SOCIEDAD
Therians y Furries

Un fenómeno social que pasó de las redes sociales a parques y plazas públicas

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Cónclaves. Los “humanos-animales” ganan cada vez más presencia. | cedoc

Las imágenes no pasaron desapercibidas y se viralizaron rápidamente.

En una cuenta de TikTok se podía ver a un simpático perrito jugar con una persona que parecía disfrazada de perro o lobo. Mientras el can saltaba y ladraba de verdad, el therian, persona que cree que su esencia es un híbrido entre lo humano y lo animal sintiendo que en su interior habita una especie específica, como un lobo o un felino, también daba saltos y corría en cuatro patas, movía su larga cola y pretendía ladrar o aullar para demostrar que era de la misma especie animal que el simpático peludito de cuatro patas.

A su alrededor, los dueños de los animalitos verdaderos no salían de su asombro y estupor al ver la inesperada escena en una plaza pública.

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Pero los therians no están solos en esta movida, que se convirtió en un verdadero boom. Otro grupo, los furries (o “furros”), también se suman a esta tendencia también ligada a la fauna. En el caso de estos últimos, su impronta se basa en el fanatismo de personajes antropomórficos, es decir, animales con características humanas como hablar o caminar erguidos.

Juegos y estéticas. Otra de las características de los therians se basa, en muchos casos, en la creencia de la reencarnación.

En cuanto a su estética, no suelen utilizar trajes de cuerpo completo. Prefieren accesorios sutiles como colas u orejas y se enfocan en la práctica de los ya mencionados quadrobics.

Por el lado del universo de los furries, en tanto, su propuesta tiene un carácter lúdico, artístico y comunitario.

La movida se originó en los años 80 en las convenciones de ciencia ficción. A diferencia de los therians, los “furros” no creen ser animales, son fanáticos de personajes antropomórficos.

Esta subcultura se centra en la creación de una “FurSona” –un personaje propio– que cobra vida a través de los “FurSuits”, trajes sumamente elaborados que los participantes utilizan para interactuar en eventos sociales y convenciones, funcionando como una forma de expresión creativa y pertenencia a un fandom global.

Este fenómeno encontró en Argentina una base de seguidores muy activa que trasciende las pantallas.

Lejos de ser una moda pasajera, el país cuenta con una industria propia de artistas que diseñan trajes y una agenda consolidada de encuentros denominados “Meets”.

El punto máximo de esta tendencia es la Argentina Fur Fiesta (ARFF), un evento que en sus últimas ediciones ha llegado a congregar a cientos de participantes en hoteles de la Ciudad de Buenos Aires.