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PERIODISMOPURO / Entrevistado por Fontevecchia
martes 26 mayo, 2020

Ginés González García: "El último lugar que va a parecerse más a lo normal será el AMBA"

En el ciclo Periodismo Puro el ministro de Salud de la Nación, sostuvo que el barbijo tiene un efecto de disciplina social, y que hay confusión y falta de liderazgo en lo que se dice desde los medios. El factor miedo.

El ministro de Salud Ginés Gonález García, en la entrevista que concedió a Jorge Fontevecchia. Foto: Néstor Grassi
martes 26 mayo, 2020

Médico cirujano y máximo referente de la cartera de la salud nacional. Con una gran experiencia en enfrentar crisis sanitarias, entre 2003 y 2007 fue Ministro de Salud y Ambiente durante los gobiernos de Eduardo Duhalde y de Néstor Kirchner. Para muchos, el hombre indicado para hacer frente a una pandemia que detuvo al mundo y obligó a un replanteo social y económico, tanto que se habla de "nueva realidad". Respondió a todo en el encuentro con Jorge Fontevecchia, CEO de Perfil Network, en una nueva emisión de Periodismo Puro por Net TV

—Vayamos a los temas concretos de Argentina. ¿La cuarentena en AMBA se va a continuar hasta fin de junio?

—(Silencio) No lo sé.

—¿Es una hipótesis plausible?

—Depende de cómo evolucionen los casos. De entrada dijimos que había un grupo de población, que era el que más se miraba, que eran los viajeros, porque el virus no viajaba solo. Luego de los viajeros, los vulnerables cercanos a los viajeros, que eran los contactos, la familia. Los vulnerables eran las personas que por edad o por patología previa tenían que ser especialmente cuidadas. Luego de eso, teniendo siempre en cuenta que esto era muy importante, empezamos a pasar a las instituciones vulnerables: la cárcel, los geriátricos, los establecimientos de salud mental, lugares donde la estadía es prolongada. Y ahora estamos entrando en una última fase, o en una fase distinta, no sé si será la última, la de los barrios vulnerables. Es decir, barrios que tienen una densidad brutal. Me sorprendió saber que el lugar de mayor densidad de habitante por kilómetro de la Ciudad de Buenos Aires es la Villa 31. Hubiera dicho que era Belgrano o algún otro de esos lugares con aquellas torres enormes. En las villas, la vida social se hace en la calle, el contacto es permanente, se comparte no solo la habitación. Se comparten muchas veces más el baño y la cocina que la propia habitación. Allí, la capacidad de diseminación y de expansión rápida es muy grande, que es lo que ha pasado en los últimos diez días en CABA. Eso obliga no solo a tratar y hacer el foco y aislar y todas las cosas que técnicamente se hacen, sino a un problema agregado. Es que la circunstancia social hace que el aislamiento sea mucho más difícil. Es un lugar con muchos pibes y el contexto hace que haya que sacar a los pacientes. Y allí la logística juega un rol central. Por eso, en el Conurbano, por ejemplo, hay 15 mil camas listas de logística. A eso se suma la cuestión extralogística. Primero, es un lío cómo se disemina y se expande, y en segundo lugar se debe tener en cuenta la cantidad y la complejidad de la problemática social para guardar el aislamiento y brindar el tratamiento oportuno.

—¿Pero es probable que Argentina termine teniendo 90 días de cuarentena y que sea un caso a nivel mundial de estudio académico?

—¿Te referís al AMBA?. Igual, ahora no es tan rígida como al principio. Mirás la calle y la situación es totalmente distinta. Pero diciendo no clases, o no administración pública, probablemente suceda algo de eso. No quiero esquivar tu pregunta. Y la respuesta es que depende de la cantidad de casos que uno tenga. Por eso hablamos de “día a día”. Avanzamos con el pie en el freno. No tomamos medidas sin tener el pie del freno.

—¿Cómo evaluás el caso de Uruguay? Nunca suspendieron las clases rurales y ya están volviendo en los demás lugares. Y tampoco tienen muchos casos: sus números son proporcionalmente similares a los nuestros

—Tienen menos población. La situación es similar a lo que ha sido el comportamiento en algunas provincias parecidas en cuanto a su población. Hay que compararlo más bien con Entre Ríos o con Santa Fe.

—¿Podría entonces haber habido clases en el interior?

—Se va a empezar a evaluar. En las próximas semanas algunas provincias van a intentarlo. Uno de mis desvelos es que es cierto que la distancia hoy se aplica muy bien. Fue necesaria en términos muy perentorios. Pero la distancia tiene un problema: aumenta la desigualdad. La explicación es que el componente educativo es uno de los últimos instrumentos que quedan de los mejores para igualar en la Argentina. Pero no todos los hogares pobres tienen internet. No todos tienen computadoras, y sobre todo no todos tienen el componente familiar para ayudar a un pibe cuando está trabajando en distancia. Esa ayuda sí sucede en los sectores medios, lo veo con mis nietos. Las madres están trabajando mucho. Ahí, el componente del maestro no es reemplazable por la familia. Me da un poquito de miedo eso. Y es cierto que algunos lugares de las escuelas rurales no tienen casos. Lo que pasa es que es difícil cuando, además, tenés a los gremios. Pero esta segmentación que se usa para la industria, para la circulación, para el comercio, me parece que va a tener que darse en lo escolar. Pero me estoy metiendo en un tema que no es el mío.

—¿No serían lógicas políticas de todo tipo, no solamente de salud, sino políticas también educativas y de todo tipo que tengan en cuenta que hay dos países, el AMBA y el resto, aunque sea feo decirlo?

—Estoy de acuerdo con eso. Es la causa de la segmentación que nosotros propiciamos, que no fueran iguales las medidas en cada provincia, y que tuvieran las provincias mucho mayor capacidad para determinar con un protocolo sanitario. También es cierto que donde pasa algo rápidamente todo vuelve para atrás. Es el caso de Córdoba.

—¿Los barbijos van a tener que ser utilizados hasta que se encuentre la vacuna?

—El barbijo impide la transmisión en los que están enfermos, eso es real. Hubo fake news en los últimos días en este sentido: dijeron que había dicho la OMS que no servían. También tenés un bombardeo en el que la cabeza de la gente se pone loca. Si uno recorre los medios, siempre hay gente que dice cosas que dan miedo. Pero además de todo esto, hay confusión y una falta de liderazgo en qué sucede y hacia dónde vamos. Es algo que trata de evitar el Estado todas las mañanas, todas las tardes. Trato de hablar todo lo que puedo. Trato de hacer una entrevista a la mañana y una a la tarde pero no puedo más. A veces se enoja algún colega tuyo. Incluso tuvimos que postergar este encuentro hasta poder hacerlo. Pero volviendo: la situación va a ser variable. Lamentablemente, el último lugar que va a parecerse más a lo normal será el AMBA. El barbijo tiene un efecto de disciplina social: uno lo cumple y ve cuando los demás no lo hacen.

—¿Ético más que médico?

—En ese sentido no me parece mal. Con la referencia de que a los chicos chiquitos no hay que obligarlos ni mucho menos. Noto mucha masividad en el barbijo y mucho control social de las personas. Lo cual habla de que también hay control social para el distanciamiento, para una serie de cosas que sí son absolutamente necesarias. Barbijo y distancia son totalmente necesarios.

—Bill Gates planteaba la idea de que se podía volver al trabajo haciendo tests inmediatos al ingreso de todas las fábricas. ¿Es una utopía?

—Es relativo. En nuestro país hubo toda una disputa. Ahora estamos largando una campaña masiva de tests en todo el país, pero lo vamos a hacer con fines epidemiológicos para ver circulación del virus. No lo vamos a hacer para el diagnóstico. Ante la incertidumbre, todo el mundo quiere el test para el diagnóstico. También sucede que el test te puede dar negativo y mañana sos positivo.

—La idea de Bill Gates era poder hacerlo casi todos los días, al ingreso del trabajo.

—Es un recurso que intentaron Estados Unidos y Chile, y no les fue bien. En algunos casos podría ser, como por ejemplo en cirugía. Existe miedo, mis colegas están con terror, no quieren operar. No solo los pacientes; también los médicos están un poquito retraídos.

—Sería lógico usar los tests en esos casos: cuesta menos que luego todo el costo en material descartable.

—Es algo que propicio a los estamentos públicos y privados. A veces tienen más capacidad de revisión los privados. Pero es algo que propicio. De hecho, algunos lo están haciendo.

Entrevista del ministro Ginés González García con Jorge Fontevecchia, en el ciclo Periodismo Puro.

—Sobre la peste negra, se dice que a la mitad de las víctimas las mató la peste y a la otra mitad, el miedo. El miedo puede ser generador de disciplinamiento ético pero, pasado determinado nivel, se convierte en defecto.

—Si hay algo que motoriza el miedo, es la irracionalidad. En muchos aspectos, se ven actitudes irracionales. Hubo colegas míos fueron a trabajar con fiebre. Pasó en muchos lugares y en muchas instituciones. Por eso nosotros estamos con un programa ahora de protección a los trabajadores, profesionales y no profesionales, de la salud. Les enseñamos desde cómo se pone la ropa hasta cómo se saca.

—Otra controversia: recientes artículos científicos dieron cuenta de circulación aérea del virus donde dejan la ropa los médicos, por ejemplo. Si queda suspendido en el aire y no cae, haría imposible cualquier tipo de precaución porque hasta el aire acondicionado podría esparcirlo. Ya no alcanzaría simplemente con dos metros de distancia.

—Es una exageración. Consiste en usarlo bien. Hay que tener mucho cuidado cuando se lo ponen y cuando se lo sacan. No solo se trata de usarlo. Por eso hacemos tantos cursos online. Nos dimos cuenta de que no era el tema de la vestimenta solamente, sino de cómo se la usa. El control de temperatura es vital, al entrar y salir de la fábrica, al entrar y salir de cualquier establecimiento, siempre es un síntoma previo. Es lo que hacemos ahora en los barrios: con el Detectar salimos a buscar los casos, no que vengan.

—También en eso hubo controversias. ¿Es garantía en una persona que puede o no tener fiebre y también ser asintomática?

—En general, cuando se produce la fiebre de ese tipo hoy en Buenos Aires es dengue o coronavirus, más dengue. Recuerdo que mi obsesión cuando asumí acá eran el dengue y el sarampión, Mirá dónde estamos ahora. Cada vez que me referí al dengue me dijeron que quería diluir la atención sobre el coronavirus. La ventaja de tomar la fiebre es que es un procedimiento muy fácil de cumplimentar.

—Pero sirve más para diagnosticar dengue que coronavirus?

—No. Solo quiero decir que cuando hay masivamente fiebre es más probable que sea dengue. Hay mucho dengue en Buenos Aires. Mucho.

—Desde la impunidad que da la ignorancia de no ser médico, ¿no hay un punto en el cual finalmente el sistema inmunológico tendrá que ser el que resuelva el problema como sucedió con la viruela? Uno hasta podría suponer que la menor mortalidad de los países asiáticos es porque habían desarrollado más capacidades de anticuerpos a virus similares como el SARS-1, o las otras gripes que venían también producidas por animales.

—Hablar de una vacuna es hacerlo de algo que estimula tu sistema. Lo que te protege no es la vacuna, sino tu sistema inmunológico excitado por la vacuna. Muchas de las terapéuticas que se aplican van en este sentido. Siempre se trata del sistema inmunológico.

—Entonces: salidas para que la gente vaya a los parques y tome sol, ¿son recreativas o terapéuticas?

—Es una mezcla. Implican un poco de recreación, pero la recreación es terapia también. Ha sido muy difícil este período.

—Ahí iba. Para levantar el sistema inmunológico ¿no es necesario también un sistema que no lo coarte?

—Los problemas mentales tienen que ver con el aspecto inmunológico, es algo probado. Los problemas mentales existen y un encierro no es una circunstancia natural, una falta de convivencia social no es natural para nuestra especie. Termino todos los días tarde acá y me voy a casa solo pensando cuándo volveré a cenar con mis amigos. Todos sentimos eso. Es la causa de que intentemos que empiece a funcionar. La etapa que viene, por lo tanto, no es de menos responsabilidad, es de igual o más responsabilidad: cuidarnos no solo cuando estamos en casa. Si no, lamentablemente nos vamos a tener que volver empujados por los números a la situación anterior, que es horrible. Es algo que también pasa con la economía. Y me hace pensar en algo que hablamos previamente: si se morían 40 mil personas, ¿alguien cree que puede funcionar la economía con esos números? Tampoco se trabajaría en las fábricas, los comercios estarían cerrados. Nadie compraría ni vendería.

—Hay una explicación más amplia, porque 40 mil personas evidentemente es una enorme desgracia para quien le toque, pero no desde el punto de vista poblacional, vos mismo lo dijiste, murieron 37 mil de gripe el año pasado en la Argentina. La cuestión no es médica sino económica; alguien podría decir: “Si los otros países hacen cuarentena y nosotros comerciamos con los otros países, evidentemente nuestra economía, hagamos o no hagamos cuarentena, igual va a estar afectada y encima vamos a tener los muertos”. No habría forma de aislarse de una caída del producto bruto mundial y afectará a Argentina de cualquier forma. Pero la cuestión es política, porque finalmente en la administración de salud pública no solamente estás administrando cuerpos sino también estás administrando expectativas de la sociedad.

—Como la vida.

—No es solamente elegir entre 40 mil muertes de una manera u otra.

—No.

—Como en el experimento ético del tranvía que por el carril que va producirá la muerte de determinada cantidad de personas y si se cambia de carril matará a menos personas, pero pocos se animan a elegir la muerte de unos en lugar de la de otros. No es un tema numérico, es político.

—Sí.

—Tu tarea es también política, no simplemente médica.

—Seguro. Siempre hice mi tarea sanitaria, pero comprendiendo que hay un hecho político. Tengo una identidad política clara. Siempre hice política.

—Cuando me refiero a política me refiero más a una política a lo Platón. No partidaria. Convencer a las personas para que hagan su bien.

—El Estado tiene hoy por función ser comunicador, informar. Le digo a mi equipo todo el tiempo que tenemos que ser predicadores de las medidas que hay que tomar, de los cuidados necesarios. Ser predicadores implica tranquilizar, contener. Cada vez que hablamos, cumplimos una función, no exaltando nuestra cara, nuestra voz. El Estado comunicador es central en el mundo moderno, sobre todo en democracia. Hay que estar informados, además hay un bombardeo de información de todo tipo por cualquier lado.

—¿Tu tarea va a ser ir quitándole progresivamente el miedo a la gente?

—No solo quitar el miedo, sino que desaparezcan las razones del miedo.

—Se puede llegar a un punto en el que el miedo mate tanto como el virus.

—Si se produce una estampida, pero creo que no va a pasar eso, no creo, no va a pasar eso. Tiene que ver con la política social. El Gobierno hizo mucha contención, mucha distribución de todo, de dinero, de alimentos, de organización. Nosotros trabajamos fuertemente ayudando a las provincias; también en los barrios y en los barrios rurales.

Entrevista del ministro Ginés González García con Jorge Fontevecchia, en el ciclo Periodismo Puro.

—Pero la crisis económica va a producir estragos. Ya los está produciendo.

—Todos sabemos que el mundo que viene no va a ser igual. Y no solo porque vamos a ser todos más pobres: muchos piensan que va a ser más injusto, algo incluso peor que ser más pobre. Sostienen que va a haber más concentración de la renta, el problema más grave que tiene el mundo en los últimos treinta años. También cambiará el sistema de salud. Lo que está pasando a distancia es monstruoso. Estamos a punto de largar un sistema, una plataforma, que van a usar todas las provincias como contacto de los médicos con los pacientes para seguimiento y control.

—Lo que hace Israel.

—Hay una cosa más que está sucediendo. De entrada, la mayoría de los enfermos iba al sector privado porque era una clase social. Acudían a la prepaga, a las obras sociales; ahora, es mitad y mitad. La mitad ya va al sector público, la única cobertura que tiene es el sector público. Gente que está ingresando en otra clase social. Tiene la vulnerabilidad del ambiente donde vive, pero tienen la ventaja de ser más jóvenes. La letalidad en esos lugares es bastante más baja.

—¿Qué sabemos respecto de la inmunidad que produce el virus? Si estuviste enfermo, ¿te podés reenfermar?

—Se hablaba del efecto rebaño.

—Exacto, para generar anticuerpos.

—Algunos dijeron que era bueno que nos infectáramos todos de a poco. Boris Johnson lo dijo. La verdad es que no se dio. Todavía hay casos reincidentes, más bien en Asia. Estamos en contacto con todo el mundo, en el sentido de la información del día a día. Tengo un grupo acá trabajando específicamente en eso. Estamos mirando continuamente la situación. La verdad es que hay también una especie de disputa geopolítica. Se habla mucho sin tener información consolidada.

—Hay una suerte de mundial de la lucha contra el coronavirus. Un clima deportivo: nosotros somos los campeones mundiales en cuarentena, China es el campeón mundial en resolverlo rápido, Estados Unidos quiere ser el campeón mundial de la vacuna.

—Cuando dije geopolítica, me refería a eso. Se ve en la forma en que se hacen ciertos anuncios. Sería como en un mundial, una olimpíada: se busca quién hace el gol o se cuelga una medalla.

—Cada uno elige una ventaja competitiva: Corea es campeón mundial en tests.

—Y se usa para jerarquizar a un país.

—¿Te hiciste el test vos?

—No.

—¿Se lo hizo el Presidente?

—No. No soy su médico.

—En Brasil hay una discusión sobre si Bolsonaro se tiene que hacer el test o no.

—Hay muchas discusiones con Bolsonaro. Ni el Presidente ni yo estamos en el grupo que tenemos que hacernos el test. No tenemos que hacérnoslo porque él sea el presidente y yo ministro.

—¿Quién tendría que testearse si hubiera cantidad suficiente para hacerlo?

—Solo hacemos tests cuando se dan ciertas características. No es que no hacemos por falta de tests. Tenemos muchísimos tests y vamos a hacer los masivos para ver la circulación.

—Si uno pudiera descubrir a través del test si es portador o no del virus, ¿no sería más eficaz que la toma de la temperatura?

—Y además cuesta hoy 8 dólares.

Entrevista del ministro Ginés González García con Jorge Fontevecchia, en el ciclo Periodismo Puro.

—¿Desde el punto de vista económico sería imposible?

—Está abaratándose. Se está incorporando tecnología nacional. Si al principio nos costaba 4 mil pesos, ahora está un poco más abajo, más cerca de los mil. También tanto la semana pasada como esta hicimos y haremos anuncios sobre simplificaciones del PCR.

—Sigamos pensando utopías: si el costo de los tests llegase a un dólar, algo que parece que está en camino, si hubiera que hacer el test cada tres días serían cien en el año por persona, costaría 100 dólares por persona hacérselo a todos cada tres días.

—Te vuelvo a decir: es mucho más importante el control epidemiológico.

—¿Bill Gates estará trabajando en un camino erróneo? Por ejemplo, se podría resolver el problema del tráfico aéreo a un costo de un dólar por pasajero. Para las compañías aéreas podría ser una solución.

—Hay dos inconvenientes. Uno de ellos es que tarda de 10 a 12 horas en llegar al laboratorio. Para subir al avión no serviría.

—Tendrías que hacerlo el día anterior o a la mañana.

—Pero si te infectaste el día después, no valió.

—Pero podría llegar a durar una hora en un futuro.

—Se está trabajando mucho en eso acá en la Argentina. Tanto en que demore mucho menos como en que además no sea a través de un hisopo. Mejorar el sistema lo hace también mucho más...

—Efectivo.

—Claro. La diferencia entre la vacuna de Jonas Salk y la de Albert Sabin.

—Una era oral.

—La Salk era por inyección. Cuando Sabin la convierte en la gotita en la boca hizo una expansión de la vacunación monstruosa. Ambas eran vacunas contra la poliomielitis. En ese sentido hay mucho en reactivos, en tiempo, en por ejemplo dejar de usar el hisopo e ir derecho a la saliva. Eso está muy cerquita de salir. Son simplificaciones que van a mejorar la actitud colectiva y lo que hagamos. Pero por ahora estamos haciendo lo que tenemos que hacer. Los números, la cantidad de tests que tenemos con respecto a los positivos, son los que corresponden según la OMS. No hubo ningún caso que haya sido por falta de test, y lo que hay que hacer mucho hoy es vigilancia, es detectar rapidito, lo que no pasó en la 31, detectar rapidito y actuar con velocidad, rodear, cerrar, focalizar, hacer control, así no se expande. Ahí es donde perdés los estribos porque se te va a un número que es difícil de manejar, por toda la logística que necesitás para este tipo de pacientes.

La entrevista completa de Jorge Fontevecchia a Ginés González García


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