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PERIODISMOPURO / ENTREVISTADO POR JORGE FONTEVECCHIA
martes 14 enero, 2020

Evo Morales: "EEUU nos ofreció un avión y pensé que iba a ser directo a Guantánamo"

El expresidente boliviano recordó la salida de su país, la ayuda de Alberto Fernández y contó por qué dejó México para venir a la Argentina.

Entrevista de Jorge Fontevecchia al ex presidente de Bolivia, Evo Morales. Foto: © Marcelo Aballay
martes 14 enero, 2020

J.F: Usted estuvo en México solo del 12 de noviembre al 12 de diciembre, y llegó a la Argentina apenas dos días después de que asumiera Alberto Fernández. ¿Cómo es su relación con la Argentina?

E.M: Agradezco al presidente, al gobierno, al pueblo mexicano. Estaba muy bien allí. La premura de estar acá se debe a que Argentina está más cerca de Bolivia.  Era difícil recibir visitas. Pero donde estoy viviendo parece una romería, aparecen continuamente compañeros. Llegan a veces por cuestiones humanitarias pero también por cuestiones políticas. Esto es muy importante. Y también es muy buena la relación con Alberto Fernández. Aun antes de asumir la presidencia, como presidente electo, hizo gestiones cuando estaba selva adentro, monte adentro. Se preocupó en cómo sacarnos.

—Cuando su vida estaba en peligro...

—Sería largo comentar esa historia, pero agradezco al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador; al presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, a Alberto Fernández, también a Nicolás Maduro. Además, hubo cancilleres de Sudamérica preocupados en sacarnos. Pero algo quiero que sepan, que el día 11, cuando no dejaban entrar a Bolivia el avión militar de México, Estados Unidos nos ofreció un avión, y nos dijo: “Lo llevamos a donde usted diga”. Lo primero que pensé fue que eso iba a ser directamente igual a Guantánamo. Lo rechazamos, obviamente. Ahora, Estados Unidos no quiere que vuelva a Bolivia, Estados Unidos no quiere que vuelva a Argentina. Lo digo con información oficial de México y de otras autoridades del continente.

—Cuando era niño, usted vivió en Tucumán y Salta, porque su padre vino a trabajar para la zafra. Aprendió el español en una escuela argentina y durmió por primera vez en una cama aquí.

—Solamente con 4 o 5 años, acompañé a mi padre a la zafra. También vino mi hermana, Esther Morales, de cocinera para el zafrero. Creo que había una norma argentina que decía que los hijos del zafrero tenían que ir a la escuela. Hasta ese momento, no entendía castellano. Mi padre me llevaba a la escuela de Calilegua, en la zona de Ledesma. Estaba ahí sentadito, no entendía, la profesora venía y me decía: “Evito, Evito...”, acariciaba mi cabello, “Tan lindo cabello...”. Cuando se acabó la zafra ahí,  tuve que ir a otro campamento y se acabó la escuela. Era un gran campamento, casitas de madera, había catrecito también.

—Podríamos decir que la revolución de Evo comenzó en la Argentina.

—Sí.

—Y usted vuelve ahora a la Argentina, como una especie de ciclo que se cierra.

—Así es. Me acuerdo de mi papá trabajador. Lo veía trabajar sábados y domingos y le decía a mi hermano que papá debía descansar. La respuesta de mi padre era: “Cuando haya paro, voy a descansar”. Y así era. Trabajaba sábados y domingos. Cuando tuvo algo de platita, compró un catre, una cama.

—La primera cama.

—Muñeco le decíamos. Nos peleábamos para dormir en el catre. O papá, o la mamá, o yo. Peleábamos por tener ese catre. Cuando se casó mi hermana, mi papá se lo regaló como herencia al catre. Así que estuvimos nuevamente sin catre en Orinoca.

—¿Por qué cree que Argentina no puede lograr lo mismo que consiguió usted en Bolivia?

—Perdona, no voy a comentar ese tema. Como refugiado tengo ciertas limitaciones que me va a disculpar.

—Comprendo.

—Cuando era niño, papá se iba a la zafra, la hermana con la comida, y yo me quedaba ahí, empezaba a vender el picolé, el chupete, el helado, empecé a vender. Vendía que vendía. A papá lo esperaba con plata: “Papá, vendí, me he ganado...”. Ahí decidí guardar, ahorrar, y con eso me voy a comprar un valor en Orinoca, a mi retorno. Entonces, le entregaba la mitad a mi padre, la otra la ahorraba. La guardaba en el suelo. De golpe, un día llega: “Vámonos, alista las cosas”. Alistamos y delante de mi papá no podía sacar la plata del suelo. No la pudimos sacar.

—Enterrada en Argentina.

—Y está enterrada ahí en un campamento.

Lea acá la entrevista completa


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