El presidente Javier Milei volvió a apuntar contra la dirigencia política y cuestionó la continuidad de lo que definió como un "modelo decadente". Ante la tradicional reunión de fin de año de directores y delegados de la Sociedad Rural Argentina (SRA), sostuvo que quienes gobernaron durante las últimas décadas "lo único que hicieron fue fracasar en cien años" y lanzó: "Pueden cambiar las personas, pero siguen repitiendo el mismo modelo decadente".
Se remontó a comienzos del siglo XX y recuperó una expresión que, según planteó, sintetizaba la prosperidad que había alcanzado la Argentina: "Rico como un argentino". Detrás de aquella frase, señaló, había "Personas que tomaron una llanura salvaje y la convirtieron en campos para producir alimentos, edificios y en miles de pueblos y ciudades. Fueron sin más los artífices de la civilización argentina en donde antes solo había naturaleza", sostuvo.
A partir de esa reconstrucción histórica, el Presidente contrapuso aquella etapa con el retroceso económico que, a su entender, marcó el último siglo. Para describirlo, apeló a una comparación que suele circular entre economistas: "Existen cuatro tipos de países: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y la Argentina".
Para Milei, "A todos los economistas del mundo les cuesta entender cómo Argentina, teniendo los recursos y el tamaño que tiene, pasó de ser líder de la tabla a sobrevivir en la mediocridad". "Pasamos de ser el ejemplo a ser la excepción".
El argumento también le permitió volver sobre la necesidad de contar con reglas de juego estables para que la inversión y la producción puedan desarrollarse. "No alcanza con tener recursos, sino que se necesitan reglas de juego coherentes para hacer que estos florezcan. La prosperidad es el resultado de las instituciones y del libre juego de los individuos, no de una naturaleza previa a la acción humana", señaló.
Sobre esa base, cuestionó que las distintas administraciones hayan cambiado las reglas según sus necesidades políticas y priorizado los beneficios inmediatos por encima del desarrollo a largo plazo. "Priorizaron siempre su propia supervivencia y su propio enriquecimiento por sobre la prosperidad de la nación. Rompieron uno a uno nuestros pactos fundacionales para sacar réditos de corto plazo", disparó.
Una parte importante del discurso estuvo dedicada a explicar qué entiende por función empresarial. "La centralidad en la creación de riqueza es de los empresarios, no del Estado. El Estado debe fijar las reglas. No debe estorbar", resumió.
Para desarrollar esa idea, recurrió a los planteos del economista austríaco Israel Kirzner y del español Jesús Huerta de Soto. Según explicó, el empresario es quien advierte una oportunidad donde otros ven un problema y se anima a invertir sin tener garantías sobre el resultado.
También apeló a un ejemplo mucho más cercano como el negocio de las empanadas en Buenos Aires. "Hay prácticamente una casa de empanadas por cuadra y aun así siguen apareciendo empanadas novedosas todo el tiempo", señaló. Para el Presidente, esa dinámica obliga a los comerciantes a mejorar sus productos y precios para conservar a sus compradores.
Retenciones y reclamos del campo
El tramo más concreto para el sector agropecuario llegó cuando el Presidente reconoció que el campo fue "injustamente castigado" y ratificó que su objetivo es eliminar las retenciones. “Nosotros hemos ido bajando [las retenciones] y nuestro plan de largo plazo es que desaparezcan”, afirmó ante los representantes de la Sociedad Rural.
Sostuvo que el Gobierno trabaja para avanzar con un esquema que dé previsibilidad a los productores. “Estamos trabajando en presentar un plan consistente de baja permanente de retenciones que le brinde más previsibilidad al sector agropecuario. Trabajamos sin descanso para poder eliminar este invento nefasto para siempre”, sostuvo.
A su vez destacó que las reducciones impositivas acumuladas durante su gestión representan, según sus cálculos, casi cuatro puntos del Producto Bruto Interno (PBI). A esa lista sumó la eliminación de la brecha cambiaria y el levantamiento del cepo, medidas que presentó como parte de los cambios destinados a mejorar las condiciones para producir.
Por último, mencionó el proyecto de ley que obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados y que propone endurecer las penas por vandalismo rural, otra de las iniciativas que destacó ante los dirigentes del sector.
El equilibrio fiscal no se negocia
Otro de los blancos de su exposición fueron los dirigentes que dicen defender el equilibrio de las cuentas públicas, pero introducen salvedades cuando llega el momento de aplicarlo. Milei calificó esa postura como "equilibrio fiscal sí, pero".
"Los detectan fácil a estos chantas porque es: “Equilibrio fiscal, sí, pero, sí, pero”. Digo, el “sí, pero” es siempre más gasto público y más impuestos, con lo cual ya sabemos que eso es la ruina de la nación", lanzó.
Al respecto, el Presidente insistió en que el superávit fiscal es una condición que su administración no está dispuesta a flexibilizar. "No vamos a negociar el equilibrio fiscal" remarcó.
También defendió las medidas de desregulación impulsadas por el Gobierno. Según precisó, ya se eliminaron más de 18.000 regulaciones y trabas, mientras que la aprobación de la denominada Ley de Hojarasca permitiría superar las 20.000. A eso sumó la modernización laboral, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y los acuerdos comerciales como herramientas para ampliar las posibilidades de producción y exportación.
Respecto a la competitividad, rechazó que una devaluación sea la salida para mejorar la posición de las empresas argentinas frente al exterior. "Devaluar es abaratar lo argentino a costa de los argentinos, es licuar los salarios, es destruir el ahorro y desvalorizar las empresas de un plumazo", afirmó.
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