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PERIODISMOPURO / Reportaje
domingo 29 diciembre, 2019

Felipe González: "Se fracasa cuando se traslada la gestión de la empresa al espacio público"

Entrevistado por Jorge Fontevecchia, el ex presidente de España analizó la situación de empresarios que pasan a la política como Mauricio Macri. Mirá la entrevista completa este domingo a las 23 por NET TV.

"Lo QUE SE LLAMA NEOLIBERALISMO es conservadurismo reaccionario". Foto: Marcelo Aballay.
domingo 29 diciembre, 2019

El expresidente del Gobierno de España, Felipe González Márquezparticipó del ciclo Periodismo Puro, entrevistado por el CEO de Perfil Network, Jorge Fontevecchia. En el reportaje, que se emitirá completo este domingo a las 23 por Net TV, el dirigente político habló sobre la revolución tecnológica y cómo esto afecta a todos los ámbitos de poder desde la política al periodismo.

En ese sentido, nombró al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y al ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, como referentes en este aspecto. También hizo referencia al "fracaso cuando se quiere trasladar la gestión privada de la empresa a la gobernanza del espacio público que compartimos como ciudadanos". E incluyó a Mauricio Macri y Sebastián Piñera en ese grupo.

Acá, uno de los fragmentos de la entrevista:

—En simultáneo con la transformación tecnológica que influye en los medios, también hay políticos que irrumpen desde los medios. ¿Sería el caso de Donald Trump, o Silvio Berlusconi en Italia, que llegó desde la televisión privada?

—Me gustaría dar una mirada racional sobre este asunto. Si bien me considero una persona racional, conservo la idea de Isaiah Berlin de que tampoco puede exagerarse la visión del hombre como un ser puramente racional. El racionalismo llevado al extremo produce también monstruos, porque estamos cargados de emociones y de intuiciones. Pero contestando a la pregunta, habría que partir de la base de que la tecnología, por definición, es neutral. El problema de la tecnología es que se utilice con un fin que sea positivo para los seres humanos o que sea destructivo. Está en manos de cualquiera. Y es un instrumento que revoluciona los procesos de toma de decisiones, la comunicación, la medicina, lo que quieras.

—Como un martillo: puede servir para esculpir o destruir la estatua.

—Exactamente. Por tanto, hay que tener cuidado con esta especie de culto fanático a la tecnología que a veces uno ve. Una vez tuve un debate en un seminario en la Feria de Guadalajara en el que estaba Carlos Fuentes y estaba el Premio Nobel de Literatura portugués, José Saramago. El tema era muy bello: “Cultura y paz”. Enfatizando en esa “y” copulativa. Cultura y paz. Con buena fe, todos partimos del presupuesto de que mientras más culto es un pueblo más propensión a la paz tiene. Me refiero a los pueblos más cultos en el sentido de un vínculo más próximo a la literatura, por ejemplo. Pero no es históricamente demostrable y lo contrario, sí.

—La Alemania del siglo XX sería el ejemplo claro de eso.

—No encuentro ningún pueblo poco culto, en los mismos parámetros de cultura que hablamos, que haya provocado una guerra mundial. Y sin embargo Alemania la provocó. Tiene que haber una explicación. Los pueblos que tienen una cierta hegemonía cultural pueden tender a creerse superiores y por tanto someter a los que suponen que son menos cultos. Ahí sí hay una quiebra en la relación entre cultura y paz. Ahí descubrí que el proceso educativo y el debate deberían ser “cultura para la paz” y no “cultura y paz”. Porque no hay una relación de causa-efecto. Lo mismo digo con la tecnología. La revolución tecnológica no nos debe cegar en una fanatización sin matices. Lo que más esperanza me genera es que los elementos esenciales de la condición humana permanecen. Aristóteles, por ejemplo, sigue vigente.

—Las palabras de Aristóteles siguen vivas.

—William Ospina empieza así su trilogía sobre el cambio que supuso la llegada de los españoles al reino de Granada: “Las auroras de sangre”, que es un relato construido maravillosamente bien sobre el poema más largo de la lengua castellana, el del fraile Juan de Castellanos, que acompañó la conquista del reino de Granada. Sobre ese poema construye la primera parte de su trilogía, que es absolutamente maravillosa. Fue Gabriel García Márquez quien me indujo a leerla. Gabo sabía que yo era un devorador de libros: me dijo que Ospina es la siguiente generación de lo que tú admiras y que representamos. Me lo dijo aun antes de haberlo leído. Después tuve algunos incidentes con él de esos graciosos, de buenos amigos. Estaba celoso de que ya hubiera leído La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa. Estábamos en esa, y al rato le digo: “Gabo, lamento decirte que tú también lo leíste. Eso sí es un pecado: que me acuses a mí de haber leído La fiesta del chivo. Porque, primero, es bueno y, segundo, a mí no me engañas, tú también lo has leído”. Volviendo a Ospina: me encontré con esa sorpresa que me hizo ser todavía más cuidadoso con la palabra y sobre todo con los medios que hay ahora. No había medios en los tiempos de Homero y Aristóteles. Pero tenemos casi sus obras completas.

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HUBRIS. "En los gobiernos absolutos solo sobrevivían los payasos". (FOTO: Marcelo Aballay)

—Mientras que las piedras de Grecia cayeron, las palabras de sus hombres sabios perduran. Son más duras y resistentes. Respecto de las palabras en los nuevos medios, podríamos decir que Berlusconi en Italia y Trump en Estados Unidos descubrieron antes que el resto de sus competidores la potencia que podía tener un medio de comunicación nuevo como transformador de la política.

—No exactamente en el caso de Silvio Berlusconi. Lo conozco bien a él. Coincidí con su primera irrupción como ministro, pero ya lo conocía como empresario de medios. Entró en España a través de medios locales, que fue conectando hasta transformarlos en nacionales. Luego, volví a saber de él cuando entró en la política. El razonamiento básico, pero equivocado, para su éxito político no son los medios, sino algo que recorre el mundo y que irónicamente podemos decir que es fantástico: cuando un millonario o un empresario muy exitoso comparece ante los ciudadanos y afirma que como tiene mucho dinero no precisará corromperse. No hay ninguna relación de causa y efecto entre una cosa y otra.

“La única convicción que he radicalizado en mi vida es la defensa de los valores democráticos”.

—Con mucho dinero se puede tener la apetencia de cada vez más.

—Eso es. Eso. Y hay otro argumento radicalmente falso. Pensar que porque alguien es muy exitoso y se hizo rico porque sabe gobernar grandes conjuntos empresariales, decir que es posible que todos los representados tengan la misma oportunidad. Es una simplificación en la que coinciden todos los fracasos de las aventuras empresariales trasladadas a la política. Partir de un imposible.

—Eso une más a Trump y Berlusconi que la cuestión mediática.

—Los medios son utilizados por Trump, Berlusconi y otros muchos que no tienen nada que ver con este perfil. El problema es que creen que gobernar un país es exactamente igual que gobernar el espacio privado de su grupo empresarial o de su empresa. Confunden, por decirlo en términos europeos, el Consejo de Ministros con el Consejo de Administración. Y eso se lo dije muchas veces a Silvio Berlusconi. El Parlamento no es la junta general de accionistas en la que uno es el mayoritario y tiene más poder decisión. Ejercer el arte de la política es algo tremendamente peligroso, porque afirmaciones como esta hacen que la política esté tan degradada que nadie acepta entrar en ella. El arte de la política es el de gobernar el espacio público compartido, que está lleno de contradicciones. Se gobierna el espacio público. No gobiernas sobre una camiseta de un equipo de fútbol cuya identidad es única y por tanto sus objetivos están ligados a esa identidad. Gobiernas sobre la contradicción de intereses. Gobiernas sobre la base del pluralismo de las ideas y gobiernas además sobre un elemento que es el sentimiento de pertenencia, las identidades diversas.

Sentimientos de pertenencia étnico-culturales, religiosos o étnicos puros, etc. Ese mundo diverso, plural y de intereses contrapuestos es la realidad sobre la que se gobierna. A esa realidad tú tienes que ofrecerle un proyecto no solo para los que te votan, sino un proyecto que sirva para todos, para definir hacia dónde quieren que vaya el país que se gobierna. Un proyecto de nación. Es algo que se discutió en Argentina. Se fracasa cuando se quiere trasladar la gestión privada de la empresa a la gobernanza del espacio público que compartimos como ciudadanos.

—¿Pensaste en eso cuando viste que Mauricio Macri o Sebastián Piñera serían presidentes? La lógica de lo privado aplicada a lo público.

—Claro: el antecedente más fuerte es el de Silvio Berlusconi.

—En España, la mayor audiencia en televisión la tiene Telecinco, que es de Silvio Berlusconi.

—Siempre relacionamos a Berlusconi con las televisiones. Tuvo mucha habilidad, incluso creó un nuevo sistema de publicidad que hizo ganar mucho dinero a empresarios pequeños. Pero la gente olvida que Berlusconi hizo grandes inversiones y muchas veces con críticas internas sobre el origen del dinero. Recuerdo que estábamos en una reunión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea. Empezaba su carrera de primer ministro: no le importaba nada confesar que no tenían la menor idea ni de lo que significaban las siglas que eran el motivo de la reunión. Ni siquiera sabía qué significaba la sigla. Era el momento posterior a la caída del Muro de Berlín y la unificación de Alemania, y el número de países que integraban la OSCE era cada día mayor. El mapa político del mundo crecía y nos encontramos 54 jefes de Estado, incluido el viejo George H.W. Bush, que estaba en esa reunión. Berlusconi estaba en la reunión. Presidía la reunión por turno François Mitterrand, que daba los turnos alternativamente. En algún momento, anuncia que Berlusconi tendría la palabra al día siguiente. Se me acercó y me dijo: “¿Cómo salgo de esto? No tengo idea de para qué sirve”. Lo dijo con la gracia que tiene la gente descarada. Le dije que iba a salir del paso. Y así fue. Ahí me contó algo de lo que me reservaré los detalles. Que Antonio Di Pietro a las 48 horas anunciaría que se iba a alejar de la magistratura para dejar la política con su propio partido (N. de R.: Italia dei Valori, Italia de los Valores, en castellano). Me lo dijo 48 horas antes, no sabía nadie. Le pregunté cómo sabía que iba pasar y no siguió.

“La socialdemocracia es la primera víctima del avance ideológico de los autoritarismos”.

—¿Los presidentes empresarios tienen algo en común? En general, ¿los empresarios tienen un rasgo antiintelectual?

—Bastante. No creo que sea el elemento fundamental, pero es bastante común. Suelen tener una visión poco sofisticada. Suelen ser poco leídos. Lo compensan porque suelen ser muy viajados. Normalmente les parece una pérdida de tiempo encontrarse con un libro y pasarse unas horas leyéndolo. Incluso los informes que piden o que reciben piden que sean muy cortitos. A veces, cuando los informes son consistentes los apartan y tienen a alguien en quien confían, hasta que deciden que se equivocó. En ese aspecto, volvemos al Medioevo. El rey absoluto y el terror del consejero de darle una opinión: podía perder la cabeza por decir algo. Y también por no decirlo. En los gobiernos absolutos solo sobrevivían los payasos.

—Ese antiintelectualismo también conecta con la situación de los medios: líderes que tienden a simplificar y medios que también lo hacen.

—Todo esto es verdad. Y forma parte de una nueva realidad. Un problema de la edad es que tengo el recuerdo de otros tiempos. Y sé lo que antes se llamaba periodismo de investigación y lo que ahora recibe ese nombre.

—Contanos la diferencia.

—De nuevo, la revolución tecnológica. Generó a los corta y pega. Y en el caso de un hackeo de la red, esos corta y pega acumulativos propagados por los medios forman lo que se llama hoy periodismo de investigación.

—Los hackers puestos también en otra dimensión.

—La alianza entre el hacker y el medio. Porque el hacker normalmente no es quien tiene el medio. Hay que imaginar, el tiempo, el dinero, la inversión y la prevención que costaba hacer investigar un Watergate. Hoy me pregunto si es posible hacer una investigación modelo Watergate. Y si fuera posible, si es financiable.

“Hay que reinventar la comunicación para que digitalmente sea aceptable”.

—Hoy es inmediatamente reproducible, lo que le quita parte de su valor.

—Vacían los contenidos con noticias de un solo dato. No existen datos suficientes para construir un relato consistente. Es la crisis de la democracia.

—Es el tema de la información y el conocimiento. Una cosa es el dato puro, y otra, el dato convertido a través de su elaboración intelectual en algo superior: precisamente, el conocimiento.

—Como decía antes, la condición del ser humano sigue siendo la que es. Mi primera sorpresa en el Silicon Valley fue observar que una de las personas que más dinero cobraban, un asesor de la ingeniería de software, era un señor que no entendía cómo se manejaba bien una computadora, que no estaba metido en esta era digital y cuya especialidad era profesorado de literatura, y su doctorado y su especialidad eran William Shakespeare. Este señor era especialista en la condición humana, ni más ni menos. Cobraba dos mil dólares la hora por asesorar a los ingenieros de software, que en muchos casos no sabían qué significaba Shakespeare. A este hombre lo ponían delante de una pantalla, le enseñaban un producto y él lo único que podía decir con consistencia, en su conocimiento de la condición humana, era cómo lo percibía. Eso me da cierta confianza.

—Más allá de la revolución tecnológica, el periodismo de calidad va a terminar siendo imprescindible.

—Va a ser cada vez más imprescindible.

Leé la entrevista completa haciendo click acá


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