POLICIA
a una semana del asesinato

Crimen y misterio en La Delfina: relevan a los vecinos del country en busca de pruebas

Los investigadores se instalaron en el barrio privado de Pilar para conocer la opinión de los habitantes, ante la falta de indicios y la sospecha de que el asesino del ingeniero electrónico de 71 años pueda conocer muy bien el lugar.

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“Wolfi”. Así lo apodaban sus excompañeros del Colegio Nacional de Buenos Aires. Roberto Wolfenson tenía 71 años. El viernes 23 de febrero fue asesinado. | cedoc

La causa que investiga el enigmático crimen de Roberto Eduardo Wolfenson, el ingeniero electrónico de 71 años que hace una semana fue hallado asesinado en el country La Delfina de Pilar, sumó nuevos testimonios en las últimas horas, mientras el fiscal Germán Camafreita aguarda los resultados de una batería de pericias con la esperanza de que surja un dato clave.

A una semana del hallazgo del cuerpo en la casa del lote 397 de La Delfina, ninguna hipótesis parece cerrarles a los investigadores. Se trabaja sobre varias líneas, entre ellas la de un intento de robo, pero hay un punto en el que todos coinciden: el asesino es alguien que conocía a la víctima y el lugar, dos elementos que acotan la lista de sospechosos.

Con esa presunción, una comitiva de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de San Isidro se instaló varias horas en el barrio privado y comenzó a recabar testimonios entre los vecinos. “Se le está tomando declaración a todo el mundo”, graficó uno de los investigadores.

La data de muerte establecida por los médicos forenses en la operación de autopsia fue estimada entre las 13 y las 19 horas del viernes 23 de febrero pasado. Pero cerca de las 17, cuando el profesor de piano de la víctima se presentó en el ingreso al barrio, Wolfenson ya había sido asesinado.

Roberto Eduardo Wolfenson Band

Según fuentes del caso, el cuerpo del ingeniero electrónico presentaba signos de violencia y varias lesiones visibles, pero el primer médico que lo vio certificó que se trataba de una muerte natural a raíz de una insuficiencia cardíaca, algo que horas después cambiaría con los estudios realizados en la Morgue Judicial.

Para los investigadores del caso, Wolfenson resistió lo más que pudo: fue atacado a golpes primero y luego estrangulado, aparentemente con un hilo muy finito que podría tratarse de una tanza.

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La resistencia de la víctima no es un dato menor, porque en esa lucha pudo haberse quedado con algún rastro que sirva para identificar al homicida. Ante esa posibilidad, los peritos obtuvieron muestras de las uñas de la víctima que ya fueron enviadas a un laboratorio.

Por su parte, el abogado de la familia de la víctima, Tomás Farini Duggan, presentó en las últimas horas un pedido de informe ante el Banco Central de la República Argentina (BCRA) para conocer la situación económica del ingeniero, y determinar el estado de sus cuentas bancarias y sus últimos movimientos, así como los registros de sus cajas de seguridad.

La solicitud apunta a descartar o avanzar en la pista de un posible móvil económico, en el caso de detectar algún desvío de dinero en las horas previas o posteriores a su muerte. Además, solicitó que se les saque fichas dactilares para eventuales cotejos a todos los empleados que circularon por la casa del country en los días previos al hallazgo del cuerpo. Entre ellos figuran la mucama, el piletero y los albañiles que trabajaron en algunas refacciones en la casa.

Por estas horas, el fiscal tiene grandes expectativas en las pericias y cree que los resultados podrían estar listos en las próximas horas. El cuerpo sin vida de Wolfenson estaba en el interior de la habitación de huéspedes, cerca de una estufa. En el pantalón, por ejemplo, los peritos hallaron un cabello largo y negro que también está siendo cotejado y que podría servir como indicio para avanzar en la identificación del asesino.   

Las últimas horas del empresario

Mientras tanto, la fiscalía avanza en la toma de testimoniales para, entre otras cosas, reconstruir cómo fueron sus últimas horas, quiénes eran sus contactos más frecuentes, con quiénes se conectó, y si hubo algún episodio extraño en el barrio. Para ello también analizan su computadora personal y otra perteneciente a la empresa Enersys, para la que el ingeniero trabajaba.

En cuanto a los ingresos al barrio, los detectives no hallaron hasta el momento ninguna pista certera. Las planillas de seguridad del viernes 23 de febrero, que fueron aportadas por la administración de La Delfina, registraron solo el ingreso del profesor de piano de la víctima, quien precisamente fue, junto con un vecino y personal de la guardia, el que descubrió que el ingeniero estaba muerto.

Lo que se sabe hasta el momento es que en las horas previas del crimen Wolfenson no estuvo con su pareja, con la que convivía hace 18 años, porque ella se había ido de viaje con un grupo de amigas.

La última persona que lo vio con vida fue su empleada doméstica, el jueves 22 de febrero pasado. La mujer aportó un dato importante en su declaración testimonial: dijo que su patrón le pidió que preparara una habitación de la planta alta porque supuestamente recibiría a una persona.

En la planilla no hay registro, pero los propietarios pueden habilitar ingresos mediante una aplicación en el celular. Por eso, los investigadores del caso mantienen la esperanza de hallar una nueva pista.

Roberto Eduardo Wolfenson Band

Si así fue, se supone que el visitante ingresó el jueves. Al otro día, Wolfenson se mostró activo en su cuenta de WhatsApp y no dio señales de algún problema: se comunicó a la mañana con su mujer, que a esa hora se encontraba en la casa de su hija en Villa Devoto, y se mantuvo en línea hasta las 14.30.

Sin embargo, hay quienes ponen en duda esa versión y creen que alguien pudo haber manipulado su teléfono celular, que no fue hallado en la escena del crimen, al igual que un parlante. La sospecha está centrada en el testimonio de un vecino con el que la víctima salía a caminar y el jueves intentó contactarlo, pero no obtuvo ninguna respuesta, situación que le llamó poderosamente la atención.  

Lo que pasó después es un verdadero misterio. Por lo pronto, el abanico de sospechas está abierto. Los más optimistas –que no son muchos– creen que en las próximas horas podrían surgir novedades relevantes.

El mensaje de sus amigos: “Pacífico y bondadoso”

Roberto Wolfenson era amante de la música. Desde la época de la secundaria que tocaba el piano. La víctima había estudiado a fines de los años 60 en el Colegio Nacional de Buenos Aires y cada tanto solía juntarse con sus excompañeros de una división que era solo para varones.

“Era una de las personas más pacíficas, ecuánimes y bondadosas que he tenido el gusto de conocer”. Así lo recordó uno de sus excompañeros del Colegio Nacional de Buenos Aires.

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A Wolfenson le decían Wolfi. Se había reunido con ellos en diciembre pasado, y el recuerdo de aquella noche todavía está presente entre los amigos del Nacional.

El ingeniero había perdido contacto con algunos de ellos, pero su incursión en Facebook lo volvió a unir. Demoró varios años en abrir su cuenta y no era muy activo, aunque era la red social que más usaba (también tenía una cuenta en LinkedIn, donde solo realizaba posteos vinculados a su actividad en la empresa Energys).

La víctima tenía dos hijos de una esposa anterior de la que separó hace cerca de dos décadas y actualmente convivía con otra mujer en el country La Delfina, cerca de la puerta 2. Su inesperada y trágica muerte sorprendió a todos. En el barrio los vecinos advirtieron una extraña presencia policial en el barrio –algo inusual– y rápidamente comenzaron a circular las versiones de que había ocurrido un misterioso asesinato. Como el de María Marta Garcia Belsunce en Carmel o los de Claudia Schaefer y Silvia Saravia (esposa del empresario Jorge Neuss) en el Martindale.

LT