SOCIEDAD
dice nilda gomez, mama de mariano benitez

"Tiraron en un volquete los objetos de nuestras víctimas"

La integrante de la ong Familias por la Vida demandará al dueño del predio, Rafael Levy, que tapió y limpió el lugar. “No bajaremos los brazos”, asegura.

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MIRAR ATRÁS. Nilda Gómez sostiene la foto de las zapatillas en la salida de emergencia del boliche, que está tapiada desde este año. | Pablo Cuarterolo.

Nilda Gómez es una madre luchadora. Hace 15 años que perdió a su hijo Mariano Alexis Benítez en la tragedia de Cromañón. Pero hizo lo opuesto a quedarse de brazos cruzados: fundó con otros familiares de víctimas una ONG –Familias por la Vida– y se recibió de abogada, carrera que había empezado a estudiar su hijo y que ella continuó “para defender a las personas que más lo necesitan”.

“Cuando una vida se va, todos los sueños se van con esa vida; y él quería ser abogado”, cuenta su madre hoy a PERFIL. “Además, fue una necesidad para entender mejor el juicio”. Hace cinco años que Nilda es abogada y cuenta con herramientas para seguir adelante con la lucha legal.

Actualmente, ya no quedan detenidos por la tragedia que se cobró la vida de Mariano, como las de las otras 193 víctimas en el boliche de Once, el 30 de diciembre de 2004. “Ahora la demanda que queremos iniciar es por el destrozo que hizo el dueño del local, Levy, con las cosas quedaron en Cromañón, luego de salir en libertad a fines de 2018”, expresa.

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En 2011, Casación cambió la carátula a “estrago culposo seguido de muerte” y condenó a Callejeros. Un año después tuvo su condena el último de los acusados, Rafael Levy, dueño del local, quien pasó menos de cinco años con prisión domiciliaria. Omar Chabán murió en noviembre de 2014. Y en mayo de 2018, el cantante de Callejeros, Patricio  Fontanet, salió libre. Solo queda preso el baterista Eduardo Vázquez, condenado por el femicidio de su esposa, Wanda Taddei.

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“El Estado hizo caso omiso a la ley de víctimas y le entregó (a Levy) las llaves del lugar. Pese a que exigimos que se expropie para hacer un sitio de la memoria, el Poder Judicial permitió que Levy entrara. Pintó las paredes y en un volquete tiró todas las últimas pertenencias que quedaban de nuestras víctimas (N. de R.: zapatillas, remeras, llaves, billeteras, mochilas, entre otros)”, denuncia Gómez a PERFIL.

La madre de Mariano relata que Levy “tapó huellas y las marcas de las manos en las paredes de lo que fue esa trampa mortal. Son cosas que la Justicia debería habernos entregado hace tiempo, pero no lo hizo. No se podía entrar al predio. Por eso, ahora vamos a reclamarle a Levy que pague por las cosas de los chicos, los últimos recuerdos. La responsabilidad de eso la tienen Levy, el TOC 24 y todo el arco político”.

Desde hace tres años que familiares de víctimas le vienen pidiendo al gobierno porteño que el predio sea expropiado. “Pero nos responden que no por el costo económico, mientras no paran de hacer obras, como embellecer la calle Corrientes. Y esto, que tiene que ver con la memoria, lo dejan de lado. Los lugares –ya sea por acción u omisión– donde el Estado tuvo responsabilidad en las muertes debe hacerse cargo y transformarlos en espacios de concientización para que nunca más sucedan estos hechos”, aclara Nilda.

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Según ella, “Levy pensó que la Justicia no lo iba a tocar. Pero cuando se fue abriendo todo el caso, como la caja de Pandora, llegaron a otras personas que también tenían responsabilidades. Entonces, ahora que salió en libertad creo que hizo esto con saña, enojado. Pero nosotros no vamos a bajar los brazos y reclamamos ese espacio”.

Arte sanador. “Nosotros empezamos a hacer murales para sanar un poco. Volver a la cotidianeidad, a trabajar, después de lo que nos pasó, es difícil y cuesta muchos años salir del enojo, de la frustración”, cuenta Carolina Benítez, hermana de Mariano e hija de Nilda. Ella es la encargada de cultura de Familias por la Vida, desde donde organizan diversas acciones culturales como murales. “El último que se trabajó, diseño de los artistas Nicolás Nieto y Graciela Vizcarra, fue uno en el que las zapatillas fueron convertidas en crisálidas. Tuvimos el valor de transformarlo en colores y que los chicos puedan salir a divertirse”, cuenta Carolina, y reconoce que aún hoy le cuesta hablar de Mariano.

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“Me costó muchísimo perdonarme la culpa de estar viva. Yo tengo problemas renales desde los 2 años y toda la vida fui yo la que corría peligro de vida, siempre cuidándome de las comidas para no caer en diálisis. Y que se muera mi hermano, sano, con toda la vida por delante por $ 15 de una entrada… La verdad me costó muchísimo. Tuve intentos de suicidio, internaciones. A los seis meses de tener a mi hija tuve un rechazo masivo de riñón y después de esa vez y con mi hija más grande  pude volver a tener gusto por mi vida. La veo a mi hija tan parecida a Mariano, sus gestos, sus respuestas. Me doy cuenta de que la vida es hermosa y en un segundo podés tener la cara más dura, pero sobrevivimos”. Carolina no estuvo en Cromañón, pero fue la primera en buscar a su hermano por todos los hospitales.

“Tapó huellas y las marcas de las manos en las paredes de esa trampa mortal.”

Su mamá, Nilda, dice que “nadie se puede curar del corazón roto, del alma destruida”. Pero hay un momento en que se empieza a transitarlo de otra manera. “Por eso, como familiares no vamos a dejar que sus muertes sean en vano”. En el mismo sentido, Carolina agrega que “los papás, hermanos y familiares hacen lo imposible en pos que de que se visibilice que las víctimas murieron por una cadena de cosas horrendas: un Estado corrupto, funcionarios que no hacían lo que debían, una banda que si hubiese dicho mirá nosotros coimeamos a este o aquel, en vez de salir a echarle la culpa a los pibes, un dueño de un boliche creído que nunca le iba a pasar nada. Pero nosotras queremos cambiar esa idiosincrasia”.

Mañana, en la calle que da a República Cromañón en Once, se prenderán 194 velas en el memorial en recuerdo de las víctimas y se van a lanzar 47 globos azules –por los papás que perdieron la vida en estos años– y 17 globos verdes por los sobrevivientes de Cromañón que se suicidaron tras la tragedia.