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UNIVERSIDADES / de la enseñanza a la vida real
domingo 4 noviembre, 2018

Cuando se aplica lo aprendido en bien de la comunidad

Alumnos de diferentes áreas de la salud atienden como voluntarios en un centro sanitario en Derqui. Es un puente de dos vías, que ayuda a miles de familias y sirve para mejorar conocimientos.

María de la Paz Grebe

Profesionales. A partir de diferentes actividades, los alumnos comprenden cómo la salud física está influenciada por determinantes sociales. Foto: universidad austral
domingo 4 noviembre, 2018

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la salud para todos como un derecho universal, pero este objetivo aún no se ha logrado en muchos países. En Argentina, un tercio de la población enfrenta dificultades para acceder a la atención médica.

El compromiso social es el resultado de la reciprocidad que surge de ayudar a los otros y, al mismo tiempo, aprender de ellos. Por eso se requiere pensar a la persona en todas sus dimensiones, promoviendo su desarrollo integral. Con este propósito, la Facultad de Ciencias Biomédicas trabaja con la comunidad en la que está inserta, dentro del partido de Pilar, e impulsa la Posta Sanitaria Las Lilas (La Posta), un proyecto que abrió sus puertas en 2007 y que cuenta con el apoyo del Hospital Universitario Austral.

A lo largo de 11 años, su objetivo ha sido mejorar la salud de cada persona, fomentando cambios cualitativos en las actitudes y hábitos en relación con la salud de quienes integran la comunidad de los barrios Las Lilas y Monterrey, ubicados en la localidad de Derqui. El trabajo se lleva adelante con un modelo definido como “Educación con la comunidad” que, en este caso, está formada por una población de 25 mil habitantes que enfrentan problemas como la falta de trabajo, la escolaridad incompleta, trastornos nutricionales y respiratorios, la violencia y las adicciones, entre otros. El significado del concepto “comunidad” incluye a los pacientes y sus familias, a los alumnos de grado, de posgrado y docentes de la universidad, y a diferentes organizaciones que contribuyen a hacer realidad el proyecto.

Un puente. La Posta Sanitaria se constituye como un ámbito de acercamiento a la realidad para los alumnos de grado y de posgrado de la universidad, quienes además brindan, a través del voluntariado, talleres de promoción y prevención de la salud, y apoyo escolar a más de noventa niños de la comunidad.

La integración de la enseñanza, la investigación y el cuidado del paciente son claves, y este espacio se trasforma en un lugar de aprendizaje significativo. Funciona como un puente entre la sociedad y la universidad, es un camino de dos vías. El conocimiento científico, el trabajo social y las experiencias de campo se funden en ella.

Los estudiantes llegan a comprender cómo la salud física está influenciada por determinantes sociales como, por ejemplo, el nivel educativo; además, participan en la investigación de cómo a través de la estimulación de las funciones cognitivas puede mejorarse el aprendizaje escolar en niños en condiciones vulnerables. Así, la facultad puede identificar fácilmente experiencias de aprendizaje valiosas, que permiten a docentes y alumnos pasar de la teoría a la realidad, desarrollar habilidades complejas como ponerse en el lugar del otro, saber comunicar en contextos difíciles y aprovechar situaciones significativas que no se planificaron pero que se traducen en oportunidades de crecimiento.

Los problemas de salud se enfrentan de manera interdisciplinaria: médicos de diferentes especialidades, enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, estudiantes de distintas carreras trabajan juntos, analizan los problemas de la sociedad local desde diferentes perspectivas y consideran diversos enfoques. Se utilizan variadas estrategias para identificar los problemas existentes y se adaptan a cada situación: atención médica individual, encuestas de relevamiento a los pacientes, entrevistas en profundidad y visitas a los hogares. Todo lo que sucede en este lugar se considera una oportunidad de aprendizaje.

Eje. Todas las actividades que se desarrollan en la Posta Sanitaria tienen como eje la educación, con la idea de potenciar la autorresponsabilidad de los individuos y de la comunidad en el cuidado de la salud.

Gracias al trabajo conjunto entre facultad y hospital, se brinda atención a más de 1.700 familias en 15 especialidades, entre las que se destacan: clínica médica, ginecología y obstetricia, pediatría, enfermería, dermatología, cardiología, medicina familiar, odontología, cirugía general, diagnóstico por imágenes, y oftalmología y psicología, estas dos últimas orientadas tanto para niños como para adultos.

Desde 2007, se efectuaron más de 36 mil consultas ambulatorias, se dictaron 170 talleres de salud y programas de educación comunitaria–en temas como nutrición, higiene y primeros auxilios– y se capacitó a casi 3 mil personas de la comunidad, que difunden y promueven hábitos saludables y se convierten en un poderoso puente entre la comunidad y el equipo de salud.

Los pacientes sienten que se los cuida, más allá de la enfermedad o dolencia por la que consultan, ya que la atención se centra en cada persona, como actor principal de su desarrollo.

Una ayuda, más allá del desayuno. Tenemos 21 años. Somos Aylén Burastero y Nahuel Nieto y estamos en cuarto año de la carrera de Psicología. Lo que nos interesó de este trabajo fue la posibilidad de ayudar a niños que provienen de contextos vulnerables de diferentes formas. Sabíamos que el principal objetivo del apoyo era ayudarlos a mejorar su rendimiento escolar, pero también sabíamos, mediante testimonios de compañeros que ya estaban asistiendo al apoyo, que se hacía un recreo con los chicos donde les daban un desayuno y jugaban con ellos. Una vez que comenzamos a asistir al apoyo, nos dimos cuenta de que la ayuda que brindábamos iba más allá del desempeño escolar y del desayuno. En el apoyo, los chicos encuentran un espacio donde siempre son bien recibidos, donde se les brinda contención cuando están tristes y donde saben qué esperar. Otro aspecto que nos interesó de este trabajo, una vez que comenzamos a hacerlo, es el afecto de los chicos. Nos saludan con abrazos y nos demuestran su cariño constantemente; cuando uno de los voluntarios falta, los chicos notan su ausencia y el martes siguiente le preguntan por qué faltó. Aprendimos también cómo identificar los intereses de los niños y usarlos para favorecer el aprendizaje. Al mismo tiempo, pudimos ver en la práctica varios conceptos que estudiamos en nuestra carrera, lo cual aporta muchísmo a nuestra formación como profesionales. Es impresionante cómo los chicos cambian asistiendo al apoyo. No solo mejoran en el ámbito escolar sino que cambian su forma de vincularse con los demás.

La chica de la farmacia. Soy Ana Paula Ferreyra (24) y estoy en el último año de Enfermería. Fui ahí porque conozco a las personas que trabajan y porque me encanta poder ayudar en todo lo que se pueda, y mucho más si es en el área de la salud. Comencé con ayuda escolar, pero mucho no me gustó, así que opté por Farmacia y fue como un boom, me encantó. Tenía mi espacio y armé mi propio cuadernillo donde ordené por abecedario todos los medicamentos de que disponíamos y luego los ordené en cajas para cada medicamento o por familia de medicamentos. Aprendí mucho de fármacos. En la facultad algunos profesores me decían “la chica de la farmacia”. También estuve en el consultorio de enfermería donde hacíamos controles antropométricos y algunas curaciones de heridas. Fueron muchas cosas lindas que aprendí y me sirvieron para toda la carrera. El agradecimiento de los pacientes me llena el alma.

*Secretaria académica de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y coordinadora de la Posta Sanitaria.


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