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Una rosa, un teléfono y un desmayo: Elisa Montero cuenta su historia de amor con Lionel Scaloni que ya lleva 18 años

Rompiendo un histórico perfil bajo, la esposa del director técnico de la Selección Argentina reveló los detalles de su relación, las exigencias familiares y la salud mental del conductor de la Selección Argentina en la biografía oficial de su marido.

Lionel Scaloni y Elisa Montero
Lionel Scaloni y Elisa Montero | Cedoc

Lionel Scaloni y Elisa Montero construyeron una historia de amor que ya lleva 18 años de vigencia. Tras conocerse en España, consolidaron su pareja en 2016 a través de un matrimonio del que nacieron sus dos hijos, Ian y Noah. A pesar de la exposición mundial que rodea al director técnico de la Selección Argentina, ella ha mantenido un perfil estrictamente subterráneo, preservando la intimidad de la familia lejos de los flashes de la prensa y de los grandes eventos del ambiente del fútbol, lo que le permitió disfrutar del mundial de Qatar, por ejemplo, rodeada de hinchas argentinos.

Sin embargo, el periodista Diego Borinsky logró romper ese hermetismo al conseguir una entrevista exclusiva con ella para la biografía del entrenador Scaloni. Biografía oficial. A continuación, rescatamos un fragmento de este valioso testimonio en el que Elisa repasa, con naturalidad y humor, los momentos más divertidos y profundos de su vida al lado del DT campeón del mundo.

Scaloni
En un hecho inédito para la prensa deportiva y de espectáculos, el reconocido periodista y escritor Diego Borinsky logró una entrevista exclusiva con la mujer mallorquina para su nuevo libro.

— ¿Cómo se conocieron?

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— Fue un día de semana; yo no era de salir, pero mis compañeras de vóley me comentaron que había un sitio nuevo y fuimos a cenar. Estaba el equipo de fútbol de Mallorca, pero yo no tenía ni idea de quiénes eran, de hecho cuando volví por la noche y le comenté a mi padre que había intercambiado unas palabras con un futbolista de apellido Scaloni, me dijo: “Pero ¡cómo que no lo conoces, Elisa! Si es muy bueno, y tal”. Ni lo había oído nombrar.

— ¿Te acordás de cómo te encaró?

— Estábamos cenando, y el camarero me trajo una rosa. “Se la entrega un chico de la mesa aquella”, me dijo, pero no me especificó quién. En un momento fui al baño, se acercó Leo y me preguntó si me había gustado la rosa.

— Y vos ni bola.

— Ni pelota, ja, ja. Le dije “gracias” y hasta ahí. Pidió tu teléfono. No tenía idea hasta que una amiga me dijo: “Elisa, hay un chico que la está llamando a la del bar todo el tiempo para que le dé tu teléfono”, pero, en ese momento, yo no quería saber nada con nadie. Supongo que después aflojé. Me llamó y ahí empezamos a hablar, porque era muy simpático. Tiene unas bromas de estas que te agarran, muy alocado, íbamos en el coche, metía canciones argentinas y se ponía a cantar como si fuera Pavarotti, no, no, muy bien, muy suelto, muy natural, muy transparente.

— ¿Aceptaste enseguida la propuesta de irte con él a Italia o tuviste dudas?

— Yo tenía dos curros (trabajos): con mis padres en Olivetti por las mañanas, pero tenía que pagar una hipoteca y, como no me daba, me puse a trabajar en Zara por las tardes. Y de repente caía Leo en la tienda. Yo trabajaba en la parte de hombres, por ahí estaba doblando los pantalones y de golpe se me aparecía preguntando algo, y yo le decía: “Pero ¡¿qué haces aquí?!”, ja, ja. Muy bien, hubo mucha atracción. Fue complicado por mi padre, pero al final hice las maletas y nos fuimos. Y en Roma nació este grandullón, en 2011.

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— ¿Cómo fue el parto de Ian?

— Pues Leo estaba concentrado con el equipo, era un sábado, y yo rompí aguas. Nos presentamos en el hospital público San Filippo Neri. Al poco tiempo llegó Leo con su chandal (equipo de gimnasia) de Lazio, se puso la bata verde encima, me pasaron a una habitación pequeñita y luego nos fuimos al quirófano a parir. Ian nació por parto natural, a Leo lo tenía acá al lado, cinco médicos atendiéndome delante de mí… y de golpe los médicos no estaban más. ¿Dónde estaban? A un costado, agachados, porque el hombre se había desmayao y nada, “yo sigo, no se preocupen por mí”, ja, ja, después recuperó la conciencia. Le bajó la presión, pasa que Ian venía con el cordón corto y creo que Leo se puso algo nervioso por eso.

— Leo contó que fuiste un sostén importante cuando se retiró, que le insististe para que empezara a dirigir.

— Claro, porque llega un momento en que dejas de jugar y estás medio perdido, los días se hacen muy largos, no sabes qué hacer, no tienes horarios que cumplir. Ya lo has visto: él es eléctrico, es un nervio, y necesitaba activarse. Entonces, claro, le dijimos: “Venga, buscamos algo, vamos a hacer cosas”. Y la bici, que también lo salvó, tiró para adelante.

— ¿Qué pensaste cuando lo nombraron técnico de la selección?

— “Venga, bien, para adelante, es un trabajo, tómalo, esto va a ser experiencia”, le dije. Para nada imaginé que se iba a quedar tantos años, siempre pensamos que iba a ser algo puntual, del momento.

— ¿Cómo hace tu marido para no gritar los goles, para no hacer ni un gesto en momentos de tanta tensión?

— Lo lleva por dentro, no quiere que sus jugadores lo vean nervioso. Eso sí: cuando acaba, ahí explota. Muchísimo autocontrol. Por eso le explota después la cabeza, pero es admirable que pueda controlar esos sentimientos. Lo hace por los chicos, para no contagiar descontrol. Está clarísimo: cuando le va a abrazar Paredes, ahí explota y se nota que buahhhh, sale todo lo que llevaba adentro…

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— No se te vio ni un sola nota, y te habrán querido hacer unas cuantas.

— No, y no se me verá tampoco. A mí no me gusta. Yo no quiero saber nada de este mundo del fútbol, no va conmigo, no va con nosotros, eh, porque tampoco va con Leo.

— Es de emoción fácil.

— Sí, antes era más fuerte, más contenido, pero los últimos años llora conmigo en las películas. Yo soy la llorona de la casa, pero es verdad que él se está acercando.

— ¿Puede ser que le cueste disfrutar?

— Sí, ha empezado con un terapeuta, porque es verdad que la familia, que los amigos, que yo, pues estamos ahí, pero le dije: “Leo, necesitas ayuda, porque no puede ser que con todo lo que has conseguido, que tu vida está bien, tranquila, hay salud y que no disfrutes, que no seas feliz, hay algo que no va en tu cabeza, hay que ir un paso más allá de los que estamos al lado”. Está yendo ahora, y parece que le va bien, se lo ve contento. Después de la primera sesión llegó a casa y dijo: “Vengo nuevo, Elisa. Ya está, esto es vida, aire, soy otro”. “Fenomenal, es la idea, que disfrutes, joder”, le contesté.

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