“Ah, va a la Casa Rosada”, contó uno de los invitados a Casa Castañón que exactamente eso fue lo que le dijo el dueño de una pizzería a quien le consultó si estaba cerca de la calle Castañón.

Esa “Casa Rosada” es en realidad, el quincho más famoso del Bajo Flores. Para cierto círculo político, empresario y diplomático que, sobre todo, en los años noventa fue epicentro de asados nocturnos que allí se hacían con bastante regularidad. Mucho de lo que allí sucedía terminaba como crónicas escritas en una sección de Ámbito Financiero que escribían a dos manos Julio Ramos y Roberto García –fallecido el sábado último–, y cuyo título se originó en Casa Castañón: “Charlas de quincho”.
Viaje en el tiempo. Desde hace unos años, su portón vuelve abrirse con otra frecuencia y , para algunos, atravesarlo es como “la puerta del armario de Narnia” que transporta a otros tiempos. Para quienes van por primera vez y no tienen registro del pasado mediático de ese quincho, lo primero que perciben es el contraste.

En el Bajo Flores –barrio próximo a los márgenes sur de la Ciudad–, a esa altura, la calle Castañón tiene una iluminación sobria, y tras el portón la escenografía es luminosa y parece la de un resort ochentoso del norte de Brasil o del Caribe. Un jardín con un césped de un verde que nunca conoció el otoño, palmeras altísimas, una fuente y una piscina.
Después, en el salón de los tragos previos a la comida propiamente dicha, una gran barra domina el espacio, también hay un piano, sillones, y cuadros y objetos que denotan que el turf es la pasión deportiva de Roberto y Mario Guerrieri, empresarios dueños de casa Castañón. Una pasión compartida por muchos de los “socios fundadores” de esa particular logia.

Debutantes. Hace unos días, el portón de Casa Castañón se abrió para nuevos invitados. Como es costumbre, uno de los dos anfitriones –o Many Gambaro, yerno de uno de ellos–, organizaron un recorrido por el lugar para explicar la historia de cómo los Guerrieri armaron ese “quincho” en donde antes funcionó la fábrica de bolsas que luego fue líder en América Latina. Y también detenerse en ñlas fotografías de algunos de los muchos personajes que estuvieron en el “quincho”.

Los embajadores Gonzalo Uriarte (Chile), Joaquín Correa Ezequiel (Panamá), Gonçalo Beija de Teles Gomez (Portugal), Fabrizio Nicoletti (Italia), Diego Ignacio Canepa (Uruguay), Peter Lamelas (Estados Unidos), y Erik Hoeg (Unión Europea) fueron parte de ese grupo de noveles visitantes. Ttambién el Padre Ignacio “Nacho” Bagattini, cura responsable de la Parroquia Cristo Obrero, ubicada en el Barrio Carlos Mugica (ex Villa 31), en Retiro, quien le comentaba a quienes se le acercaban acerca del proyecto que tiene para ampliar la propuesta deportiva de su iglesia que ya cuenta con un equipo de fútbol femenino que compìte en torneos AFA.

Habitués. En el resto de los invitados, estuvieron Javier Martínez (vicepresidente de Techint), Daniel Herrero (presidente de Mercedes Benz), Luis Galli (CEO de Newsan), Carlos Giovanelli y Damián Pozzoli (dos de los titulares de Inverlat Investments), Alejandro Simón (Sancor Seguros), Martín Rappallini (presidente de la UIA), Gustavo Scaglione (nuevo dueño de Telefé) Tato Lanusse, Fabián Perechodnik, Juan Pablo Maglier, Miguel Sulichín, Rodolfo Smith Estrada, Mariano Fragueiro, Máximo Petracchi, Lolo Longinotti, Javier Iturrioz, Alejandro Gravier, José Urtubey, Mariano Rodriguez Giesso, “El Verde” Saénz Valiente, entre otros.

Rum rum. Quizá por el nivel etario más que por la discreción que se impone de manera tácita, son excepcionales las selfies o uso del celular durante la comida. Y entre el momento del copetín y de la cena, se den espacios más para el chimento que para rosca de empresaria. Si hubieron tópicos que recorrieron todas las mesas en algún momento y con tono de apuesta haciendo honor a los detalles burreros del quincho. Uno fue, cuánto más durará Manuel Adorni en el gobierno; y el otro, fue el Mundial. Incluso uno de los embajadores invitados soportó estoico su posición respecto de una situación protagonizada por Messi.

También otro de los diplomáticos le aseguró a un lobbista discreto pero con alto historial que, aunque se diga que los cinco oferentes por el Belgrano Cargas no quedaba ninguno, a uno de ellos se los estaba convenciendo de repensar la cuestión. Y la privatización de AySA también se mencionó porque quedó solo el poderoso y elusivo empresario Mauricio Filiberti. En otra de las mesas, el nombre de Santiago Caputo estuvo en boca de uno que dijo conocerlo desde chiquito y en tono didáctico sentenció que “no hay que confundir ser mudo con ser inteligente....Mudo y estratega era el monje negro, el Coti ( Nosiglia)”.