domingo 26 de septiembre de 2021
PERIODISMO PURO Entrevista - Miradas sobre el feminismo
27-08-2021 23:55
27-08-2021 23:55

Ayaan Hirsi Ali: "China tiene a Afganistán servida en bandeja"

Somalí de nacimiento, ex diputada en los Países Bajos, gran parte de su tarea intelectual y literaria estuvo enfocada en denunciar el trato que reciben las mujeres por el extremismo islámico. Desde esa mirada, dice que el retiro de tropas estadounidenses de Kabul y el regreso al poder de los talibanes son más que un error. Afirma que se produce un cambio geopolítico en el que Joe Biden abandona a sus aliados europeos.

27-08-2021 23:55

—El 14 de agosto usted tuiteó lo siguiente: “¿Cómo podemos resumir la política de la Administración Biden en Afganistán? Estúpida, irresponsable y peligrosa”. ¿Por qué el presidente de los Estados Unidos no previó las consecuencias de sus decisiones?

—Creo que sigue siendo así. Se demuestra en la entrega de bebés por encima de los cables de púas. Se pisotea a las mujeres y a los niños, la gente que trabajaba para el gobierno estadounidense en Afganistán, abandonada; los estadounidenses, atrapados en Afganistán. La pregunta no es si Estados Unidos debería haberse retirado de Afganistán. La pregunta real es: ¿por qué ahora? La forma en que se hace la retirada es estúpida, irresponsable y extremadamente peligrosa. 

—En su página web aparece un artículo denominado “Why the West is Best”, publicado en “Spectator World” en junio de este año. Allí dice que “puede que la civilización occidental no sea perfecta, pero no hemos visto nada parecido en ningún otro lugar de la historia de la humanidad”. En un reportaje de esta misma serie, el politólogo español Josep Colomer dijo acerca de la democracia: “Es el mejor de los sistemas, aunque los gobernantes hacen todo el tiempo lo posible por estropearla”. ¿Qué debe hacerse en torno al islam para que esto no suceda? 

—La civilización occidental debería estar orgullosa del desarrollo de instituciones que protegen la libertad y los derechos de los individuos, que generan prosperidad. También del Estado de derecho, de la propiedad privada y la igualdad de derechos entre hombres, mujeres y personas de diferentes etnias, religiones y razas. Otras civilizaciones aspiran a eso, pero no lo han hecho. No es el resultado de la civilización china, ni de la islámica, ni de ninguna otra. La civilización occidental hizo muchas cosas mal. Pero enfrentados a las alternativas, ¿alguien querría vivir con la ideología del gobierno de China o de Irán o de Arabia Saudita o de otro lugar? Sí, Occidente es lo mejor. Sin camuflar lo que Occidente hizo mal, sigo pensando que es muy importante contar la historia completa. Y esa historia indica que no tenemos nada mejor que la civilización occidental.

—La última tapa de la revista “Charlie Hebdo” toma el tema de Afganistán junto a una cuestión que tiene resonancias en Argentina. “Los talibanes son peores de lo que pensamos”, se puede leer en francés sobre la imagen dibujada, en la que se puede ver a tres mujeres usando burkas azules, todas con el nombre y el número 30 de Lionel Messi, insinuando el vínculo de los talibanes con el poder saudita. ¿El poder que sojuzga a las mujeres afganas es también económico? 

—El resultado de esa subyugación es que afecta a mujeres que están subyugadas. Viven en la miseria, pero también afecta a su sociedad. Las sociedades donde las mujeres están oprimidas son pobres. Hay falta de conocimiento y de derechos humanos. La opresión de las mujeres va más allá de las mujeres. Hace que toda la sociedad se hunda. En Afganistán, si fueran a liberar a sus propias mujeres, les permitirían seguir disfrutando de la educación que los estadounidenses establecieron, y ampliarla, permitirles trabajar, elegir a sus maridos y compañeros. Haría que la vida de cada mujer fuera más satisfactoria. Sería una mejora para toda la sociedad afgana. La evidencia empírica es que las sociedades que liberaron a las mujeres son estables, pacíficas y gozan de prosperidad económica, a diferencia de las que no.

—Donald Trump, entrevistado por “Fox News”, declaró: “Es un tiempo terrible para nuestro país. No creo que en todos estos años Estados Unidos haya sido tan humillado. No sé cómo llamarlo, una derrota militar o una derrota psicológica, nunca hubo nada como lo que pasó acá”. ¿Afganistán puede compararse con Vietnam y Corea?

—Tal vez sea mejor compararlo con la toma de rehenes de Irán en 1979. Vemos una teocracia islamista que se acerca y retiene a los estadounidenses. Es una situación potencialmente factible hoy. Donald Trump tiene razón en este caso. Estados Unidos está humillado en el escenario mundial, algo que era evitable. No había necesidad de que la administración Biden se retirara de esa manera. Y todo el mundo se rasca la cabeza al verlo. Incluso quienes están de acuerdo con otras de sus políticas se preguntan por qué se hizo de esta manera.

—¿Los republicanos y los sectores más vinculados a Donald Trump comprenden mejor la situación afgana que los liberales estadounidenses?

—Cuando Donald Trump fue elegido, en nuestra prensa se pusieron en macha controles y equilibrios. Los medios estaban pendientes de examinar a cada persona que se incorporaba a la administración. No lo hicieron con Biden. Hay personas como Jake Sullivan, el asesor de seguridad nacional, que no fueron debidamente investigadas. Hay personas en estos puestos que están por encima de sus capacidades. Existe incompetencia e ineptitud. No es que los republicanos entienden mejor Afganistán que los demócratas. Lo que pasó es que los actuales funcionarios no se enfrentaron al mismo escrutinio que Trump. En la épica de Trump, quienes no estaban de acuerdo amenazaban con renunciar, lo que disuadió de algunas actitudes. Todavía no hemos visto esto en la gestión actual. La gente del Pentágono, del Departamento de Estado, dice: “No teníamos ni idea, les dijimos lo contrario”. Deberían haber renunciado.

—En “Unher”, en julio escribió el artículo “America’s Spiteful Foreign Policy”. Dice: “Consideremos la actitud del gobierno estadounidense hacia Irak y Afganistán en los veinte años transcurridos desde el 11S. Ha invertido mucho en términos de vidas, heridos, moral y dinero en sus campañas en Oriente Medio. Al mismo tiempo, paradójicamente, ha aprendido mucho. Se ha conseguido más de lo que parece. Pero justo cuando empezaban a surgir los brotes verdes, Estados Unidos se rindió”. ¿Cuáles son las causas de esta paradoja?

—Es realmente una locura. Vivimos una época en la que la única superpotencia y líder de la civilización occidental que queda no solo tiene una capacidad de atención muy corta, sino que su política exterior se hace en modo de campaña. Hay que mirar a largo plazo. Debe haber algo que pueda llamarse bipartidista. Son cuestiones que deben quedar fuera de la campaña electoral. Cada presidente dice que cancelará lo que hizo el anterior. Así se hace extremadamente difícil que Estados Unidos sea un socio y aliado fiable. Los europeos y los países árabes están pensando en que ellos invirtieron mucho dinero y sangre. Entrenamos a algunos de estos líderes árabes en EE.UU. y en Europa y ahora los abandonamos.

—¿También fue “estúpida, irresponsable y peligrosa” la reacción de los gobiernos europeos ante los sucesos en Afganistán? 

—Joe Biden dijo en su campaña que sería un presidente distinto. “Voy a reparar estas relaciones con nuestros aliados que Trump destruyó”. Pero luego hizo esta locura. El Reino Unido responsabilizó a Biden de la caída de Kabul. No es precisamente reparar las relaciones con nuestros aliados, sino seguir destruyéndolas. Destruyó más esas relaciones que Trump en cuatro años.

Ayaan Hirsi Ali, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
OCCIDENTE. “La civilización occidental hizo muchas cosas mal. Pero enfrentados a las alternativas, ¿alguien querría vivir con la ideología del gobierno de China o de Irán o de Arabia Saudita o de otro lugar? Sí, Occidente es lo mejor. Sin camuflar lo que Occidente hizo mal, sigo pensando  que es muy importante contar la historia completa”. (Foto: Marcelo Dubini)

—Dijo que “Beijing ya está aprovechando el vacío de poder en Afganistán”. ¿Los talibanes romperán el equilibrio geopolítico en la región?

—Los talibanes son ahora más fuertes que en 1996 y en 2001. Tienen todo el dinero y las armas que los estadounidenses acaban de dejar. Afganistán está ahora servida en bandeja de plata. Volvieron. Al principio dirán que vienen en son de paz. Pero no es así. Impondrán la sharia, la ley islámica, de la forma más dura posible. Veremos de nuevo las decapitaciones, todos esos espantosos castigos, las amputaciones, los latigazos a las mujeres, las lapidaciones. Ya sucede. Está en marcha. Ya nos obligan a casarnos apenas salimos de la escuela. Es horroroso. Esto es lo que es el Talibán. Tampoco lo ocultan. Es desconcertante. No entiendo por qué nunca nos deshicimos de los talibanes. Sabíamos de lo que eran capaces si volvían al poder. Es exactamente lo que hacen y harán.

—También escribió que “los talibanes ‘modernizados’ han realizado un entrenamiento mediático, pero no debemos dejarnos engañar”. ¿Qué le recomendaría a las mujeres afganas?

—Cuentan con mi más sincera compasión. Las que pueden salir deben hacerlo, aun en las peores condiciones. Les digo que intenten sobrevivir lo mejor que puedan y mantengan encendida la vela del conocimiento las niñas que tuvieron la suerte de ir a la escuela. Deberíamos seguir contrabandeando libros e información. Es una situación trágica y desgarradora.

—Usted escribió sobre el islamismo como régimen político: “El régimen iraní lo ha implementado desde 1979. El Isis lo implementó. Boko Haram está tratando de implementarlo en partes de Nigeria. Afganistán podría ver pronto su regreso, aunque en algunas zonas nunca desapareció realmente. En ninguno de estos casos los resultados han beneficiado al desarrollo humano, especialmente a las mujeres y a las minorías religiosas y sexuales”. ¿En ningún país musulmán existe una mejora en las condiciones de vida de las mujeres?

—Si se aplica la ley islámica, el resultado es muy claro. Se ve la subyugación de las mujeres, la eliminación del conocimiento. Se ve la disminución de los seres humanos en la sociedad, además de las crueldades de las que acabamos de hablar. No es que los musulmanes no quieren la libertad, el conocimiento y la igualdad. Lo hacen. Muchos musulmanes, millones de musulmanes, votan con sus pies al intentar entrar en los países occidentales, buscando libertad, igualdad, conocimiento y estabilidad. En los países musulmanes hay algunos líderes decididos a superar sus barreras culturales y religiosas, y modernizar sus sociedades. Pero acabamos de abandonarlos.

—Las autoridades de Irán informan que el 70% del total de los estudiantes universitarios del país son mujeres. Y que es muy frecuente que las mujeres ejerzan trabajos como el de taxista. ¿Es así? ¿No hay posibilidad de desarrollo de las mujeres en una sociedad teísta?

—La población irání está muy ansiosa por modernizarse. Por educar a sus mujeres. Algunas de las mujeres que conozco que más aman la educación y la libertad son de Irán. Es el régimen iraní el que se interpone en su camino. Les impone el islam radical. Pero ellas no quieren eso.

—Sobre China, usted escribió que “las nociones de derechos humanos individuales son ajenas al régimen chino. Los habituales idiotas útiles regresan de sus viajes a Shanghai y Beijing proclamando que ‘han visto el futuro y funciona’”. ¿Cómo vislumbra el futuro de aquel país?

—Me refiero a los occidentales que van allí y ven esas torres relucientes, el aeropuerto y la tecnología, y quedan maravillados. Algunos de los que opinan son cínicos. Tienen intereses. Pero eso no es el futuro, porque es una ideología que oprime a su pueblo, le quita sus libertades. Es un gobierno que espía a los ciudadanos y los castiga cuando se desvían de la línea del Partido Comunista. Es el futuro del pueblo chino, pero no lo considero un futuro deseable. 

—¿Pero es diferente la situación de las mujeres chinas a las de Irán o Afganistán?

—Sí, absolutamente. Cada país es diferente. Las mujeres chinas tienen más libertades que las de Afganistán. Y cuando te enfrentas al gobierno de China, te castigan. Y especialmente a las mujeres. Cabe ver lo que hacen con los uigures. Hombres y mujeres, niños y ancianos son castigados por el gobierno chino. Violan los derechos humanos. Se obliga a las mujeres a ser estériles. Se las viola sistemáticamente y se las somete a cosas horrendas. Si el gobierno chino quiere ser malo con las mujeres, puede serlo. Y lo es. Pero la mujer china promedio que vive en Beijing y Shanghai al menos puede enviar a las niñas a la escuela. Por lo que sé, las niñas solían ser asesinadas cuando tenían la política de un solo hijo. Muchos padres elegían tener solo un niño. Hay misoginia y crueldad en todas las sociedades. 

—En su último libro, “Prey”, usted escribió: “Las mujeres occidentales estuvieron tan centradas en sí mismas que han ignorado lo que les ocurre a otras mujeres en sociedades en las que solo se las ve como objetos sexuales, madres y cuidadoras”. ¿Quién representa mejor las ideas del feminismo a nivel global? 

—No todas las mujeres occidentales, pero sí algunas, especialmente en la élite, dicen que en Estados Unidos la vida para una mujer es tan mala como en Afganistán. No tienen ni idea de lo que dicen. Dicen que no hay espacios seguros en las universidades de élite. Es sorprendente. Viven en libertad, en prosperidad económica, tienen la protección de la ley, y su enojo hace que se confundan sobre la opresión. Hay un feminismo en la sociedad occidental confundido sobre su marco moral y dónde estamos. Les sugeriría que intenten vivir en los países en los que las mujeres están realmente oprimidas. Veremos qué dicen luego de la experiencia.

—¿Cómo analiza la expresión “liberación femenina”?

—La veo como la igualdad ante la ley. Que nos proteja a todos por igual, que haya igualdad de oportunidades para niños y niñas. Que tengamos el mismo acceso a la educación y al respeto. Los hombres son físicamente más fuertes. Por tanto, es clave el respeto a la integridad física e igualdad de salarios, acceso a los puestos de trabajo y al mercado laboral. Es clave la igualdad de oportunidades. Cuando consigamos estas cosas, como hemos hecho en muchas sociedades occidentales, celebremos lo que tenemos y sigamos luchando por las mujeres del resto del mundo a las que se les niegan estos derechos básicos. Cuando escucho que Estados Unidos es un país opresivo, me pregunto cómo sería una sociedad ideal para ellas.

—La socióloga Eva Illouz habla del concepto de capital sexual para explicar los vínculos eróticos y amorosos en esta era del capitalismo. ¿Existe un “capital sexual” que pueda pensarse como categoría socioeconómica? ¿Cómo es el vínculo entre categorías económicas y categorías sociales?

—¿Intenta decir que se puede vender sexo y así ser parte de un tipo de economía?

—Eva Illouz usa la categoría de capital sexual como el sociólogo Pierre Bordieu explica el capital cultural o diferentes tipos de capital.

Ayaan Hirsi Ali, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
LIBERALISMO Y DERECHOS. Ayaan Hirsi Ali padeció la injusticia en su Somalia de nacimiento. Su lucha es en primera persona, como muchos de sus textos principales.

—Si el concepto alude a la venta de sexo, sostendría que la mayoría de las mujeres que están en el comercio sexual no lo hacen voluntariamente. La mayoría se ve forzada u obligada a vender sus cuerpos. No lo considero un capital sexual. Pero no he leído su libro y por tanto no puedo comentar sobre su opinión. Aunque la trata de personas y el comercio sexual conforman una forma moderna de esclavitud. No es por elección. Hablamos de niños y personas atrapadas. Si intentaran dejarlo, se enfrentarían a castigos crueles, incluso a la muerte. Eso no puede llamarse capital sexual, sino esclavitud moderna.

—Escribió: “Fuera de Occidente, las mujeres son asesinadas, violadas, esclavizadas, golpeadas, confinadas y degradadas. Los fetos femeninos son abortados y las niñas, abandonadas. A las niñas se les niega la educación o se les cortan y cosen los genitales.  Las niñas y las jóvenes son obligadas a casarse con hombres que apenas conocen”. Comparó la gravedad de esta situación con lo que produce el covid-19. ¿Cuáles son los puntos de contacto entre ambas situaciones?

—Con el covid-19 nos dijeron que deberíamos aislarnos. Todos estamos de acuerdo con eso desde el punto de vista médico. Pero muchos estuvieron en contra de las cuarentenas con el argumento de que comprometía nuestras libertades. El gobierno dijo que los efectos de la pandemia harían que esas libertades fueran relativas. Pero cuando se trata de proteger los derechos de las niñas y las mujeres, tenemos muchos inmigrantes que en Europa violan los derechos y las libertades de las mujeres. Cuando, en respuesta a eso, se dice que hay que hacer algo con la inmigración, se responde que eso va en contra de nuestros valores y libertades en Europa. Cuando se trata de proteger los derechos de las niñas y las mujeres, se encogen de hombros. Necesitamos un nuevo movimiento de mujeres que se ocupe de las amenazas que sufren las niñas y las mujeres hoy en día en Europa, en América, pero sobre todo en el mundo en desarrollo.

—También en “Prey” dice que “el mítico ‘arco de la historia’ que los progresistas suponen que se inclina hacia el progreso humano se describe mejor como un péndulo, al menos en lo que respecta a los derechos de la mujer. Ha oscilado hacia adelante y hacia atrás, ampliando y anulando las libertades de las mujeres, dependiendo de la ideología imperante en cada momento”. ¿Cuál sería la diferencia entre progresismo y liberalismo? ¿Los progresistas no llegan a comprender la problemática de las mujeres?

—El liberalismo es la idea de que todos los individuos nacemos libres y que necesitamos leyes e instituciones para proteger esas libertades. Se extiende no solo a los hombres, sino a las mujeres; a todos los individuos. Lo que hoy se llama progresismo es regresivo. En primer lugar, no quieren hablar de individuos. Solo hablan de grupos. Los derechos de las mujeres se usan como herramienta para llegar al poder. En la agenda progresista las mujeres son completamente borradas. El género es fluido. Ya no se habla de “dar la teta”, sino de “dar el pecho”. A las mujeres madres se las llama “personas que dan a luz” o “personas parientes” ¿Eso es proteger los derechos de las mujeres? Adentrarse en el lenguaje del woke es encontrarse con intentos de borrar a las mujeres en su conjunto. Tuvimos el conflicto con J.K. Rowling, la autora de Harry Potter. Dijo: “Nos llamamos mujeres, no personas que menstrúan”. Intentaron cancelarla. No pudieron. Porque es una mujer muy fuerte e independiente. 

—Algún intelectual entrevistado en esta misma serie habló y criticó la supuesta “superioridad moral de las izquierdas”. ¿El pensamiento de izquierda ganó la disputa ética en Occidente?

—Hay dos tipos de izquierda. La moderada liberal, en la que el liberalismo laborista todavía se aplica. Esa izquierda moderada querría ver al gobierno más involucrado y compasivo con las consecuencias negativas del capitalismo salvaje. Las personas de centroizquierda, moderadas, son muy buenas. Puedes estar de acuerdo o no, pero su ideología es liberal. Luego está la extrema izquierda. Es la gente que ahora llamamos woke, que se autodenomina progresista. Están locos, son extremos y radicales. No entiendo ni a ellos ni su ideología.

—¿Cómo analiza el fenómeno de los populismos de derecha en Europa? ¿Pueden comprender todo el fenómeno de la emigración e inmigración? ¿Cuál es su opinión acerca de este fenómeno, el populismo de derecha?

—Como en el caso anterior, también hay gente en la centroderecha. Le preocupan temas muy importantes como la identidad nacional y las fronteras. Tiene una opinión sobre cuánto Estado es necesario para que la sociedad funcione. Los dos grupos más cercanos al centro son gente muy buena. Pero la extrema derecha es gente completamente loca. Piensan en términos de raza y vimos los estragos que causaron durante la Segunda Guerra Mundial, ideología terrible. Debemos hacer que “izquierda” y “derecha” recuperen los significados.

—¿Cómo analiza la figura del papa Francisco en relación con los inmigrantes? ¿Su mensaje sirve para una sociedad europea más tolerante?

—Es difícil hablarle al público católico sobre el Papa. Sería bueno que el Papa respetara la separación de la Iglesia y el Estado. La inmigración y las fronteras, y las políticas al respecto, le competen al gobierno. Cuando se trata de ayudar compasivamente a las comunidades inmigrantes en Europa occidental, la Iglesia Católica puede hacer mucho bien. En el pasado hizo muchas cosas buenas. El Papa puede seguir abogando por ello. Pero creo que no debería hablar sobre la política de inmigración, es una cuestión de gobierno.

—En los fundamentos de su fundación, https://www.theahafoundation.org/, se dice: “La organización cree en la libertad para todos. Eso significa libertad frente a la mutilación genital femenina, la violencia y los matrimonios forzados. Y significa libertad para desafiar la ideología del islamismo –el extremismo que amenaza la civilización occidental– con el pensamiento racional de la Ilustración”. ¿Islamismo y extremismo son sinónimos?

—El islamismo es una ideología basada en el islam. Toma la aspiración de los islamistas sobre que la sociedad sea gobernada como una teocracia. Si uno vive en Occidente, puede considerarlo extremo. Pero si vives en Irán o en Arabia Saudita, ese es tu gobierno. Hay lugares en el mundo donde la sharia se aplica. A veces, solo en asuntos de familia, a las mujeres en sentido negativo. Otras veces alude a toda la sociedad. Es algo obsoleto y extremo. El resultado es duro. 

—Las crónicas sobre su vida relatan que muy joven usted se reveló “contra la obligación de rezar cada noche por la muerte de todos los judíos, contra el matrimonio forzoso y contra la perspectiva de que su única función en la vida debía consistir en traer hijos al mundo”. ¿Cómo fue su proceso interior?

—Tuve la suerte de que me enviaran a la escuela. De leer e imaginar un mundo fuera del que estaba confinada. Tuve la suerte de huir. Encontré una oportunidad en 1992, cuando estaba en Alemania. Debía ir a Canadá con el hombre que mi padre había elegido para mí. Y en lugar de ir a Canadá, fui a los Países Bajos y pedí asilo. Primero tuve suerte y luego trabajé para salir de eso.

—En su libro autobiográfico “Mi vida, mi libertad”, narra una situación con un maestro en la que le dijo: “¡No puedes poner en duda la palabra de Alá! Su intención está oculta. ¡Satán está hablando por ti, niña! ¡Siéntate ahora mismo!”. ¿Nunca sintió que romper con la fe y las enseñanzas tenía algo de diabólico? 

—Cuento esa historia para ilustrar lo absoluta que era la convicción del maestro. No tenía paciencia para ningún tipo de duda. No tenía dudas y no tenía paciencia conmigo ni con nadie que cuestionara su visión absolutista de la religión. Tuve la suerte de escapar e ir a un lugar donde la duda, el cuestionamiento y el escepticismo son bienvenidos. Fue una fortuna ir a la Universidad de Leiden. Pasé cinco años y me enseñaron a cuestionar todo.

—Una crónica sobre su libro, publicada en la página del Club Libertad Digital, firmada por Alicia Delibes, dice: “La fe ciega que exigía Mahoma chocó pronto con la racionalidad cartesiana de nuestra heroína somalí. Ayaan no podía aceptar la sumisión de la mujer que predicaba el Corán, no podía aceptar que las esposas tuvieran que obedecer a sus maridos porque así lo habían decretado Alá y su profeta. ‘Mis dudas reducían drásticamente mis posibilidades de alcanzar la dicha eterna, pero pensé que no podía despacharlas sin más. Tenía que resolverlas’”. ¿Cuál es el vínculo entre razón cartesiana y liberalismo?

—Soy humanista, creo en la razón humana. Es el camino para salir de la ignorancia, la depravación y la brutalidad. Sentarse frente a alguien que no está de acuerdo y razonar es el camino hacia adelante. Pero también veo que otros dicen que “la razón no lo es todo, porque el ser humano necesita la espiritualidad y la belleza, cosas que no se pueden captar en términos cartesianos”. También es cierto. Cuando se trata de resolver cuestiones políticas, conflictos humanos, de entender el mundo que nos rodea, hay que recurrir a la razón. Son intentos de entender el mundo tal y como es antes de poder mejorarlo.

—En “Mi vida, mi libertad”, usted escribió: “Nací en Somalia. Me crié en Somalia, Arabia Saudita, Etiopía y Kenia. Vine a Europa en 1992, cuando tenía 22 años, y fui elegida diputada al Parlamento holandés. Hice una película con Theo Van Gogh y ahora convivo con guardaespaldas y circulo en coches blindados. En abril de 2006, un tribunal neerlandés dictó que abandonara mi vivienda de seguridad alquilada por el Estado. El juez sentenció que mis vecinos tenían derecho a alegar que se sentían inseguros debido a mi presencia en el edificio, lo que motivó que decidiera vivir en los Estados Unidos”. ¿La sociedad estadounidense es más abierta que la europea?

—Ambas sociedades son abiertas. Países Bajos era un país muy pequeño. Si tu casa está en los periódicos y en la televisión todos los días, se hace muy difícil llevar una vida anónima. Por eso, cuando llegué a Estados Unidos, tenía más anonimato y más libertad de movimiento. Pero estoy viendo la cultura de la cancelación en los Estados Unidos, por ejemplo. El wokeísmo puede haber ido a Europa o puede estar presente en los Países Bajos, pero es realmente muy fuerte en los EE.UU. Y restringe la libertad. Hay gente en las universidades y el gobierno que no puede decir qué piensa porque tiene miedo de perder sus trabajos.

Ayaan Hirsi Ali, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
TALIBANES. “Los talibanes son ahora más fuertes que en 1996 y en 2001. Tienen todo el dinero y las armas que los estadounidenses acaban de dejar. Afganistán está ahora servida en bandeja de plata. Volvieron. Al principio dirán que vienen en son de paz. Pero no es así”. (Foto: Marcelo Dubini)

—En “Prey” dice que “la seguridad de las mujeres frente a los hombres depredadores es la cuestión en torno a la cual todas las verdaderas feministas deben reunirse y unirse.  Las mujeres podemos y debemos negarnos a ser relegadas, como lo hemos sido en el pasado, como lo he sido yo en mi propia vida, a la condición de presas. Espero que se unan a mí en este esfuerzo”. ¿Es optimista sobre el futuro de las mujeres en el mundo?

—Soy optimista si luchamos por mantener lo conseguido en términos de igualdad y de protección de las libertades. La mayoría de las niñas y las mujeres siguen desprotegidas. Todavía no cuentan con instituciones que protejan su libertad. Debemos seguir luchando. En ese momento seré plenamente optimista. Vivimos en un péndulo. Hubo retrocesos en Afganistán, Egipto, Somalia, países relativamente mejores en los años 60 que hoy. Y debido a la inmigración, los derechos de las mujeres en Europa se vieron comprometidos. Los gobiernos europeos están haciendo muy poco para proteger a las mujeres. Hay motivos reales para el pesimismo, pero yo sigo siendo optimista.

—Mi última pregunta es sobre relaciones personales. Cuando se conocieron usted y Niall Ferguson, también entrevistado en esta misma serie, y comenzaron la relación, muchos comentaron que esa relación entre dos intelectuales pasó a tener un lugar en las revistas del corazón. ¿Cómo describiría su vínculo con Niall Ferguson, considerado una de las estrellas mundiales de lo que él mismo define como “liberalismo fundamentalista”?

—Mi relación con Niall Ferguson es perfecta. Estamos enamorados. Tenemos una familia. Nos queremos y nos respetamos, y así es como debe ser.

—En 2010, un artículo del “Daily Mail” dijo de Ferguson: “A pesar de todas las lecciones de historia, Niall se ha lanzado a la búsqueda de cierta idea liberal de la libertad individual y la temeridad de romper su familia”. ¿La ideología, las ideas, constituyen una base de su relación afectiva? ¿Cuál es el vínculo en líneas generales entre afecto y pasión en general, y las ideas?

—Nunca le prestamos atención a lo que dijo la prensa sensacionalista. Una cosa es lo que ellos dicen, y otra es la realidad. Tenemos mucho amor y respeto el uno por el otro y por toda nuestra familia.

—Mi pregunta es sobre si tener ideas similares es una herramienta para una mejor armonía.

—Sí, una visión del mundo y un conjunto de valores e ideas compartidos son útiles. Es genial que estemos de acuerdo en casi todo. Cuando no lo estamos, lo resolvemos de forma respetuosa. También estamos de acuerdo en cómo se resuelven los conflictos. Tener una visión común del mundo es mejor para las relaciones.

 

“La noción de ‘patriarcado’ y los derechos de las mujeres fueron secuestrados por la izquierda radical”

 

El presidente argentino, Alberto Fernández, representante de un partido definido como populista latinoamericano, dijo que estaba feliz porque en su gestión “se está terminando con el patriarcado”. ¿Son compatibles las políticas progresistas de género con los populismos de izquierda?

—La noción de “patriarcado” y los derechos de las mujeres fueron secuestrados por la izquierda radical. El tema de los derechos de la mujer se utiliza como herramienta política para ganar elecciones o llegar al poder. Ya no se trata de las mujeres. Sucedió con el #MeToo en Estados Unidos. Empezó con el gravísimo problema del acoso a las mujeres en el trabajo. Pero ahora se transformó en una herramienta política para la izquierda.

—También en “Prey” escribe que “las evidencias sobre conductas sexuales indebidas por parte de algunos inmigrantes musulmanes proporcionan a los populistas y a otros grupos de derecha una poderosa toma para demonizar a todos los inmigrantes musulmanes”. ¿La sociedad europea entiende a las personas que llegan de los países árabes?

—El encuentro con personas de países árabes musulmanes en Europa viene de lejos. Muchas mujeres europeas van de vacaciones al norte de África y a otros países musulmanes y saben cómo se trata a las mujeres. Hay mucho conocimiento. Pero son temas convertidos en tabú por las élites culturales, políticas y periodísticas. Es difícil abordar el tema cuando un gran número de hombres jóvenes vienen de países árabes musulmanes donde tratan a las mujeres de manera diferente y siguen maltratando a las mujeres. No debe ignorarse esa cuestión. Ese es el tema de Prey, mi último libro.

—También escribió que “las [mujeres] atrapadas en las zonas pobres son las menos favorecidas. Y de alguna manera, en la era del #MeToo, su situación despierta mucha menos simpatía que la de las actrices de Hollywood sometidas a acoso sexual por productores depredadores”. ¿Hay una transversalidad de la cuestión femenina o es distinta la situación de las mujeres pobres de las de la clase media o alta?

—No hay ningún movimiento feminista que tenga como misión proteger los derechos de las mujeres de la clase trabajadora. Las mujeres trabajadoras se ven afectadas negativamente cuando se trata de las consecuencias no deseadas de la inmigración. Un fenómeno que se da en Estados Unidos y sobre todo en Europa.

 

“Las mujeres que no huyeron de Somalia viven sometidas al acoso sexual y a violaciones”

 

—Usted escribió: “Sin embargo, en la perversa cultura estadounidense actual, se presta más atención al uso de los pronombres de género preferidos que a la difícil situación de las mujeres, cuyos derechos más básicos –a la educación, a la autonomía personal, a estar presente en un espacio público– han sido eliminados o están gravemente amenazados”. ¿Las llamadas políticas de género son una suerte de “astucia de la razón” para evitar tomar posiciones políticas más enérgicas?

—En la sociedad estadounidense estamos en las garras de una ideología extravagante y descabellada. Lo que llamamos woke. Tiene muchos nombres, teoría crítica de la raza, teoría crítica de la justicia, interseccionalidad. Cuenta con todo tipo de etiquetas. No es el marxismo material de la Unión Soviética o de cuando China era comunista. Este es el cultural. Hay dos sexos, masculino y femenino, pero esta ideología afirma que hay más. Afirma que somos sistemáticamente racistas. Pone a los seres humanos en la jerarquía de los que oprimen y los oprimidos. Introduce un nuevo racismo. Se nos pide que cometamos un genocidio contra los blancos, especialmente los hombres, sin otra razón que su color de piel. Es una locura. Pero estamos en sus garras. Lo único que podemos hacer es luchar contra ella. Se enseña en nuestras escuelas y universidades. Ahora está en el Estado y en el gobierno. 

—Usted nació en Somalia. Un informe de Unicef dice que “el 98% de las mujeres y niñas han sufrido ablación en Somalia, la tasa más alta en todo el mundo, debido a que la mutilación genital femenina sigue siendo una práctica cultural ‘universal’ en el país. En el informe ‘Análisis de la situación de los niños en Somalia 2016’, presentado en Mogadiscio, Unicef alerta de que este conflictivo país del Cuerno de África es uno de los menos seguros en el mundo para los menores, que solo durante el año pasado sufrieron más de 2 mil violaciones graves”. ¿Cómo describiría la situación de las mujeres y niños en su país de nacimiento?

—Es nefasta. Nací en Somalia en 1969. Los primeros veinte años de mi vida no los viví todos en Somalia. Pero había una dictadura. Aun así, al menos la vida era mejor para las mujeres entonces que hoy. Ahora Somalia está dividida en tres partes. En la zona que controlan los Al-Shabab y otros islamistas radicales, reina una anarquía. Se cortan los genitales de las niñas. Se las obliga a casarse demasiado pronto, a los 11, 12, 13 años. Muchas de las mujeres de Somalia que no huyeron viven sometidas a un implacable acoso sexual o a violaciones. Ser mujer en Somalia es miserable. Es como ser mujer en Afganistán bajo los talibanes.

—También dijo: “Gracias a la civilización occidental, recibí una buena educación en Kenia, por legado del sistema escolar británico” y defendió las ideas de la Ilustración. ¿Cómo es la historia del ingreso de esas ideas en África? ¿Qué gobiernos fueron y son sus representantes?

—Crecí y pasé toda mi adolescencia en Nairobi, Kenia. Fue una antigua colonia de Gran Bretaña. Los británicos dejaron un sistema de educación que no es perfecto ni mucho menos, pero en el que muchos fuimos educados. Kenia es muy pobre, pero en muchos aspectos sigue funcionando. Cuando hablamos de la historia del colonialismo, nos centramos solo en lo que salió mal. Pero olvidamos que hubo algunos buenos resultados. Un ejemplo es la India, un país tan grande como un continente. También cabe analizar la situación de los países africanos. La gente estuvo expuesta a la educación y a la modernidad. Y luego se independizaron. En algunos países, los gobiernos locales no lo hicieron mejor que las potencias coloniales. Son temas tabú para muchos. Casi no se puede hablar de ellos.

 

Producción: Pablo Helman y Debora Waizbrot.