IDEAS
Opinión

Un camino plegado de obstáculos

En la lucha por la ampliación de nuestros derechos, las mujeres necesitamos que el aborto sea ley. Esa es la batalla final para transformar nuestro lugar de tutelaje frente a los hombres y al Estado.

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enos Aires: Manifestantes festejando en los alrededores del Congreso tras la media sanción en Diputados del proyecto que habilita la interrupción voluntaria del embarazo. | Telam

Hoy celebramos los 129 votos a favor en la cámara de diputados, en donde se aprobó el Proyecto de interrupción voluntaria del embarazo en una histórica jornada de debate. Celebramos porque tenemos derechos que el Estado como espacio de condensación de las luchas sociales y políticas debe garantizar, buscamos la ampliación de estos derechos y del marco de posibilidades de elección para las mujeres. Lo exigimos en la calle, en nuestros espacios de trabajo y de militancia, en nuestras relaciones amorosas. Deseamos alcanzar la soberanía sobre nuestros cuerpos y disponer de ellos libremente, decidir solas o acompañadas, lo cual ha sido un camino plegado de obstáculos. 

Las decisiones en torno a la vida sexual hacen parte de una serie de luchas que han debido darse desde diversos sectores de la sociedad –la salud, la política, los medios de comunicación, la academia, entre otros- para tener mayores posibilidades de decisión. Buscamos expandir las libertades de las mujeres, salir del imperativo único del rol materno iniciando un camino propio, una apertura en los posibles al tensionar la obediencia de los imperativos político morales que nos constituyen como un otro subalterno del patriarcado.

Como relata la activista feminista Silvia Federici, los mayores crímenes por los que fueron ejecutadas las mujeres en el siglo XVI y XVII  fueron el infanticidio y la brujería, la demonización de las prácticas autónomas de las mujeres referidas a su trabajo (curanderas, costureras, prostitutas), las prácticas anticonceptivas ancestrales y los comportamientos rebeldes. Se moldeó una mujer sumisa a través de torturas y castigos ejemplificadores como los ocurridos en la cacería de brujas y en el proceso de colonización de América, en el que las mujeres fueron silenciadas a raíz de su resistencia. 

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Hoy, necesitamos el derecho al aborto, esa batalla final para transformar el lugar de tutelaje de la mujer frente a los hombres y al Estado. Nuestras luchas tienen una impronta múltiple en el tiempo, en la cual los discursos avanzan, se imponen y superponen dejando huellas en la historia a través de instituciones, leyes y políticas en la búsqueda de legitimidad social. 

*Docente IDAES Unsam.