POLITICA
A 50 años de la muerte del general

Los últimos 100 días de Perón: el golpe por el asesinato del padre Mugica y el comisario que llegó para "poner orden"

Para el presidente Juan Domingo Perón empezaban los últimos 50 días de su vida.

Perón y Mugica
Perón y Mugica | CEDOC Perfil

Dos personajes opuestos. El cura de los pobres que veía "el mandato evangélico del amor real" consumado en el peronismo. El policía antiperonista que que terminó organizando las patotas de la Triple A. El mismo día, hace 50 años, el padre Carlos Mugica moría ametrallado cuando salía de su parroquia, mientras el comisario general Alberto Villar transitaba sus primeras horas como jefe de la Policía Federal.

Para el presidente Juan Domingo Perón empezaban los últimos 50 días de su vida. Seguía afectado, aturdido, enojado por los sucesos de la Plaza de Mayo, apenas 10 días antes. Esa tarde, cura Mugica le había mostrado lealtad. Con su agrupación peronista villera, estuvo entre los que se quedaron, mientras otros se iban.  

Con Villar, Perón se había encontrado en enero, en la casa de la calle Gaspar Campos, en Vicente López. Furioso por el ataque del ERP a la guarnición militar del Azul, estaba decidido a terminar con la acciones de la guerrilla. El comisario que había pedido el retiro cuando llegó al poder Héctor Cámpora, volvía ahora como subjefe de la fuerza. Era la pieza elegida para "poner orden".

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Como el cura Mugica, como el propio Perón, el comisario tampoco sobrevivió a aquel dramático 1974 en la Argentina.

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Entre los dos asesinatos hubo unas 25 cuadras de distancia y 228 días de diferencia. Los dos ocurrieron a la luz del día y delante de testigos. El de José Ignacio Rucci fue en la vereda de su casa, en la avenida Avellaneda, en Flores. El del padre Carlos Mugica, en la puerta de la parroquia San Francisco Solano, en Villa Luro. Aunque la muerte del líder de la CGT lo afectó especialmente -con Rucci estaba unido por la lealtad y el afecto personal- el ataque mortal contra el cura villero, según narraron algunos cercanos, también fue un golpe para Perón, cuando digería los sucesos en la Plaza de Mayo. La tarde irremontable de los "estúpidos" e "imberbes" y la retirada montonera.

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Ese 1 de mayo de 1974, el padre Mugica fue a escuchar al líder, al frente de la columna del  Movimiento Villero Peronista Leales a Perón. Estaba conformado por habitantes de barrios populares, la feligresía del cura, que se habían ido de Montoneros descontentos por la disputa que la organización mantenía con Perón y con su procederes violentos en democracia. Si bien muchos integrantes de otros grupos del ala combativa también se habían alejado del grupo armado, en el caso del grupo que conducía Mugica la deserción llegaba al 90 %.  No había quedado casi nadie.

El asesinato de Rucci fue un parteaguas en todo sentido. Volcó a Perón a definirse claramente por uno de los dos sectores en pugna y también marcó la relación entre el cura Mugica y Mario Eduardo Firmenich, el jefe montonero, que había sido discípulo suyo en la Acción Católica.

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Retrato del padre Carlos Mugica

Mugica estaba conforme con la marcha del tercer gobierno de Perón. Compartía la línea del movimiento sindical, que en la previa al acto del Día del Trabajador había llenado la capital y el conurbano con carteles con esa misma palabra. La posición de Mugica quedó por escrito en un comunicado del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo de la Capital Federal, dos días antes del acto en la plaza, que apuntaba contra "los modelos ideológicos elitistas para juzgar la presente coyuntura". La referencia era clara,

Igual que Perón en el balcón, el 1 de mayo de 1974 el cura Mugica también eligió: Yo me quedo acá porque el pueblo se queda acá, en la Plaza con Perón", les respondió a quienes le reprochaban su actitud de no acompañarlos en la retirada.

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El padre Carlos Mugica era un hombre que llamaba la atención. Siempre bien vestido, tenía un carisma que los hacía atractivo para las cámaras de televisión. Un personaje popular y magnético. El periodista Ceferino Reato, autor del libro Padre Mugica, pone en relieve la pertenencia del sacerdote al patriciado porteño y lo define como un "retoño rebelde pero no tanto de una familia conservadora y adinerada, con amigos poderosos con los que seguía relacionado a pesar de sus posturas combativas".

Mugica militaba para que los católicos se inclinaran por el peronismo. Culpaba a la Iglesia de los desencuentros históricos, y se incluía. "Se debió a que algunos de nosotros en lugar de analizar la realidad desde el pueblo, desde los pobres como lo manda Jesús en el evangelio, infectados por una mentalidad elitista lo veíamos todo desde una óptica oligárquica", escribió en un artículo en la revista Las Bases, publicado el 28 de junio de 1973.

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Afirmaba que el peronismo "realizó el mandato evangélico del amor real y verdadero a los humildes" y llamaba a los católico a sumarse al movimiento "haciéndonos pueblo, luchando con austeridad, honestidad y grandeza junto a los humildes por la liberación nacional". 

Las horas que precedieron a su asesinato habían sido las normales de un sábado para el padre Mugica. Y así iba a seguir el día, si hubiese sido como era siempre. Había dado la misa vespertina en la parroquia San Francisco Solano, en Villa Luro, y salía para subirse a su Renault 4 verde oliva para ir a un asado a la casa de su amigo Drácula Serrano, en la villa de Retiro, donde el cura enfocaba su tarea pastoral.

En los últimos meses el cura se había peleado con la derecha armada del peronismo, que tenía como referente a José López Rega, el secretario de Perón, y también con los montoneros a quienes había formado en la fe. Distinguía entre "el socialismo dogmático", que atribuía a la organización, del resto de "los sectores más combativos de nuestra juventud", a quienes convocaba para seguir accionado cerca suyo.

Carlos Mugica
El padre Mugica, en el barrio

Aquel sábado 11 de mayo de 1974, Mugica salía junto a unos colaboradores de la parroquia de Zelada 4771, cuando un hombre lo apartó con la idea aparente de tener una charla. Pero en lugar de eso, lo atacó a balazos de ametralladora y huyó en un auto. Mugica entró al hospital municipal Salaberry con 4 balazos. Pese a una transfusión de 5 litros de sangre y los masajes cardíacos, no pudieron salvarlo.

"El paciente fallece a las veintidós horas del día 11 de mayo de 1974", señalaba el parte médico. El cura fue velado en la capilla Cristo Obrero de la villa de Retiro y sepultado en el cementerio de la Recoleta.

Perón no se pronunció ese día, ni se hizo presente en la despedida. "El General me dijo que iba a concurrir al velorio y al entierro y que ya había mandado una ofrenda floral. Pero luego no concurrió, según comentarios de Juan Esquer (jefe de la custodia del presidente), por insistencia de López Rega, que consideraba peligrosa su presencia en ese acto", cuenta Juan Manuel Abal Medina en su libro Conocer a Perón.

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Aunque los ojos se posaron sobre la Triple A y sobre los Montoneros (que enseguida se desligaron con un comunicado), el asesinato no se investigó hasta 2006, cuando se rebrió la causa. En ese entonces, Ricardo Capelli, también baleado aquel día de 1974, reconoció a Rodolfo Eduardo Almirón, custodio de Isabel Perón, y mano derecha de López Rega como el autor material del crimen.  Almirón había sido extraditado desde España y murió en la Argentina en 2009. Estuvo un tiempo en prisión y después lo beneficiaron con el arresto domiciliario.

 

Quién fue el comisario Alberto Villar, alias "Tubo"

El  24 de enero de 1974, cinco días después del ataque del ERP a los cuarteles de Azul, el ministro del Interior, Benito Llambí, recibió al comisario mayor retirado Alberto Villar. Al día siguiente el diario La Nación informó sobre cambios en la jefatura de la Policía Federal: Villar, ascendido a comisario general, volvía como el subjefe de la fuerza.

Apodado "Tubo", Villar había investigado el asesinato del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu, en 1970. Anticomunista y también antiperonista, cuando subió Cámpora pidió el retiro. 

Comisario Villar
El comisario Alberto Villar

Pero volvió con Perón, que lo llamó por su conocimiento sobre las acciones y los líderes de las organizaciones armadas. Cuando se vieron, Villar le llevó una carpeta azul con una radiografía de la guerrilla. Dicen que ese día le aclaró a Perón que él no era peronista y que se fue de la residencia diciéndole a un colaborador: "¿Escuchaste bien Negro? Entonces, ahora, piña, patada y máquina".

Cuatro meses después, Villar fue confirmado como jefe de la Policía Federal. Los diarios publicaron la noticia el mismo día del asesinato del padre Mugica. Ese 11 de mayo empezó el período de Villar al frente de la fuerza.

Más allá de sus funciones oficiales, fue uno de los organizadores de la Triple A, el grupo paraestatal que desapareció y asesinó a miembros de grupos de izquierda. Villar integraba un grupo llamado "Los Centuriones". Entre otros casos, fue relacionado con el asesinato del diputado peronista Rodolfo Ortega Peña, el 31 julio de 1974.

Los testigos dicen que durante el gobierno de Isabel Perón el vínculo no fue tan bueno. Pero fue poco tiempo. El 1 de noviembre de 1974, una bomba colocada dentro de una lancha en el Tigre terminó con su vida y la de su esposa. Perón había muerto hacía exactamente cuatro meses, 

LT