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María Lujan Rey: "Cristina nos persiguió y dijo barbaridades de nosotros"

Participó del Ciclo de Entrevistas de los alumnos de Periodismo de Perfil. Satisfacción por la condena a De Vido. Por qué decidió trabajar junto a María Eugenia Vidal.

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María Luján Rey | Cedoc

En su paso por el Ciclo de Entrevistas organizado por la Escuela de Comunicación, María Lujan Rey, madre de Lucas Menghini Rey habló sobre la lucha que realizan con el grupo de Familiares y Heridos de la Tragedia de Once, que llevó a la condena del ex ministro Julio De Vido. “Quisieron comprarnos para que dejáramos de pedir Justicia”, afirmó al referirse a los aprietes y persecución recibida por el gobierno anterior.

La profesora de geografía y autora del libro Desde mis zapatos, publicación que fue reconocida recientemente por la Legislatura Porteña, hoy se encuentra trabajando con la gobernadora María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires en una unidad para acompañar y asistir a víctimas de diferentes delitos. No descarta involucrarse en la actividad política y aseguró que le han ofrecido aparecer en listas de todos los partidos desde el 2013 hasta la actualidad: “Lo pienso muchas veces, hay una posibilidad”, aseguró ante los estudiantes de la carrera de Periodismo de Editorial Perfil.

-¿Qué representó la condena a De Vido, una de las máximas autoridades políticas y responsables de la causa?

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-De Vido fue el gran ausente en el primer juicio. Destaco la decisión que tomó en ese momento el doctor Bonadío. Sabíamos que De Vido tenía relación con la tragedia pero no estaba ese elemento que le permitiera a la Justicia vincularlo directamente. Por el solo hecho de ser el jefe de Jaime y de Schiavi, no alcanzaba. Entonces hubo que tomar una decisión: seguir investigando hasta que ese elemento apareciera, y lo traíamos a De Vido, algo que podía llevarnos años, o se mandaban a los 29 acusados a juicio sabiendo que ahí iban a aparecer esos elementos que lo vincularan. Bonadío tomó la decisión atinada de priorizar los tiempos, entendiendo que los familiares necesitábamos la respuesta. El 29 de diciembre del 2015 cuando se sentencia a Jaime, Schiavi, los Cirigliano, al maquinista, a la línea directiva de TBA, el mismo tribunal ordena que se extraigan partes de esta causa para iniciar una investigación sobre la responsabilidad de De Vido. Fue un logro de los familiares que De Vido haya sido investigado por esta causa, haya sido elevado a juicio oral, siendo que hizo todo lo posible con todo lo que tenía a mano para que la causa no llegara a juicio o para que el juicio no empezara. El juicio llegó cuando él era diputado y tenía fueros. A De Vido le llegó la primera de todas las condenas que va a tener porque no tengo dudas que va a tener infinidad de causas

-¿Qué reflexiona ahora que De Vido fue condenado después de todo lo que les tocó vivir en casi siete años?

-Gran parte del orgullo que tenemos los familiares es saber que cuando nosotros elegimos este camino, con ellos encarnados en el poder político y económico, y sabiendo que ellos podían hacer lo que querían, creían que siempre iban a salir impunes. Estoy convencida de que el cálculo que siempre hicieron fue: “El Sarmiento trae laburantes, laburantes es igual a pobres, a los pobres los arreglamos con dos pesos”. Y esta vez les salió mal. Éramos laburantes, éramos pobres, pero lo que no calcularon era que no teníamos precio. No tuvieron en cuenta la variable “dignidad” que a los Familiares nos sobra. Entonces no hubo manera de arreglarlo. Lo intentaron metiendo miedo y tampoco tuvimos miedo. No teníamos ninguna garantía de llegar a algún lado, porque recurrimos a la misma Justicia que vimos dejar prescribir causas como Cromañón y AMIA. Desde el primer momento entendí que esto es lo que iba a hacer. No sé si arrancamos porque creíamos todos en la Justicia. Arrancamos porque es ahí donde tenes que recurrir, porque es lo que corresponde. Pero la confianza no estaba puesta en la Justicia, la confianza estaba puesta en nosotros.

-¿Ahora la gente va a empezar a creer en la Justicia?

-Cuando nosotros empezamos, la mayoría de los argentinos de bien nos acompañaban en el dolor y en la lucha, pero afirmando: “Acá nadie va a ir preso". Esos argentinos, después en el 2015, decían: "¿Son 9 años para Cirigliano? ¡Qué poco!". Hoy creo que esos argentinos recuperaron aunque sea, mínimamente, un poquitito de la confianza que se necesita tener en las instituciones y en la más importante que es la Justicia. Las condenas de Jaime, Schiavi, Cirigliano y ahora De Vido, no es sólo buena noticia para los familiares, sino para todos los argentinos.

-La ex mandataria Cristina Fernández se mantuvo en silencio los días posteriores a la tragedia y cuando se reunió con los familiares igualó su pérdida con el fallecimiento de su marido. ¿Se sienten acompañados por el gobierno de Macri?

-Cristina nos ignoró, persiguió y dijo barbaridades de nosotros. No tiene nada que ver que ahora Macri sea presidente. En ese momento, era jefe de Gobierno y María Eugenia Vidal, vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ellos han estado acompañando a cada herido que tenía algún problema, para un turno en un hospital, para una prótesis. El gobierno de la Ciudad bien podría haberse lavado las manos porque la mayoría de los heridos eran de provincia. Daniel Scioli nunca se hizo cargo, ningún municipio se hizo cargo. El gobierno de la Ciudad podría haber dicho: "A mí no me toca por ningún lado" y, sin embargo, obtuvimos ayudas puntuales. Durante la presidencia de Mauricio Macri, por primera vez, un grupo civil social fue recibido de forma oficial por el secretario de Derechos Humanos. Nos reconocieron como un grupo de familiares de víctimas que también debíamos de estar alcanzados por estos derechos humanos que, durante muchos años, parecían ser sólo para cierto grupo.

-¿Le molesta que la asocien al gobierno de Cambiemos?

-No me molesta, que digan lo que digan.  Más allá del enojo que en algún momento tuve con la política, también entiendo que las respuestas que espero tienen que venir desde la política. Que soy parte de estos argentinos que dicen: “Todos los políticos que tenemos ya deberían dar un paso al costado porque siempre son los mismos que están en la política”. Pero también veo que mucha gente no se anima a meterse. Me han ofrecido cargos políticos desde el primer día. Me han ofrecido aparecer en listas de todos los partidos desde el 2013 hasta ahora.  Seguramente, si algún día me decido, todos a los que les dije que no, van a salir a decir algo. Lo pienso muchas veces. Hay una posibilidad. Hace mucho tiempo que creo que los partidos y los espacios políticos se han desdibujado; por ejemplo, diputados que se han cambiado de partido muchas veces, como el caso de Victoria Donda, con quien tengo muy buena relación. Renovó mil veces pero con un partido diferente. O Facundo Moyano, que se sentó con uno y terminó con otro. Y así sucede con la mayoría de los diputados que tenemos. No hay un espacio donde uno se sienta cien por ciento representado. Sí tengo un límite: jamás participaría de un espacio donde haya cómplices de la muerte de mi hijo. Si algún día decido incorporarme a la vida política de nuestro país, no va a ser donde me encuentre ni con Randazzo ni con Moreno, pero porque es una cuestión lógica. No me quedan muchos espacios. Si saco a toda esa gente, ¿a dónde voy?.

-¿Qué aprendió en todos estos años?

-Aprendí sobre trenes; sobre la mecánica de los viejos trenes Toshiba, como el chapa 16, para poder entender las pericias técnicas y cuando decían: “Era culpa del maquinista”; sobre compresores, sistemas de frenado; aprendí mucho todo lo que tiene que ver con la Justicia: no tanto con los tiempos, las etapas, los procesos penales sino con el rol de cada figura. No sabía lo que era ser un querellante, ni cuál era el rol de un fiscal. Nunca en mi vida había pisado un tribunal. También aprendí a levantarme todas las mañanas buscándole el sentido a la vida; a disfrutar y celebrar la vida aún sin la presencia de Lucas, de esperarlo a la noche; a recorrer las calles de mi barrio sin verlo pasar en bicicleta, o levantarlo con el auto cuando agarro la calle donde lo cruzaba siempre; aprendí a ser más tolerante, a desarrollar la paciencia que mucho no tenía, a medir mis palabras, a ser más cautelosa, a discernir y no gastar mis energías en ciertas cosas, a correrme un poquito del centro y entender que lo que me pasa a mí no es siempre lo más grave, a poder mirar el dolor de los otros, a ponerlo en perspectiva con el mío; aprendí mucho de lo que es la política, de cómo muchas veces juegan los intereses políticos en cada una de estas luchas. Aprendo todos los días, muchas cosas, y creo que voy a seguir aprendiendo. Por ahí, lo importante, no sé si es cuándo uno aprende sino cuánto es lo que uno aprende, si lo puede usar, si lo puede incorporar en la vida cotidiana, si lo puede plasmar en las acciones del día a día, porque ahí es donde está el verdadero aprendizaje.

-¿Dejó de preguntarse: “¿Por qué a mí?”?

-No sé si tiene que ver con mi fe religiosa, pero nunca me lo pregunté. En cambio, me pregunté “¿para qué me pasó esto a mí?”. Creo que el “por qué a mí” debe tener alguna respuesta que está en un lugar que yo ya no puedo transformar, está en un pasado y yo ya no puedo volver atrás. El “para qué” me permite pensar en el presente y en el futuro. El “¿por qué a mí?” es ponerme en un lugar de víctima, de dolor, que claramente tengo pero pasivo. No me pregunté “¿por qué a mí?” porque no me sucedió sólo a mí; tengo una hija que sufre por no tener a su hermano, tengo una nieta que sufre porque no puede tener a su papá, tengo a mis viejos que sufren por no tener a su nieto.

-¿Cuál es la respuesta al “¿para qué?”?

-Para aprender todo lo que aprendí, para que esto que nos tocó vivir nos permitiera trascender ese sufrimiento individual e ir por objetivos que nos trasciendan, para que saquemos lo mejor de nosotros -y cuando me refiero a “nosotros” hablo de todo el grupo de familiares- para transformar ese dolor que es nuestro en algo que sea bueno para todos, no solo para nosotros. Los trenes chinos, por ejemplo, no son para mí, cualquiera los puede disfrutar y están ahí por la lucha y el reclamo de los familiares, ni siquiera están ahí porque se enterraron 52 argentinos. No fue fácil elegir el camino de la lucha porque podríamos haber decidido que el “para qué” era para sufrir y podríamos habernos quedado en casa lamentando lo que nos pasó y llorando las ausencias. Muchas veces uno se pregunta: “¿Elegimos bien?” y no tengo dudas de que sí. Tanto el camino que elegí, al igual que todos los familiares, era el camino que teníamos que tomar.

Margarita Elías, Patricia Miranda y Leandro Serby.

(Alumnos de Primer Año de Periodismo - Escuela de Comunicación de Editorial Perfil)