de hackeo. Desde la Secretaría General de Presidencia aseguran que la caída de los servidores no respondió al colapso de los e-manifestantes sino de una acción deliberada para impedir el acto. Restablecen el sitio mucho más rápido de lo que lo hicieron en septiembre con el hackeo al sistema de Migraciones.

marcha dia de la lealtad 17 de octubre g_20201017

El encuentro oficial corona con un acto hecho al modo de la vieja guardia peronista: discurso proselitista del nuevo líder. Los Gordos oficialistas (la CGT) reciben eufóricos al próximo conductor del PJ. No, no es Charly García ni Hugo del Carril entonando la marcha. Es el presidente Alberto Fernández que, aunque intenta justificarlo, contradice meses de comunicación gubernamental y pasa del “quedate en casa” a encabezar un discurso en el salón Felipe Vallese, principal auditorio de la CGT.

Fernández habla a todos los que lo escuchan, absortos, en las butacas, con distancia entre los asientos y barbijos. La postal de Azopardo puede ser auspiciosa para los protocolos sanitarios de la industria teatral. Si los empresarios del espectáculo se apuran, hasta podrían sacar provecho del acto e impulsar una propuesta similar para reabrir las salas porteñas.

El discurso es moderado, en línea con el estilo que intenta retomar para reconstruir la confianza perdida en los últimos seis meses. En IDEA no le funcionó pero entre las filas políticas, sí. Ya no grita ni polariza, algo que cae bien salvo para el momento de las definiciones. En las últimas semanas, algunos dirigentes de su entorno le pidieron que se independice de la novela Macri-Cristina. No se rompe, se dobla, pero a veces hay que jugársela. A veces, no. Siempre.

En el día de la lealtad, su compañera de gobierno intenta pasar desapercibida. No participa de la movida virtual ni de la tertulia en la CGT. Se limita a recordar en Twitter a Néstor, no a Perón. Es coherente: una parte del peronismo (incluso el “viejo de mierda” del General) siempre le cayó mal. En 2017, la filtración de unas escuchas de dudosa legalidad la exponía mandando a los peronistas a “lacrarse el orto”, frase que repetiría varias veces más. Pero no son días de revisar archivos: en 2019, Alberto calificaba al peronismo que ahora conduciría como “patético” en su vínculo con la expresidenta. Lo dejamos ahí.

Sectores del peronismo convocados por los Moyano se concentran en la 9 de Julio por el 17 de octubre.

Por su lado, los otros Gordos oficialistas nucleados en el Fresimona (Frente Sindical para el Modelo Nacional) salen en caravana. Dicen querer dar una muestra real de lealtad peronista y también recuperar la calle, contaminada por la oposición. Hacia adentro, improvisan una muestra de poder en el mapa sindical. Con Moyano a la cabeza, esa facción recuerda a todos en el Frente de Todos que todavía pueden hacer, sin mayor esfuerzo, esos “paritos” que tanto sacaban de quicio a la Casa Rosada años atrás.

Los antiperonistas con humor retoman unas líneas de las novelas policiales de Jorge Fernández Díaz: “Celebran el día de la lealtad y los otros 364 se traicionan con alegría”. De todas maneras, participan de la quintaesencia de la política nacional: son lo que el opuesto no. Todos argentinos de bien discutiendo formas abstractas de pertenencia política y gobierno.

En nombre de otros, del movimiento, del General o de vaya cuánto ideal adecuado para el momento, se celebra la liturgia que alguna vez perteneció a los trabajadores, la misma masa que se achica cada vez más. A los desposeídos, que crecen en cantidad. Los mejores días fueron peronistas.

Y los que vienen, esperan que también. Son tiempos de mesas intersectoriales y no hay sillas para todos, un panorama que se repetirá en poco tiempo más con el armado de las listas para las elecciones legislativas de 2021. Para ellos se miden en su nombre. Indiferentes en una fiesta de sordos.

Llegan directo a casa, sea por la marcha virtual o por copar las imágenes de TV con la marcha del peronismo analógico. A favor, recuperan la calle para vencer el odio gorila. En contra, el festival del COVID y la traición. En cualquier caso, una distracción para la crisis generalizada actual, con interlocutores y responsables vivos, con cada vez menos tiempo que perder para trazar un plan de gobierno sustentable. Una experiencia lista para disfrutar. Recalentada, claro.


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