Estamos en el medio de una ola de progreso e innovación tecnológica inusitada que solo promete seguir acelerando, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Cada día estamos más conectados y atravesados por la tecnología, la que en muchos casos nos facilita y mejora la vida. De fondo, un puñado de empresas, casi todas provenientes de Silicon Valley, facturan cifras exorbitantes, inclusive muchas que van a pérdida, generando riqueza a un ritmo pocas veces visto en la historia.
Pero, una parte de todo ese desarrollo e innovación se está haciendo con material robado de los que lo producen, quienes están cada vez más rotos económicamente. Y enfrentan una amenaza existencial múltiple: el cambio de hábitos de la audiencia y los comportamientos oligopólicos y abusivos de las grandes plataformas que buscan quedarse con todo el botín. En este caso específico estoy hablando de las grandes empresas de inteligencia artificial, en especial OpenAI y Microsoft, y el ecosistema informativo que sufren el uso parasitario de sus contenidos.
Desde Editorial Perfil llevamos años luchando contra las prácticas abusivas de las grandes tecnológicas y es por eso que este 24 de agosto iniciamos una demanda por daños y perjuicios en el fuero civil y comercial federal contra OpenAI y Microsoft por el uso indebido y la explotación comercial del contenido periodístico que producimos. Somos el primer medio hispanoparlante en presentar una demanda de esta índole siguiendo la línea del New York Times, que lo hizo en 2023, y Folha de Sao Paulo en el 2025. Hace más de un año que la estamos preparando luego de haber intentado infructuosamente contactar a los equipos de OpenAI para buscar un acuerdo como el que firmaron, por ejemplo, con el Grupo Prisa de España en 2024 o inclusive el que acordaron con Folha y el Grupo UOL en Brasil hace un par de meses.
El nivel del robo es imposible de ocultar. OpenAI el resto de sus colegas-competidores oligopólicos se pasaron años rastreando la web, descargándose todo lo que aparecía en su camino y utilizándolo como uno de los insumos principales en el entrenamiento de sus modelos. Ese proceso es continuo y sigue hasta el día de hoy, inclusive con búsquedas en tiempo real en las cuales sus robots leen nuestros sitios web y redes sociales, y replican nuestros contenidos a los usuarios, a los que invitan a dejar de navegar los portales de noticias para informarse directamente a través de ChatGPT. No solo tomaron sin permiso ni compensación económica nuestros contenidos que están protegidos por la propiedad intelectual, sino que también logran sortear los “muros de pagos” o “paywalls” con los que generamos suscriptores digitales. Inclusive, a veces toman nuestro contenido de sitios de dudosa procedencia (“copy-cat”) que previamente nos habían robado el contenido.
El ecosistema digital está cambiando y la irrupción de los chatbots de inteligencia artificial está impactando de lleno en el tráfico hacia los portales web en general. Entrenados en parte con nuestros contenidos, los ChatGPT de la vida nos reemplazan como fuente de información, inclusive a costa de no hacerse responsables por los contenidos que devuelve el robot, con alta tasa de “alucinación” que es una forma sofisticada de decir que mienten cuando no saben o se cansan.
OpenAI lanzó ChatGPT en el 2022 y se convirtió en la plataforma digital de mayor crecimiento en la historia, llegando a los 100 millones de usuarios activos en dos meses y a mil millones en tres años y medio. Se estima que su facturación anual es aproximadamente de unos US$40 mil millones y se espera que salga a la bolsa el año que viene en un IPO que podría superar el billón de dólares en valuación de mercado. “Trillion”, para que no se confundan los que hablan ingles.
Los medios de comunicación que producen contenido periodístico están en crisis hace más de dos décadas. Hay un porcentaje de mala praxis, de no haber anticipado como evolucionaría el ecosistema y adaptado los modelos de negocios. Pero llevamos treinta años probando y las tendencias negativas que vemos se profundizan por el comportamiento oligopólico y desleal de un selecto grupo de empresas que se han convertido en las más ricas y potentes del mundo. En la primera etapa de esta lucha fueron Google y Facebook las que monetizaban nuestros contenidos en los resultados de búsqueda y las redes sociales sin compensar justamente a sus verdaderos dueños. Ahora, se les suman OpenAI, Anthropic, Perplexity, Grok y otras que se aprovechan y roban nuestros contenidos. Obviamente los medios deben mejorar sus modelos de negocios para el ecosistema digital, pero el control oligopólico de las audiencias, la publicidad digital, y el acceso y alcance de las grandes plataformas han inclinado la cancha a su favor de manera determinante.
Litigar no es barato, mucho menos en contra de una mega corporación con fondos cuasi infinitos. Hay que sumarle que Perfil es una empresa de medios que vive solamente de eso, que está bajo asedio por el gobierno de Javier Milei que la discrimina con la publicidad oficial y que debe operar en un mercado publicitario recesivo. Así y todo hemos tomado la decisión de avanzar con esta demanda que será la primera de varias. Estamos convencidos del valor económico pero también cultural y simbólico del periodismo que generamos. Sabemos que cuesta caro y estamos listos para dar las batallas que tengamos que dar para defender el futuro de nuestra industria y profesión.
cp