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SOCIEDAD / Caso Débora Pérez Volpin
domingo 25 febrero, 2018

Jefe de Endoscopías de La Trinidad: "Los errores no deben ser sinónimo de culpa"

El doctor Héctor A. Defranchi, encargado de Neumonología y Endoscopía Respiratoria del centro de salud donde falleció la periodista, salió al cruce de las críticas.

Allanan el edificio de La Trinidad, ubicado en Av. Cerviño 4720 Foto: Cedoc

La muerte de la periodista Débora Pérez Volpin puso bajo la lupa al Sanatorio de La Trinidad. La legisladora porteña ingresó el pasado lunes 5 de febrero por guardia al centro médico por un fuerte dolor estomacal, que derivó en la realización de diversos estudios. Al día siguiente, los médicos dispusieron que se le llevara a cabo una endoscopía y, al momento de practicarla, murió. 

Si bien los resultados definitivos de la autopsia aún no se tendrán hasta dentro de un mes, las informaciones que trascendieron del mismo comprometen al endoscopista. El informe pericial macroscópico al que pudo acceder PERFIL especifica que la muerte podría haber sido provocada por las lesiones internas que se produjeron durante la endoscopía. 

"Si bien la congestión y el edema pulmonar son la expresión final de una falla cardíaca, la misma es la consecuencia del barotrauma generado por el neumomediastino y el neumoperitoneo, los cuales estarían en relación con las maniobras instrumentales endoscópicas practicadas en la vía digestiva dado al hallazgo de las lesiones descriptas en esófago y estómago", sostiene el documento.

Ante los fuertes cuestionamientos al hospital y a los profesionales que atendieron a la periodista, el doctor Héctor A. Defranchi, encargado de Neumonología y Endoscopía Respiratoria del Sanatorio de la Trinidad Palermo, publicó una carta de lectores en el diario La Nación en la que hizo su descargo sobre los rumores y las críticas que tuvieron lugar entorno a la cuestión.

Entre otros temas, explicó cómo procede un profesional ante una emergencia y cuestionó a aquellos que aprovecharon una situación tan dramática para "lucimiento personal". "Los errores, si es que los hubiese habido no deben ser sinónimos de culpa", consideró. 

La carta:

Recientemente, la opinión pública y la comunidad se vieron sacudidos por la trágica noticia del fallecimiento inesperado de la señora Débora Pérez Volpin. Al ser una persona muy querida, talentosa y joven, el impacto en la sociedad fue enorme. Recuperar la salud es el propósito último de todo acto médico. Mucho se ha escrito sobre heurística, de cómo actúa el cerebro médico en la toma de decisiones. Sin embargo, muchas deben tomarse en soledad, confiando en el buen criterio y la experiencia de los profesionales. La toma de decisiones es un proceso que no siempre puede esperar y frecuentemente exige conductas rápidas, ya que la vida del paciente depende de esto. El médico no piensa tanto en el diagnóstico, sino en qué procedimientos emplear, porque bien elegidos, el mismo va a llegar, aun no habiendo pensado en él. Primero se piensa y luego se actúa.

Hemos escuchado a través de los medios todo tipo de especulaciones, la mayoría, producto de la impotencia frente a la desaparición de la querida compañera. Sin embargo, han abundado las voces descalificantes, sin el mínimo sentido del resguardo de la ética profesional. Los errores, si es que los hubiese habido no deben ser sinónimos de culpa. No soy ajeno al hecho que de haberse cometido, la consecuencia fue enorme, la pérdida de una vida humana. Los errores de otros jamás deben explotarse para lograr el prestigio propio. Esto ha sido moneda corriente en la mayoría de las declaraciones, y lo más indignante que presenciamos fueron comentarios vertidos por profesionales, que aprovechando toda ocasión para lucimiento personal, y exhibiendo un grado de vedettismo no concordante con la profesión médica, trataron de pasar por expertos calificados, creyéndose dioses y dueños de la verdad absoluta. El error, aunque duela, es respetable, pero el engaño no. El engaño es dañino, es sucio, es engañar para lograr el beneficio propio. Esto es intolerable y muestra una inescrupulosidad aberrante. A los opinólogos de turno, deben saber, que ningún acto médico esta desprovisto de riesgo, por más simple que parezca. La endoscopía digestiva alta, tiene riesgos inherentes al mismo procedimiento, imprevistos que solo los médicos actuantes conocen. El riesgo cero no existe. La muerte inesperada es terrible. Perder un ser amado, en las circunstancias que ocurrió es una tragedia que deja a quien la padeció con sueños incumplidos, que solo pueden valorar en toda su dimensión sus seres queridos. La actuación de parte de la prensa ha sido en general lamentable. Los profesionales médicos, convertidos en estrellas mediáticas, más lamentable todavía, y condenar a alguien sin pruebas es indecente, es culpar sin probar. La opinión pública aterrada. Esto no es ayudar, es dañar y confundir. Infinidad de pacientes no aceptan realizarse una endoscopía digestiva. ¿A quién debemos culpar ahora?

Mi mayor solidaridad principalmente para los familiares por la pérdida irreparable, y sin emitir juicio alguno, me solidarizo también, con los profesionales actuantes, por haber sufrido ya la condena mediática, previo a la exhaustiva investigación de los hechos, haya o no mediado un error involuntario.


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