SOCIEDAD
Hito histórico en la división perros

La Policía de la Ciudad abrió su primer centro de crianza y adiestramiento canino en Palermo

Con la inauguración del Centro de Crianza, Entrenamiento y Habituación de Cachorros 8 de julio en el barrio de Palermo, la fuerza de seguridad porteña dio un paso clave en su soberanía operativa. La nueva dependencia permitirá a la fuerza abastecerse de sus propios canes mediante estimulación temprana, juego y rigurosos protocolos de salud, evitando depender de donaciones o la compra de ejemplares en el extranjero. El proyecto debuta con una camada inaugural de siete cachorros de la raza Ovejero Belga Malinois, que nacieron justamente el 8 de julio.

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Malinois. Los cachorros son hijos de Zulú (foto) y Uhtred, ejemplares de seguridad de la fuerza. Desempeñarán funciones en narcóticos y rastreo humano, entre otras tareas. | gza mjysgcba

En el marco de un nuevo aniversario de la División Perros, la Policía de la Ciudad presentó una obra sin precedentes para la fuerza porteña: el Centro de Crianza, Entrenamiento y Habituación de Cachorros 8 de julio, ubicado en el Pasaje Chonino 3704, en el barrio de Palermo. La calle lleva el nombre del perro policía que murió luego de ser atacado por dos delincuentes en 1983 (ver recuadro). La dependencia marca un cambio de paradigma en la preparación de los ejemplares que luego se integrarán a las tareas operativas de la Superintendencia de Orden Urbano.

Históricamente, la división —heredada de la Policía Federal y con 94 años de trayectoria— dependía de la compra en el exterior o de donaciones de particulares para incorporar nuevos animales. La creación de este espacio propio busca lograr el autoabastecimiento y reducir costos significativos para las arcas públicas.

“Esto es algo inédito y único. Por primera vez en la historia de la División Perros de la Policía de la Ciudad vamos a contar con canes desde el minuto cero, desde su primer día de nacimiento”, destacó el Comisario Leonardo Fernández, jefe de la División Perros de la fuerza de seguridad porteña, sobre la importancia institucional del desarrollo.

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Pero además, Fernández destacó el impacto financiero del proyecto. “La creación de este centro nos permite abastecer la demanda del servicio diario con canes propios de la fuerza y reducir un gasto considerable. Comprar un perro detector de narcóticos en el mercado internacional puede costar entre 10.000 y 20.000 dólares”.

Camada. La primera camada nacida en el lugar está compuesta por siete cachorros de la raza Ovejero Belga Malinois (cinco hembras y dos machos), hijos de Uhtred y Zulú, dos ejemplares de seguridad pertenecientes a la fuerza. Respecto a la selección genética, el Comisario Gustavo Pereyra, Director de Operaciones Urbanas, explicó que “la finalidad de este nuevo centro es abastecernos a nosotros mismos de perros. Nos da la ventaja de elegir a la mamá y al papá por sus características: como los dos son excelentes perros de trabajo, los cachorros no pueden ser menos”.

Pereyra detalló además el motivo por el cual la fuerza optó por esta raza por sobre otras tradicionales: “El Ovejero Alemán es un ‘perrazo’, pero tiene como gran contra el tema de la displasia. Actualmente nos da un mejor resultado como perro de seguridad el Ovejero Belga Malinois”. Además, señaló la problemática habitual respecto al origen de estos animales: “La mayoría de los Malinois que tenemos provinieron de donaciones. La gente los compra pensando que es un perro tranquilo y después resulta que te rompe media casa, por lo que terminan regalándolos”.

El trabajo con los recién nacidos comienza desde el primer día mediante técnicas específicas de estimulación temprana y propiocepción. Según detalló Fernández, este proceso “fortalece su sistema inmunológico y los hace mucho más estables y resistentes ante el estrés o cualquier estímulo externo al momento de ser entrenados”. Un equipo de seis veterinarios supervisa de forma estricta los protocolos de sanidad y limita el contacto no controlado para evitar contagios o un modelado incorrecto de la conducta.

Toda la metodología de aprendizaje se estructura sobre el refuerzo positivo y el juego. “Todo el trabajo que se hace con los perros es a través del juego, nunca por imposición. Para el perro, estar trabajando es estar jugando porque busca su premio y su recompensa”, precisó Fernández. A partir de los seis meses, los animales son evaluados según sus aptitudes para orientarlos a especialidades como Seguridad, Narcóticos, Rastreo Humano o la Escuadra Fiel.

Actualmente, la división cuenta con un plantel de 41 perros adultos que prestan servicio diario en el ámbito urbano, un diferencial que optimiza los tiempos de formación. “Los perros de nuestra división tienen un nivel altísimo porque salen todos los días al servicio. Están en permanente trabajo en la calle y eso nos permite ir corrigiendo detalles en la práctica real”, remarcó Pereyra, quien además subrayó que “por la gran demanda de trabajo nos hemos visto obligados a realizar adiestramientos acelerados; en algo así como tres meses y medio el perro ya está saliendo a prestar servicio”.

Un ejemplo emblemático de este método de recuperación y trabajo es el caso de “Tito”, un Airedale Terrier rescatado de un criadero ilegal. “A Tito lo trajimos de un criadero clandestino a los cuatro meses en condiciones deplorables de desnutrición. Todos decían que por ese cautiverio no iba a servir como perro de labor, pero lo recuperamos, lo entrenamos en narcóticos y hoy, con nueve meses, ya trabaja muy bien en la calle”, concluyó Pereyra.

La historia de Chonino, el perro héroe

Cada 2 de junio, Argentina celebra el Día Nacional del Perro. Lejos de ser una festividad comercial, la fecha rinde tributo a una historia conmovedora de lealtad y valentía: la de Chonino, un ovejero alemán de la Policía Federal que dio la vida para proteger a su guía y resolver su propio caso.

Nacido en 1975, Chonino ingresó a la División Perros por su destacada inteligencia. Su entrenamiento lo llevó a participar de eventos de gran escala, como la seguridad en el partido inaugural del Mundial 78 en el estadio Monumental. Sin embargo, su nombre quedaría grabado para siempre en la memoria colectiva cinco años después.

La noche del 2 de junio de 1983, Chonino realizaba un patrullaje de rutina en Villa Devoto junto a su guía, el suboficial Luis Sibert, y el agente Jorge Iani. Al intentar identificar a dos sospechosos en la avenida General Paz y Lastra, los delincuentes abrieron fuego e hirieron de gravedad a ambos efectivos.

Al ver a Sibert tendido en el suelo, el ovejero saltó sin dudar sobre uno de los agresores. En el forcejeo, le arrancó el bolsillo de la campera de un mordisco. Fue entonces cuando el otro atacante le disparó mortalmente en el pecho. Agonizando, el animal se arrastró hasta su guía para morir a su lado.

El acto heroico no terminó allí. Entre sus mandíbulas, Chonino guardaba el trozo de tela del delincuente. Dentro del bolsillo se encontraban los documentos de identidad del criminal, lo que permitió a la Policía localizar y detener a los asesinos cinco días más tarde.